Ernst Haffner - Hermanos de Sangre

by - octubre 18, 2021


Entre los miles de libros que fueron condenados a la hoguera por los nazis en 1933 se encontraba una pequeña novela publicada apenas un año antes bajo el título Jugend auf der Landstrasse Berlin, de cuyo autor, Ernst Haffner, solo se sabe hoy que trabajó como asistente social y desapareció tras presentarse junto a su editor –Bruno Cassirer- ante la Cámara de Escritores del Reich.

Entender por qué este libro, escrito por un alemán, siguió el mismo derrotero que las obras judías o comunistas, implica reconocer que la quema de libros tuvo un interés de purificación tanto exterior como interior de Alemania y que, entre las proclamas que animaron dicha acción, una rechazaba directamente el pensamiento decadente: “Gegen Dekadenz und moralischen Zerfall”.

Efectivamente, Haffner debió suponer una muestra de aquel espíritu antialemán –undeutschen Geist- que era el blanco general de la censura, aunque no por promover una crítica ideologizada –pues, incluso, las reseñas de aquella época destacan la imparcialidad de su obra-, sino por revelar un panorama degradante de la República de Weimar.

Como una acotación narrativa, el mismo Haffner precisó esta idea: “Hacen falta estudios exhaustivos para acceder a esas personas que malviven tal vez durante toda su existencia en breves lapsos de libertad, largos años de prisión, la huida constante de la ley y…, cayendo, tras gozar de unos pocos días de alegría, en privaciones aún mayores”. Y, como el autor se refería especialmente a los jóvenes, es decir, al baluarte de los nacionalsocialistas, el retrato de su mendicidad y corrupción fue duramente reprobado.

Sucede que Haffner elaboró un punto de comunicación entre la vida criminal y esa geografía de la clandestinidad que se dibuja en otras obras como Professor Unrat (1905) o Berlín Alexanderplatz (1929); esto, apropiándose de un lenguaje directo, sin diálogos y dotado con la crudeza agobiante que producen las descripciones de la calle.

El título de la novela, sintetizado en las ediciones posteriores como Blutsbrüder Hermanos de sangre-, obedece al nombre de la pandilla que es su protagonista, ya que la obra se enfoca en la dificultad de enfrentar el “enorme y despiadado Berlín” de forma aislada o, lo que es equivalente, en la necesidad de volver a ese atavismo gregario para recibir de él los medios de supervivencia: “Siendo dos, las cosas cambian –escribe el autor-. Entonces las noches no se hacen tan largas, ni tan frías y el hambre aprieta menos”.

La pandilla es, para Haffner, un grupo de “vagabundos de la Gran Ciudad” que, a instancias de lo adverso, defiende su individualidad a través del replegamiento, y, su colectividad, por medio de la oposición social y la proyección cada vez más radical hacia la delincuencia.

Huelga decir que la novela de Haffner no se limita a elaborar un cuadro de conjunto; por el contrario, permite también rastrear perfiles personales. Así, están, entre otros, el de Fred –el joven que huye de casa-, el de Ludwig –el adolescente de las correccionales-, el de Willi Kludas –el temerario que llega a Berlín- o el de Jonny –el cabecilla obstinado-, todos ellos entrecruzados porque coinciden en un destino que no se escoge, pero los sume por igual en el miedo y la incertidumbre.

Alrededor de este centro narrativo orbitan los grandes temas de la novela: el efecto negativo de los reformatorios, descritos como centros de constreñimiento y enajenación; la ausencia de empatía entre los sectores sociales debido a los prejuicios; y la corrupción que pulula en los representantes del Estado: policías, jueces, instructores y demás burócratas.

Así mismo, hay otros tópicos sobre los cuales descansan reflexiones filosóficas. A Haffner le interesa, por ejemplo, el problema de la errancia, ese continuo movimiento por la ciudad de quien no tiene un lugar propio; el sentimiento de abandono que surge de la disgregación familiar (a raíz de la guerra o la muerte) y; en general, el desarraigo, la convicción de no hallar a alguien semejante, salvo entre los desfavorecidos, lo cual agudiza la sensación de vivir a la deriva.

La exigencia de enfrentar estas situaciones que, paralelamente, hablan de un afuera feroz y un interior amargo, conduce a la exploración de los mecanismos de supervivencia: en primer lugar, la prostitución, un asunto que Haffner asocia usualmente con el homosexualismo; el robo, que va perfilándose a cada paso de forma más organizada; la búsqueda permanente de refugios –los inquilinatos, los cafés, los recovecos- y; por último, los negocios furtivos –como la venta de ropa, los empeños, los tratos con polizones, etcétera-.

De esta manera, leer Hermanos de sangre es atestiguar el choque entre un acoso inmisericorde y el ansia de vida –“ir como un hombre libre por las calles encendidas de resplandores cambiantes”-. Solo que, como esta tensión desemboca siempre en el fracaso de la fuerza propia, en el libro abundan las escenas sobre el hambre, la calle, la huida, el encarcelamiento y, en no pocas ocasiones, la muerte.

Y este planteamiento se exhibe también en el plano espacial de la novela: hay una gran distancia entre la vida miserable y truculenta de la Alexanderplatz y la existencia lujosa del Berlín occidental, ese que empieza con las luces de la Tauentzienstrasse. En las descripciones que hace Haffner de quienes habitan esos lugares hay toda una sublimación de esa sociedad escindida precisamente el aspecto que los nazis consideraron degradante-: por un lado, el Berlinés lejano, frívolo, que no se entera de lo que pasa a unos cuantos metros de él y, por otro, el decadente, pobre, para quien cada nuevo día arriba sin más expectativa que la de poder sobrevivir hasta la noche.

HAFFNER, E. (2015) Hermanos de sangre. Bogotá: Seix Barral.
KIRCHNER, E. (1915) Das Soldatenbad.

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1 comentarios

  1. Voy a intentar conseguir la novela. Tus líneas crearon este interés. Gracias.

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