Georg Trakl - Sebastián en Sueño

by - octubre 11, 2021


Ludwig Wittgenstein afirmó sobre Trakl lo siguiente: “Yo no llego a entender su poesía, pero su lenguaje me deslumbra y es la mejor idea que tengo de lo que es un genio”. Un juicio, sin duda, paradójico, aunque también oportuno si con él quiere explicarse el hermetismo de este poeta y la fascinación que produce el abismo de sus imágenes.

Como las pinturas de Kokoschka, la poesía de Trakl posee la rareza expresionista: su sentido es confuso por la permanente asolación de los hipérbatos, por el modo en que se yuxtaponen los planos –el sueño, el recuerdo, la visión- y por la manía de dibujar las mismas ideas hasta que el empeño de acentuar desemboca, contrariamente, en la alteración de la imagen.

Toda la obra poética de Trakl se repliega así, de suerte que resulta difícil adentrarse en ella, incluso, estando formalmente vertida en moldes tradicionales y permeada de lugares comunes como el del simbolismo –en su gusto por lo lóbrego y lo nauseabundo- o el de la poesía bucólica –en lo que concierne a su mirada sobre el paisaje-.

Un ejemplo de ese carácter cerrado, casi esotérico se encuentra en Sebastian im Traum (1915), obra póstuma que recoge cincuenta poemas en los que Trakl encarna lo que Nietzsche denominó en La gaya ciencia las modalidades primarias de la poesía, es decir, el canto mágico y el conjuro –Zauberlied und Besprechung-.

Las claves de este oficiamiento (en el que el poeta sigue a Hölderlin y los griegos) parecen enunciadas en el epílogo Sueño y entenebrecimiento, donde Trakl concibe la poesía como un conjuro para estar de nuevo frente a las imágenes de su niñez, especialmente las asociadas a su hermana Gretl y, para ello, dispone los recursos propiciatorios del lenguaje, las formas, los lugares y las sensaciones.

Como la época que se despierta ya ha sido clausurada por el tiempo –la marcha de Salzburgo, el extravío en las drogas, el matrimonio de su hermana, etcétera-, la evocación de Trakl convierte la figura de Gretl en un δαίμων capaz de revivir el pasado: “Como meditando ardientemente al río otoñal –dice Trakl- descendió bajo desnudos árboles, se le apareció en manto sedeño un flamante demon, la hermana”. Se trata de una presencia fundamentalmente platónica que cumple con las funciones descritas en El banquete, esto es, ser intermediaria entre lo divino y lo terrenal, entre lo vivo y lo muerto, movilizar las artes adivinatorias, revelar los misterios de la vigilia o el sueño y guiar al hombre en la progresiva aceptación de su muerte.

La idea del δαίμων implica, paralelamente, la transfiguración del propio Trakl en su intérprete, en un δαιμόνιοϛ que escucha el lenguaje de la revelación y, así, en la primera versión de A Ángela, aclara: “El poeta es sacerdote de toda esta belleza”. En este sentido, el conjuro poético es un trasegar que actualiza el pasado –Trakl escribe en un presente casi apodíctico-, mientras el yo poético se desdobla para atestiguarlo en las formas iniciadas de Elis o el propio Sebastián.

Como sucede en la teoría platónica, en la que el δαίμων es un ser que enlaza, que comunica lo que existe, en los poemas de Trakl un primer rasgo de lo revivido es la compenetración de sus elementos. “El alma cantó la muerte, la verde putrefacción de la carne / y era el susurro del bosque, la queja fervorosa de las fieras”, se lee en A un muerto prematuro, y en Noche de invierno: “¡Oh, la pétrea colina! Dulcemente se funde olvidado el cuerpo frío en la nieve argéntea”.

Pero, la hermana no revela únicamente esta comunión, en Sebastián en sueño ella misma es una obsesión, por ello abundan las alusiones de Trakl a sus juegos secretos –la declaración velada del incesto-, el vacío que deja el fin de su cercanía y la condena de no poder ver más que a través de esa experiencia: “Oh, morar en la calma del jardín crepuscular, cuando los ojos de la hermana se han abierto redondos y oscuros en el hermano”.

En el culto extrañísimo con que Trakl rehace la infancia su relación con Gretl muestra la marca de una estirpe condenada. En un poema de otro tiempo dirá: “La hermana, amor oscuro de una estirpe salvaje, a quien raudo huye el día en sus ruedas de oro”; pero ya en este poemario la improcedencia de aquel vínculo que ha roto la pureza fraternal o que, en todo caso, se ha abocado a una especie menos común de la pureza, pesa como una destino que hace ver todo, al mismo tiempo, redentor y condenatorio. Por esta razón, Sebastián en sueño es también el irrumpir en un espacio frustrado, “recuerdo de leyendas narradas”, de “inclinaciones ante el mármol de los antepasados”, de “sagas melodías” y “ángeles extintos”, época de la cual no subsistirá nada, porque su propia belleza es destructiva.

En los poemas en los que Trakl despierta por un segundo del hechizo de la niñez se acentúa esta imposibilidad de retornar al seno del vínculo vivido. Hay un arrojamiento a la soledad del presente y, en consecuencia, el poeta se llamará “el apátrida”, hablará de su “solitaria vuelta al hogar” e, incluso, en algún fragmento lejano se verá como “el que no tiene hogar y de nuevo camina por musgosos bosques”.

Quien acepta adentrarse en la evocación de Trakl no alcanza, con todo, a penetrar en el férreo círculo de su lenguaje; solo se queda con su color abisal y el contraste que exhiben sus imágenes: la exultación de la niñez –preñada de rocas, frondas, crepúsculos y montañas- y la transfiguración de ese paisaje merced al tiempo: “La tierra es dura, amargo sabe el aire. Tus estrellas se cierran en signos nefastos”.

La poesía de Trakl es, desde esta óptica, un esfuerzo por remontarse, por convertirse en mirada –“un mirar es el hombre”-, pero esa imagen conjurada que se ve al pararse de nuevo frente al pasado trae por igual la felicidad y la angustia, dejará una punta espinosa que no abandonará el cuerpo y arruinará la hora presente: “Oh, la amarga hora del ocaso, cuando un pétreo rostro en las negras aguas miramos”.

TRAKL, G. (2020) Poesía completa. Madrid: Trotta.
KOKOSCHKA, O. (1921) Selbstbildnis mit Puppe.

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