Heinrich Böll - Opiniones de un Payaso

by - enero 25, 2026


Opiniones de un payaso (1963) es una de las obras más conocidas de Heinrich Böll e, indudablemente, en ella resuena la apreciación que del conjunto de su obra hicieron los jueces que le concedieron al autor el Premio Nobel: “Una escritura que, mediante la combinación de una amplia perspectiva sobre su tiempo y una sensible habilidad en la caracterización, contribuye a la renovación de la literatura alemana”.

La novela, en efecto, aunque concentra parte de su narración en seguir los pormenores del regreso a Bonn de Hans Schnier, un payaso condenado a la decadencia artística, se alimenta también de numerosos raccontos que facilitan distinguir, tanto los motivos que condujeron a la crisis personal de Schnier como toda una serie de asuntos relacionados con la Alemania de su tiempo.

Böll alcanza así, por un lado, una “sensible caracterización” del hundimiento, especialmente en el modo como perfila la soledad de Schnier con todos sus tormentos y figuraciones; pero, además, captura la imagen más general de su época a través del abordaje de problemas que le son medulares como la guerra, el nazismo, la religión, etcétera.

La familia constituye, dentro de la obra, uno de los espacios de convergencia que se dan entre estas dos líneas, toda vez que el relato de Schnier permite ver retrospectivamente los engaños, las diferencias y las imposiciones que se tejen en la intimidad del hogar y, al mismo tiempo, descubrir que a ellas subyacen las afinidades o desencuentros que se generan a raíz de los discursos sociopolíticos de entonces. La hermana de Schnier –Henriette–, por ejemplo, ha desaparecido en Leverkusen tras unirse a las juventudes hitlerianas; Leo, su hermano, se ha entregado bien pronto a la vida monacal; la madre del protagonista es una simpatizante del nazismo; y, finalmente, su padre, parece embebido enteramente por el discurso del progreso y la falsedad moral.

Otro de los centros sobre los que descansa la novela es la guerra. Si bien es cierto que esta prescinde de las descripciones directas, sí se detiene a explorar la transigencia que muchos alemanes mostraron durante el conflicto, cómo sus inclinaciones permitieron el cultivo de las ideologías y, por supuesto, la manera en que se preservan los sesgos radicales muchos años después.

Ahora bien, más que la familia y la guerra, aquello que con mayor frecuencia utiliza Böll para dibujar su época y las sensibilidades que esta teje es la figura de Marie Züpfner, aquella mujer católica con la que Schnier sostiene una compleja relación amorosa que inicia cuando ambos son aún adolescentes y termina en el momento en el que la presión del círculo al que ella pertenece consigue que lo abandone.

El libro reconstruye la historia de Marie y Hans contrastando sus impases –el ateísmo del protagonista, los continuos abortos, los apuros económicos– con los más nobles sentimientos de amor que existen entre ellos. Esto permite que en el lector vaya ganando fuerza el presentimiento de que, a pesar de las dificultades con las que tropieza, esa relación podría mantenerse si se encauzara por los terrenos de la naturaleza y no se dejara imponer los dogmas con que los amigos católicos de Marie la amurallan.

Opiniones de un payaso elabora una crítica feroz a este respecto, pues señala cómo la monogamia de Schnier y Marie, su sinceridad y ternura en el amor, no son suficientes para aquellos instigadores –Fredebeul, Kinkel, Sommerwild– que solapan en su aparente bondad toda clase de defectos: hipocresía, hermetismo, manipulación, perjurio, inflexibilidad.

Si, dentro de las copiosas impresiones que comparte Schnier, las más dolorosas son las que tienen que ver con Marie, se debe justamente a que la ausencia de ella se traduce para él en la pérdida del más importante punto de apoyo, el advenimiento del horror vacui, la rabia de saberse robado y la certeza de vivir sobrevolando los fantasmas que ahora se ciernen sobre las cosas.

En buena medida este desmoronamiento es el que conduce al desplome artístico con el que abre la novela. La vida después de Marie convierte a Schnier en un payaso mecánico, empobrecido, que extravía cada vez más los límites entre la actuación y la realidad. La impresión suya ante el espejo o sobre las tablas del escenario se torna monstruosa y el mismo argumento de los números que representa son ya indicios de ello: un hombre que confunde la llegada con la partida, otro más que abre puertas con una llave que está derritiéndose.

Acaso pueda hablarse de algún tipo de condición de dependencia o quizá simplemente resulta arduo concebir la vida por fuera del amor. De lo que no cabe duda es de que ninguno de esos intentos que emprende Schnier para disciplinarse y mitigar su dolor parecen exitosos. Su caso es el de una caída en picada, con todo lo triste y ridículo que esto tiene: el rechazo de quienes podrían socorrerlo, el decaimiento corporal, la imposibilidad del reposo, la agresividad, la lucha contra la renuncia y ese acto aun más irrisorio de la autocompasión.

Por supuesto, Böll consigue que su personaje sea algo así como una metáfora del hombre cotidiano: ese mismo que transita por las calles replicado, acosado por las deudas, sin acabar de entender nunca las razones de esta cosa o la otra, pero incapaz de limitarse, lleno de resentimientos y siempre jugando el papel de las circunstancias hasta encontrar entre tantas máscaras alguna redención.

Hans Schnier es la imagen del hombre que pasa sus días "coleccionando momentos" y, más tarde, ya no puede desprenderse de ellos, puesto que se han arraigado; quedan rehaciéndose infinitamente en su vida en esa forma fatal del ritual que es el recuerdo. Parece ser que esta es la zona en la que payaso y hombre desvisten sus diferencias para lucir un solo traje y, por ello, tienen tanto valor las palabras que Schnier se atreve a confesarse un día: “Nunca conseguí representar lo humano sin caer en una espantosa ramplonería”.

BÖLL, H. (1968) Opiniones de un payaso. Barcelona: Círculo de Lectores.
HOPPER, E. (1914) Soir Bleu.

You May Also Like

0 comentarios