AUTOR: Anthony Burgess
TÍTULO: La Naranja Mecánica
EDITORIAL: Planeta Booket
AÑO: 2015
PÁGINAS: 201
TRADUCCIÓN: Aníbal Leal/Ana Quijada
RANK: 10/10



Por Alejandro Jiménez
Aunque son muchos los estudios que desde el psicoanálisis se han planteado para interpretar La Naranja MecánicaA Clockwork Orange- (1962), hay todavía un elemento que, a mi parecer, se encuentra descuidado, aun cuando este podría aportar una proyección interesante sobre la obra. Estoy refiriéndome al sueño, y quisiera apuntar que este olvido parece comprensible en la medida en que buena parte del público que conoce la historia ha accedido a ella, no a través de la fuente directa de Burgess, sino atendiendo la mediación cinematográfica de Stanley Kubrick, quien apenas ofreció en su película –por lo demás, magistral- un tratamiento supletorio del asunto.

No cabe duda de que La Naranja Mecánica posee una firme urdimbre psicológica: la sola indagación de los motivos que conducen a la ultra-violencia representa una prueba de ello, así como el famoso método correctivo de su protagonista, la técnica Ludovico, que asocia el malestar fisiológico al bloqueo de ciertos impulsos inconscientes. Desde esta perspectiva, justamente, el sueño y los elementos que dan forma a su significación, arrojan pistas que permiten aproximarse más cabalmente al universo mental de Alexander DeLarge y reconocer, en general, algunas articulaciones que plantea la novela entre ese universo y las acciones que lo acompañan.

Me propongo trabajar, pues, en esta dirección, buscando sustentar una tesis que podría expresarse del siguiente modo: el sueño constituye en La Naranja Mecánica un elemento de doble proyección, formal y temática. Formal, en tanto que Burgess utiliza los sueños como estrategias narrativas de prospección, esto es, como prolepsis; y, temática, porque los sueños facilitan la comprensión de la manera en la que se sintetizan las experiencias cotidianas del protagonista con el flujo de sus contenidos mentales.

Me interesa profundizar, ante todo, en lo que concierne a esto último, de manera que al uso de los sueños como anacronías dedicaré una parte mínima del escrito, la cual ilustraré con ejemplos que dejan ver los rangos proyectivos de las prolepsis. Por su lado, el análisis de la segunda parte tendrá por base las cinco descripciones de sueños que he encontrado en la novela, más un pasaje de fantasía consciente que, por motivos de oportunidad, también he deseado incluir. El apartado teórico provendrá, en esencia, de las investigaciones sobre lo onírico desarrolladas por Freud y de algunos apuntes sobre asociación y desplazamiento elaborados por Baudouin.

El sueño como estrategia narrativa 

La Naranja Mecánica no reviste mayor complejidad en lo que respecta a su estructura narrativa. La novela reproduce la clásica forma ab ovo, ordenando sus tres partes en una secuencia perfectamente identificable: 1. La narración de los actos criminales que conducen a DeLarge a prisión; 2. La exposición de su estadía en la cárcel y su sometimiento a la técnica Ludovico, y; 3. El informe de su reinserción social con los consabidos problemas que esto genera.

Sin embargo, a pesar de la linealidad, Burgess incorpora en el relato fórmulas de intervención temporal, por medio de las cuales anticipa eventos que tendrán lugar en la vida del personaje. Una de esas fórmulas es la referencia a los sueños que, en tanto interrumpen el continuum de los acontecimientos, pueden considerarse como pausas narrativas [1], pero que, concebidos a modo de material desde el cual se colegirán después anticipaciones, responden también a la naturaleza de las anacronías.

Se sabe que para no perder la secuencia narrativa y, con ello, el sentido de lo narrado, esta clase de intervenciones debe contener una dirección y una finalidad. Lo primero parece esclarecido al afirmar que se trata de proyecciones hacia el futuro, hecho del cual deriva propiamente su nombre de prolepsis; lo segundo, esto es, su finalidad, a mi parecer, supera la simple descripción de los contenidos oníricos o de las sensaciones que estos producen, y buscan, más bien, explorar los puntos de enlace que existen entre las experiencias cotidianas del personaje y el flujo de su vida mental.

Esto último será motivo del siguiente acápite, puesto que aquí me interesa exclusivamente observar la manera en la que los sueños funcionan como prolepsis. Cabe destacar, de entrada, que los sueños enunciados en la novela divergen y no poco en su carácter: los hay claros y coherentes, pero también a veces se muestran embrollados y confusos. Las prolepsis, por regla, se desarrollan con más claridad dentro del primer grupo, del cual un buen ejemplo se halla en el primer sueño que aparece en la novela –P1/C3-, en el cual Alex se ve a sí mismo amenazado y golpeado por quienes antes fueron sus compañeros de crimen. La prospección llega a cumplirse efectivamente –P3/C2-, cuando su amigo Lerdo, un poco más viejo, como se anuncia en el sueño, y Billyboy, ahora integrados ambos al servicio policíaco, lo golpean severamente, aprovechándose de la indefensión que ha derivado en él de la técnica Ludovico. Entre el sueño y los hechos que se anticipan hay un espacio de un poco más de dos años, es decir, los que separan al Alex quinceañero que en compañía de sus drugos incurre en todo género de delitos y el de diecisiete que ha acabado de salir del reformatorio del doctor Brodsky.

Como se ve, la prolepsis tiene un amplio rango temporal, además de un profundo sentido simbólico, puesto que anticipa la inversión de las relaciones de poder que existen al interior de su pandilla cuando Alex tiene el sueño. Ciertamente, la prolepsis resulta inexacta en un punto: el papel protagónico que tiene en la anticipación el drugo Georgie. Sin embargo, esto no representa un inconveniente, puesto que justamente al hacerse la anacronía apelando a un sueño, se permite cierta confusión y ambigüedad en su contenido. Así, aunque para la época en que se desarrollen los eventos anticipados, Georgie se encuentre ya muerto, en realidad, la prolepsis se cumple en sus puntos decisivos: la presencia de lo policíaco y la violencia recibida de quienes antes fueron, a su modo, víctimas de Alex.

El segundo sueño que aparece siguiendo el orden de la novela –P1/C5- posee esta misma dinámica. Sueña aquí el padre de Alex que su hijo está tirado en la calle, cubierto de sangre, mientras sus antiguos amigos lo golpean sin que este pueda defenderse. El sueño constituye una prolepsis en cuanto anticipa también la violencia que recibirá Alex de parte de quienes fueron sus drugos –P3/C3-. Su rango es, asimismo, de poco más de dos años y se cumple con rigor, incluso, en aquellos elementos que parecen más puntuales, como la calle y el charco de sangre. Por demás, que sean dos personajes los que tengan un sueño semejante, indica que, indistintamente de ellos, existe una pretensión por parte de Burgess de subrayar un evento que ocurrirá indefectiblemente, pero que desea prefigurarlo desde un lenguaje no declarativo, sino sugestivo, como es el de los sueños.

En el tercer sueño –P1/C7-, Alex imagina a su muy apreciado Beethoven ejecutando una sinfonía cuyas notas le auguran golpes y dolores; las imágenes aquí son un poco más intrincadas, pero la función prospectiva se descubre después en tanto anticipa la tortura musical con la que se le castiga al protagonista –P3/C5-. Entre estos dos puntos se ciernen también aproximadamente dos años, puesto que el sueño ocurre durante los interrogatorios que anteceden la entrada a la cárcel de Alex, y la tortura solo vendrá una vez salga de ella.

Por otra parte, finalizando la novela –P3/C6-, se encuentra la descripción de un sueño en el que Alex se imagina apaleando y violando como solía hacerlo antes de ser tratado por el doctor Brodsky. Este sueño refleja su cura frente a los bloqueos de los impulsos que había producido la técnica Ludovico y anuncia, además, su vuelta a los desmanes de la ultra-violencia –P3/C7- [2]. En el conjunto de las prolepsis, acaso se trate de la de menor rango prospectivo, ya que tiene lugar cuando Alex está por salir del hospital y lo que prefigura ocurre casi de inmediato, con la vuelta del protagonista a la vida delictiva.

Debe destacarse que ni siquiera lo intrincado de un sueño impide interpretar en él cierto horizonte prospectivo. Así ocurre en el cuarto sueño de la novela ––P2/C2- en el que el contenido manifiesto da pie a imágenes, a primera vista, absurdas: Beethoven y Handel fusionados en una figura que dirige una orquesta en la que Alex participa vergonzosamente tratando de hacer sonar un fagot que sale de su vientre. Es cierto que aquí el contenido inconsciente es, de lejos, más interesante que el propósito formal prospectivo, pero, en últimas, el hecho de que estos músicos terminen golpeando a Alex anticipa también la tortura a la que será sometido por el intelectual F. Alexander usando una sinfonía de Skadeling –P3/C5-.

Podría considerarse que el mismo Burgess en este último tipo de prolepsis reproduce el juego escurridizo de los sueños, cuyos textos crípticos, como ha dicho Eagleton, ocultan, suavizan y deforman sus significados a tal punto de requerir ser descifrados de un modo particular [3]. Si esto es así, Burgess habría incorporado en la obra prolepsis que evitan la desnaturalización de lo onírico ofreciendo un flujo inconsciente que no anticipa siempre los eventos de forma explícita, sino que, en ocasiones, simplemente los prefigura de forma simbólica. Así, por cierto, podría justificarse un estudio de los sueños dentro de la obra que partiese de las bases hermenéuticas del psicoanálisis.

El sueño como enlace entre experiencia y flujo mental

Para algunos, analizar los sueños que aparecen en una ficción novelada puede resultar inoficioso. Se trata de un asunto que el propio Freud llegó a considerar, opinando, empero, que el examen de aquellos "sueños nunca soñados" está justificado por una razón valiosa, a saber: al hacer soñar a los personajes creados por su fantasía, los autores no se conforman con la cotidiana experiencia de aquellos, es decir, con la trazada por sus pensamientos y sensibilidad, sino que también desean presentarnos la conexión de esa experiencia con los estados de su psiqué [4]. 

Tomando como propia esa justificación, me parece que el hecho de leer los sueños en clave hermenéutica abre espacios para una interpretación enriquecida de la novela. De algún modo, si Burgess decidió incluir en La Naranja Mecánica la descripción de seis sueños es porque con ello pretendía destacar cierto aspecto que, según pienso, tiene que ver con la conexión entre la cotidianidad y el inconsciente de Alexander DeLarge. Por esta misma razón, el psicoanálisis se presenta como un modo pertinente de estudio, pues ofrece referencias que facilitan adentrarse en el lenguaje de los sueños.

Para iniciar, quisiera indicar que el psicoanálisis asume el sueño como un material desde el cual se llegan a comprender, no solo los estados inconscientes en general, sino, especialmente, aquellos que se encuentran reprimidos o excluidos de alguna forma por el yo [5]. Los sueños, como afirma Eagleton, son "el camino real que conduce al inconsciente", en la medida en que son "realizaciones simbólicas de los deseos inconscientes", y, en consecuencia, detrás de la extrañeza que poseen algunas de sus imágenes, en realidad se esconden ejecuciones que deben traducirse a nuestro entendimiento siguiendo una exégesis sumamente cuidadosa [6].

En general, la teoría psicoanalítica entiende los sueños como "realizaciones de deseos, es decir, procesos primarios que siguen a experiencias de satisfacción" [7]. En otras palabras, tras todo sueño se descubre la búsqueda de una gratificación, por lo menos parcial, de algún deseo reprimido por medio de aquella fantasía que generan las imágenes oníricas. Los impulsos del ello, excluidos permanentemente en la vigilia por el yo, se hallan a tal punto gratificados durante los sueños que pierden, incluso, la urgencia que llevaría a despertar al sujeto que sueña, pues complacen a este mostrándole el deseo realizado [8]. Freud lo plantea en estos términos:

"Nuestras actividades mentales tienden a un fin útil, o bien a un inmediato beneficio placentero. En el primer caso se trata de decisiones intelectuales, de preparativos para la acción o de comunicaciones a otras personas; en el segundo, las denominamos juegos o fantasías (…) El soñar es una actividad perteneciente al segundo orden, que filogenéticamente, es en realidad más primitivo (…) Cuando el sueño se ocupa con una tarea de la existencia, la soluciona en una forma que corresponde a un deseo irracional y no de acuerdo con la reflexión sensata. Al sueño no puede atribuírsele más que un propósito útil, una sola función: la de evitar la interrupción del dormir. El sueño puede ser calificado como un trozo de fantasía puesto al servicio de la conservación del reposo" [9]

De este acercamiento surgen ya dos dificultades que iré trabajando en lo sucesivo. La primera tiene que ver con que si se califican los sueños como gratificaciones de deseos, no se explicaría cómo surgen de ellos sensaciones que parecen contrarias al placer. Ciertamente, así ocurre al propio Alex, a quien, por ejemplo, uno de sus sueños llega a producirle vómito y malestar. La segunda dificultad está relacionada con la naturaleza particular de los sueños, esto es, el modo en el que las catexias se orientan en ellos buscando la emergencia de una fantasía que conserve el reposo. 

Para proceder al análisis de los sueños se requiere, asimismo, abordar otro aspecto teórico. Los sueños tienen una serie de elementos constitutivos: el contenido manifiesto, que hace referencia, tanto a la experiencia consciente que existe mientras se sueña, como a los trozos de sueño que podemos recordar una vez despiertos; el contenido latente, relacionado con los deseos inconscientes que fluyen durante el sueño y; el trabajo del sueño, que tiene que ver con las operaciones mentales que transforman el contenido latente en manifiesto [10].

Como se ha definido el sueño indicando que se trata de una gratificación de un deseo reprimido, se entiende que el análisis de los sueños se centre en el contenido latente. Ciertamente, lo que llega a recordarse de un sueño –que, por ejemplo, en La Naranja Mecánica, se reduce a la descripción de lo soñado-, se mostrará casi siempre arbitrario o embrollado, si no se realiza un ejercicio de aproximación al flujo mental que posibilitó la imagen ahora recordada. Dicha aproximación, según Freud, no se traza, ni desde una concepción simbólica de los sueños, ni desde un método descrifrador, puesto que estas perspectivas fracasan al partir de claves a las que presuntamente se acomodan todos los sueños. El camino, por el contrario, parece tomar como eje los contenidos psíquicos del individuo y el entendimiento de las asociaciones que estos tienen con lo vivido [11]. 

Por otra parte, dentro del contenido latente de un sueño es necesario reconocer tres componentes: las impresiones sensoriales que tiene el individuo mientras duerme –por ejemplo, los sonidos de alarmas o los golpes de un guardia, en el caso de Alex-; las actividades y preocupaciones que se han tenido durante la vigilia más próxima –como pueden ser los enfrentamientos de Alex con sus drugos o la violencia recibida por parte de los policías- y; los impulsos del ello, es decir, todo aquello que usualmente se encuentra reprimido en la vigilia, y que bien puede proceder de los remotos tiempos de la infancia.

Como la asociación de estos elementos durante el sueño no se ejecuta por medio de una conciencia ordenadora, no es inusual que el resultado genere extrañeza, y su contenido sea, a primera vista, incoherente, embrollado o falto de sentido [12]. Por esto mismo, se requiere de un análisis que pueda reconstruir las asociaciones, comprenderlas a la luz de las experiencias vividas, y ahondar en la denotación de impulsos reprimidos que se tengan. 

Rastreando preliminarmente los sueños de la novela, sale a la luz que, primero, los sueños son una presencia permanente, pues aparecen en los distintos espacios por los que esta transita y, segundo, la mayoría de ellos tienen como núcleo la violencia, de suerte que esta constituya una punto de referencia ineludible para el análisis. Procedo, ahora, a la consideración individual de los sueños que aparecen en La Naranja Mecánica:

– Sueño 1, PI-C4 

"Pero yo me dejé regresar al país de los sueños, y me adormilé realmente joroschó, y tuve un snito extraño y muy real, y no sé por qué pero lo cierto es que soñé con mi drugo Georgie. En este snito era mucho más viejo y muy áspero y duro, y goboraba de disciplina y obediencia, y de que todos los málchicos que estaban bajo sus órdenes debían sometérsele sin chistar, y hacer el viejo saludo como en el ejército, y yo estaba en la línea, como los demás, diciendo sí señor y no señor, y entonces pude videar clarito que Georgie tenía esas estrellas en los plechos y que era como un general. Y luego ordenó comparecer al viejo Lerdo con un látigo, y el Lerdo era mucho más starrio y canoso, y le faltaban algunos subos, como se pudo ver cuando smecó, al videarme, y entonces mi drugo Georgie me señaló y dijo: –Ese hombre tiene roña y cala en los platis- y era cierto. Entonces me oí crichar: –No me peguen, por favor, hermanos-, y eche a correr. Corría en círculos y el Lerdo me perseguía, smecando ruidosamente y restallando el viejo látigo, y cada vez que yo recibía un tolchoco verdadero y joroschó sonaba una campanilla eléctrica muy sonora, ringringringring, y la campanilla también me hacía sufrir" (Pág. 38)

Este primer sueño se nos presenta como coherente en su contenido manifiesto, puesto que, tanto las acciones como los motivos están esclarecidos: uno de los drugos de Alex, Georgie, oficia como regente, ordenando obediencia y exhortando a Lerdo a castigar al protagonista por llevar sus ropas sucias, mientras este pide clemencia y trata de escapar de los golpes. Sin embargo, aunque la escena no revista complicación en este nivel, no se sigue de ello que su sentido esté definido. En realidad, como mencioné, ese sentido debe hallarse rastreando el contenido latente y el modo en el que allí se ejecuta la gratificación de un deseo.

Por esta razón, para desenmarañar el significado, ha de recurrirse a los elementos que convergen en el contenido latente, y, en primera instancia, a lo que antes se ha denominado "las actividades y preocupaciones de la vigilia próxima", aquello que Freud engloba bajo el concepto de lo reciente. 

En La Interpretación de los Sueños, concretamente en el capítulo referido a las fuentes de los sueños, Freud asegura que "en todo sueño puede hallarse un enlace con los acontecimientos del día inmediatamente anterior", pues estos fungen como estímulos de lo soñado, aun cuando la selección de su material no siga un principio consciente [13]. En el caso particular que estudiamos, el sueño ha reunido varios sucesos recientes e importantes: por un lado, la disputa sostenida entre Alex y sus drugos a raíz de un golpe con el que este castigó la falta de educación de Lerdo en el Bar Moloko; hecho que llevó, además, a Georgie a cuestionar la autoridad de Alex y, asimismo, a que Lerdo lo retara a pelear con cadenas o cuchillos. Por otra parte, esa misma noche, que es la que precede al sueño, Alex y sus drugos han huido de la policía en dos ocasiones, una, tras enfrentarse a la pandilla de Billyboy y, otra, después de robar una tienda.

Como se ve, varios de los insumos del sueño realmente son estimulados por las experiencias más próximas: la disputa con sus drugos se manifiesta en el sueño de Alex integrando la función punitiva de Georgie y las amenazas de Lerdo y, asimismo, la presencia policiaca, está referida en la aparición de las insignias en el pecho de Georgie y su exigencia de cumplir la ley. Ahora bien, lo que no parece claro es qué tipo de impulso inconsciente ha quedado gratificado aquí, pues la fantasía del sueño parece, más bien, generar angustia que placer en Alex.

Comprender esto reviste cierta dificultad porque implica reconocer algunos de los procesos con los que el trabajo del sueño traduce el flujo inconsciente en conciencia. Con todo, la aproximación puede partir de la siguiente indicación: "el contenido manifiesto suele ser la versión disfrazada y distorsionada de una fantasía ejecutora de un deseo, experimentada en forma predominante como imagen visual" [14]. Esto significa que, aunque el contenido manifiesto de un sueño no se muestre especialmente gratificante, en realidad, sí ha habido gratificación en el contenido latente y, más propiamente, en lo que este tiene de impulsos reprimidos, solo que la labor de disfrazamiento operada por el trabajo del sueño ha distorsionado hasta tal punto esa realización que hemos quedado con una imagen, incluso, contraria a la del placer.

En La Interpretación de los Sueños, Freud dedica todo un capítulo a esa deformación onírica, indicando que es fácil sustraerse de la idea de que los sueños angustiosos o las pesadillas sean formas contrarias a la gratificación, toda vez que al psicoanálisis no le interesan los contenidos manifiestos de los sueños, sino los latentes, es decir, no aquello que puede recordarse como penoso, sino lo que se gestó en su trasfondo inconsciente. En términos prácticos, aunque lo que refiera Alex en este sueño pueda a él mismo sorprenderle y causarle angustia, no por ello ha dejado de elaborar en su plano latente una imagen gratificante de su deseo, el cual, ciertamente, se relaciona con el placer que deviene de la violencia. En otras palabras, su deseo ha sido traducido de forma inversa por el trabajo del sueño, de suerte que, aunque el contenido manifiesto se revele angustioso, en lo latente la realización del impulso –en este caso, hacia la violencia- ha quedado satisfecha.

Debe tenerse en cuenta que esto es posible en la medida en que el trabajo del sueño, primero, traduce al lenguaje consciente las asociaciones arbitrarias establecidas en el contenido latente del sueño y, segundo, incluye operaciones defensivas del yo que funcionan como censores oníricos que le permiten a la conciencia mantener un mínimo control sobre los impulsos inconscientes [15]. En el caso que nos atañe, esto quiere decir que lo que recuerda haber soñado Alex ha atravesado un doble proceso: de un lado, una traducción que disfraza lo realmente vivido como sueño latente y, de otro, una censura onírica que produjo la inversión de las relaciones que hay en el sueño con el propósito de que la conciencia pudiese soportar el flujo de violencia inconsciente.

– Sueño 2, PI-C5 

"–A veces me preocupo. A veces tengo sueños. Puedes reírte si quieres, pero hay mucho de verdad en los sueños. Anoche soñé contigo, y la verdad que no me gustó nada (…) Era muy claro. Te vi tirado en la calle, y los otros muchachos te habían pegado. Eran como los muchachos con quienes andabas antes de que te enviaran a la última correccional (…) Y estabas como impotente en un charco de sangre y no podías contestar los golpes" (Págs. 51-52) 

Este segundo sueño es particular en la medida en que es el único vivido por alguien distinto al protagonista. Antes mencioné que lo descrito en él –es decir, lo que ahora calificamos de contenido manifiesto-, posee cierta semejanza con el primer sueño de Alex, dado que ambos anticipan la violencia que él recibirá en los primeros capítulos de la tercera parte. Ahora bien, aunque el sueño coincida en este aspecto, el modo como se configura su contenido latente sigue una dinámica distinta.

De entrada, lo que hay en él de material reciente corresponde a la experiencia del padre. El relato de Burgess no deja ver mucho al respecto; sin embargo, es evidente por algunos diálogos que el padre de Alex siente inquietud por lo que se oculta tras el trabajo que dice cumplir su hijo por las noches y, además, por el peligro que acecha en la calle, justamente debido a los delitos juveniles. Estos dos elementos empalman a la perfección con el flujo inconsciente del padre, pues, el primero, es decir, su intranquilidad cotidiana, se trasluce en la sensación de malestar que le genera el sueño y, el segundo, o sea, el temor al peligro, se recoge en la aparición de los compañeros de Alex como ejecutores del castigo.

Podría afirmarse que el contenido latente del sueño refleja la intranquilidad y los temores que el padre de Alex reprime manifiestamente en su vida consciente, bien, porque no considera adecuada la desconfianza frente a las actividades de su hijo –de las cuales, por lo demás, saca él mismo provecho-, o bien, porque iría en contra de su deber paternal el anhelo del mal para su hijo. No obstante, entonces, queda por descubrir qué tipo de deseo encuentra gratificación en el sueño.

Freud sostiene algo sumamente interesante aquí. Según explica, las imágenes oníricas que presentan a parientes cercanos se remontan especialmente a los primeros años de nuestra vida y denotan, por lo general, deseos reprimidos desde entonces. Así, por ejemplo, los sueños en los que aparece representada la muerte de un pariente, con el consabido sentimiento doloroso que provocan, poseen, en realidad, un significado inverso: "su sentido es, en efecto, el que aparece manifiesto en su contenido, o sea el deseo de que muera la persona a la que se refieren" [16].

Esto no significa, por supuesto, en nuestro caso, que el padre de Alex desee en la actualidad la muerte de su hijo y que, aunque en la vigilia permanezca excluido ese impulso, en el sueño llegue a realizarse. Quiere decir, más bien, que, o se generó en el pasado una catexia de esta clase, o –y esta parece una tesis plausible- los sucesivos sinsabores que ha traído a la familia el comportamiento de Alex –las correccionales, la vergüenza social, la culpa, etcétera- progresivamente han dado forma en el inconsciente a un impulso cuyo placer consistiría en la desaparición del hijo "rebelde".

Esto estaría en plena consonancia con lo que el mismo Freud entiende por inversión, puesto que la transformación de un elemento en su contrario es uno de los medios de representación que el sueño emplea con mayor frecuencia para dar cuerpo a la realización de deseos que surgen en las ideas latentes [17]. Como se dijo antes, que el sueño sea un espacio privilegiado para el flujo inconsciente, no implica que no exista un trabajo de sueño que traduzca el impulso a una forma manifiesta, y tampoco que las defensas de la conciencia y los censores oníricos no disfracen el placer del deseo para presentarlo de forma menos culpabilizadora en el contenido latente.

– Sueño 3, PI-C7 

"Hermanos míos, me tendí sobre la cama vonosa, y me hundí en un sueño muy fatigado, agotado y doloroso. Pero no fue un verdadero sueño, era como meterse en otro mundo mejor. Y en ese mundo mejor, oh hermanos míos, yo estaba en un campo de flores y árboles, y se veía un macho cabrío con litso de hombre y tocaba una especie de flauta. Y entonces apareció el propio Ludwig van, con el litso rugiente, la corbata suelta y el boloso desordenado y áspero, y entonces oí la Novena, último movimiento, con los slovos un poco cambiados, como si ellos mismos supieran que debían ser distintos ya que se trataba de un sueño: ‘muchacho, rugiente tiburón del paraíso / azote del Elíseo / corazones de fuego, transportados, extáticos / te tolchocaremos en la rota y patearemos / el culo grasño y vonoso’. Pero la melodía estaba bien, como lo supe cuando me despertaron dos o diez minutos o veinte horas o días o años después, pues me habían quitado el reloj" (Págs. 74-75)

Al margen del psicoanálisis, este tercer sueño ofrece una serie de referencias simbólicas que por sí mismas serían suficientes para proponer una interpretación. En efecto, la alusión al dios Pan contiene ya numerosas connotaciones: su siringa se vincula connaturalmente al embrujo de la música y, en el caso de Alex, al poder vivificador que encuentra en las composiciones clásicas; asimismo, Pan representa la potencia sexual, y esta cualidad también es propia de Alex, cuya libido irradia permanentemente su vida; por último, la mención del Elíseo justifica la condena del protagonista, pues si antes fue el azote de la justicia y la tranquilidad, en lo sucesivo será él quien reciba los golpes.

Empero, más allá de estas indicaciones mitológicas, el sueño permite ser abordado en el sentido que vengo trabajando. Como los otros sueños, en la base de su contenido latente se encuentran varias experiencias recientes. De hecho, la noche del sueño coincide con los interrogatorios que se hacen a Alex, tras ser capturado; durante los mismos, él ha sido golpeado por los policías, y humillado, a su vez, por su consejero poscorrecional. Así, pues, está claro que es esta experiencia la que converge en el sueño como impresión más reciente.

Por su parte, lo que hay en lo soñado de flujo inconsciente se relaciona nuevamente con el deseo de violencia. Si se sigue el contenido manifiesto pronto se hace evidente que las imágenes son enrevesadas, pero que, a fin de cuentas, su acción desemboca en una amenaza de castigo. Que sea Alex quien aparezca allí como condenado y que esto, incluso, pueda llegar a generarle angustia, significa otra vez que es necesario apartarse de la descripción literal para indagar en el contenido latente y en el trabajo del sueño el cómo se operó esta nueva inversión de lo que debería ser una gratificación del deseo de violencia.

Este sueño parece coincidir con aquella segunda clase de sueños que Freud establece según la naturaleza de su realización, esto es, a la de aquellos que exteriorizan disfrazadamente un deseo reprimido [18]. Por cierto que resultaría válido discutir si la violencia es o no un deseo reprimido en Alex antes de ser tratado con la técnica Ludovico; mas, aun admitiendo que no lo sea, puesto que todas las acciones descritas en la primera parte de La Naranja Mecánica permiten verificar el disfrute pleno de la ultra-violencia por parte del protagonista, en el momento puntual en el que ocurre este sueño, las circunstancias han cambiado y, durante los interrogatorios, le ha sido imposible devolver la violencia recibida, de suerte que su deseo de golpear e imponerse ha quedado temporalmente, por lo menos, insatisfecho.

De este modo, lo que ha fluido inconscientemente es, otra vez, una catexia orientada a la violencia, que ha sido mostrada en el contenido manifiesto como inversa, pero que en el plano latente debió ofrecer alguna gratificación a Alex. Y ciertamente la violencia está allí, pero, en tanto la impresión del día resultó particularmente fuerte, el trabajo del sueño ha invertido las polaridades hasta el punto de colocar como víctima a quien tiene el impulso de victimario. Por esta razón, vale la pena subrayar que aquello que Freud denomina restos diurnos se hallan cargados fuertemente de afectividad y, resistiéndose en buena medida al reposo que implica el sueño, buscan descollar nuevamente entre los materiales que confluyen en la dimensión latente del sueño [19]. Así, en este caso particular, la violencia del interrogatorio pesa decisivamente en la configuración del sueño y el modo en que es traducido por el trabajo del sueño en contenido manifiesto.

La sensación angustiosa, aquello que lleva al propio Alex a iniciar su descripción del sueño refiriéndose a él como fatigado y doloroso debe desligarse del contenido del mismo, pues si operásemos así, como bien explica Freud, estaríamos equivocadamente asumiendo que los contenidos conscientes son equiparables a los inconscientes [20]. En otras palabras, lo que puede tener de angustioso o doloroso su sueño, en realidad procede de la interpretación consciente que hace Alex del mismo o, a lo sumo, del modo en que el trabajo del sueño lo ha traducido, pero no de su flujo inconsciente que ha sido simple gratificación del deseo de violencia.

– Sueño 4, P2-C2 

"Lo que soñé, oh hermanos míos, era que yo estaba en una orquesta muy grande, con centenares de músicos, y el director era una mezcla de Ludwig van y G. F. Handel, y parecía muy sordo y ciego y cansado del mundo. Yo estaba con los instrumentos de viento, pero lo que tocaba era como un fagot blanco y rosado, hecho de carne que me salía del ploto, justo en medio de la barriga, y cuando soplaba tenía que smecar ja ja ja muy alto, porque me hacía como cosquillas, y entonces Ludwig van G. F. se irritaba y se ponía besuño. Acercaba la rota a mi litso y me crichaba fuerte en el uco, y yo me despertaba sudando. Por supuesto, el chumchum muy alto resultó ser el timbre de la prisión que hacía brrr brrr brrr"(Pág. 92)

La imagen que propone esta descripción coincide, siguiendo nuevamente a Freud, con la de aquellos sueños que causan extrañeza, pues, aunque su acción es coherente, no se traduce con facilidad su sentido respecto de la vida psíquica de Alex [21]. La dificultad estriba en alcanzar el entendimiento de aquella figura híbrida Ludwig/Handel que se irrita ante el protagonista al punto de gritarlo violentamente. 

Podría ganarse cierta claridad al respecto haciendo notar, en primer lugar, que la aparición de Ludwig aquí constituye una reincidencia, pues en el sueño que tuvo Alex durante los interrogatorios –P1/C7- ya había aparecido esta figura en medio de cualidades igualmente violentas. Sin duda, se trata de un elemento recurrente, pero interesante no por ello, sino por el modo en el que este se invierte dentro de los procesos oníricos de DeLarge: el placer que representó para él la música clásica mientras estuvo en libertad, se transforma en una fuerza restrictiva ahora que es prisionero.

El contenido manifiesto del sueño muestra que Alex se concibe a sí mismo como parte de un colectivo –el de los condenados- ante quien se alza una práctica estricta de vigilancia –la de los carceleros-, pero es solo explorando su nivel latente que logra explicarse la inversión que ha convertido precisamente lo que producía en Alex más placer en aquello que ahora lo tortura.

Lo que ha posibilitado semejante situación parece ser, primero, que en Alex ha tenido lugar un proceso onírico de unificación. Baudouin explica que “varias personas pueden amalgamarse en el sueño en una sola, como consecuencia de cierta impresión común que nos han producido, (o de la) significación idéntica que tienen para nosotros” [22]. Ciertamente, para Alex, tanto las impresiones como la significación de Beethoven y Handel, son similares y, en consecuencia, se encuentran inconscientemente asociadas, de forma tal que en el flujo concreto de lo onírico que hubo en este sueño, se muestran consustancialmente vinculadas.

En segundo lugar, la configuración de este sueño obedece a efectos de desplazamiento o transformación que convirtieron las impresiones placenteras asociadas a la música en lo contrario. Una prueba de que hay cierto proceso de desplazamiento con estas características se halla en la presencia del fagot, pues de estar asociado a la música clásica y, por tanto, a lo que solía ser fuente de placer para Alex, pasa a estar relacionado en el sueño con aquello que despierta la agresividad de su represor. Dicho de otro modo, bajo las condiciones de sometimiento de la prisión, se opera en el sueño un desplazamiento que convierte los referentes hedonistas anteriores en causas actuales de censura.

– Sueño 5, P2-C5 

"Cuando me quedé dormido, oh hermanos míos, tuve una pesadilla, y como todos se imaginarán soñé con una de esas escenas de película que yo había visto a la tarde. Un sueño o una pesadilla es en realidad una película dentro de la golová, excepto que entonces parece que uno puede caminar y participar en todo. Y eso es lo que me ocurrió. Era la pesadilla de una de las películas que me habían mostrado al final de la tarde, acerca de los málchicos smecantes que le hacían la ultra-violencia a una joven ptitsa, y la ptitsa crichaba mientras le salía el crobo rojo rojo, con todos los platis rasreceados realmente joroschó. Yo participaba de la vesche, smecando y siendo el líder de todo, vestido a la última moda nadsat. Pero en lo mejor de la dratsada y los tolchocos me sentí como paralizado y quise vomitar, y todos los demás málchicos smecaron realmente gronco. De modo que dratsé para volver a despertar, chapoteando en mi propio crobo, y había litros y galones, y al final me encontré en este dormitorio, en la cama" (Págs. 113-114)

De entrada, lo interesante de este sueño –aunque es algo ya evidente en el anterior-, tiene que ver con los efectos fisiológicos que produce. En buena medida, estos deben asociarse con la técnica Ludovico a la que DeLarge se somete durante su estadía en el reformatorio y que, como se sabe, consiste no solo en la exposición a imágenes violentas, sino también al uso de químicos que le son inyectados. Los sueños de esta etapa son especialmente repulsivos y generan vómito, sudoración y náuseas, efectos que, una vez haya concluido el tratamiento, se convertirán en la respuesta inevitable a los impulsos violentos que sienta Alex, incluso durante la vigilia.

La dirección fisiológica que acompaña este sueño encuentra una posible explicación si tenemos en cuenta que lo soñado refleja un deseo surgido durante el día, pero rechazado e insatisfecho [23]. La descripción señala justamente que lo soñado posee un vínculo estrecho con los videos que le fueron mostrados a Alex ese día y que, por acción de las drogas y el estar maniatado, no generaron placer, sino rechazo. Esto significa que el impacto frustrante de lo visto reprimió el deseo de violencia, multiplicando su potencia hasta el punto de desembocar en respuestas, ya no exclusivamente mentales, sino también fisiológicas.

Por demás, se trata de un sueño en el que se vislumbra una importante carga sexual, hecho que podría indicarse para acentuar su énfasis fisiológico. Como explica Freud, “ningún instinto ha tenido que soportar, desde la infancia, tantas represiones como el sexual en todos sus numerosos componentes, y de ningún otro perdurarán tantos y tan intensos deseos inconscientes” [24]. De este modo, la técnica Ludovico está teniendo efectos aquí sobre un impulso predominante en Alex, en tanto hombre, y, más radicalmente, en tanto individuo concreto, pues el tratamiento se muestra particularmente represivo de aquel impulso hacia la violación y la sexualidad abierta que Alex experimentó mientras estuvo libre.

Siguiendo esta orientación podría afirmarse aún una cosa más: la búsqueda de placer, en estados normales, se ejecuta en los sueños sin ninguna clase de restricción, de suerte que sea normal la existencia de un flujo predominante de lo prohibido [25]. Lastimosamente para DeLarge, la técnica Ludovico censura y reprime el deseo violento incluso dentro del espacio onírico, de manera que, al contrario de los otros sueños en los que, a pesar de la existencia de contenidos contradictorios, puede experimentar el placer merced a procesos de desplazamiento o disfrazamiento, en este sueño puntual, la experiencia sí resulta traumática. Piénsese que, además, esto no contradice la idea expuesta más arriba según la cual todo sueño se explica como una búsqueda de satisfacer un placer, porque inicialmente el flujo del sueño tiene esa orientación, solo que tropieza inmediatamente con los efectos externos que ha traido para Alex el tratamiento.

Es factible que este sueño de Alex se acerque más a la naturaleza de las pesadillas, toda vez que la imposibilidad en él de que haya ese flujo “libre” que configure el contenido latente –y con él una experiencia de placer-, equivale, en cierto sentido, a una exacerbación del yo, es decir, de la conciencia, que reacciona violentamente ante un contenido que está más allá de lo que puede tolerar [26]. Una interpretación aceptable de la técnica Ludovico sería, entonces, la de un tratamiento que busca ampliar el rango de actuación del yo para reprimir los contenidos inconscientes que llevan a actuar con violencia; una censura que, por otra parte, tendría como consecuencias inevitables: la imposibilidad de responder instintivamente en ciertos ámbitos y la consolidación de una conciencia, paradójicamente, no libre.

– Sueño 6, P3-C6 

"Y yo también me fui, pero de regreso a mi mundo, a la oscuridad total que se interrumpía únicamente con sueños raros que yo no sabía si eran sueños o no, oh hermanos míos. Por ejemplo, se me ocurrió que todo mi cuerpo o ploto se vaciaba de algo que era como agua sucia, y que después lo llenaban con agua limpia. Y después tenía sueños realmente hermosos y joroschós, y estaba en el auto de un veco que yo había crastado, y recorría el mundo odinoco, atropellando liudos y oyéndolos crichar que se morían, y yo no sentía náuseas ni dolor. Y también otros sueños en que les hacía el viejo unodós a las débochcas, obligándolas a tirarse en el suelo y que me la aguantaran bien, y todos alrededor mirando, golpeando las rucas y vivando como besuños" (Pág. 176)

Este sueño constituye el opuesto perfecto del anterior, pues todo aquello que en aquel se encontraba censurado y reprimido aquí vuelve a aflorar libremente. Por ello, lo primero que debe destacarse es que este tiene lugar en el hospital, después de que Alexander DeLarge ha salido del reformatorio y ha atravesado toda esa serie de penalidades que devienen de su imposibilidad para responder la violencia con que la sociedad lo recibe de vuelta. El boom mediático que produce su indefensión le permite pasar de ser el modelo de ciudadano redimido por el gobierno a una víctima que necesita ser rescatada de los efectos de una técnica inhumana.

Así pues, lo primero que sorprende al propio Alex en el relato de su sueño es el poder ver satisfechos sus deseos de ultra-violencia sin sentir ninguna de las molestas derivaciones que estos trajeron durante el tratamiento. Ciertamente, en retrospectiva, los primeros sueños son entendidos por Alex como imágenes que nada anticipan claramente y, en consecuencia, no son más que inquietudes pasajeras. En cambio, los sueños que aparecen en el intermedio de la historia, es decir, durante los interrogatorios y su estadía en la cárcel y el reformatorio, como son cada vez más profundos y represivos, tienen para él un carácter doloroso y temido. Al final, sin embargo, con este sueño se torna, incluso, más allá de los primeros sueños, al terreno de la plena satisfacción onírica, a la no restricción del sueño.

Vale la pena resaltar que no es claro si esta última descripción se refiere con propiedad a un sueño; la misma oración que la introduce lo pone en entredicho, pero creo que, aun cuando se tratase de algo diferente como, por ejemplo, una alucinación, el acento gozoso que transluce el pasaje deja ver el discurrir libre y sin temores de todo aquello que en su momento se convirtió en el tormento de Alex. Es, a todas luces, una imagen que muestra el deseo de violencia no reprimido, aspecto que atendiendo a lo expuesto por Burgess, encajaría perfectamente con la justificación de la violencia antes de la madurez que el autor explica en la introducción del libro y que toma forma en P3/C7.

Es posible objetar lo anterior si asumimos que el pasaje que estudiamos constituye una alucinación, pues “el hombre feliz jamás fantasea, y sí tan solo el insatisfecho” y son las fuerzas impulsoras de la fantasía los instintos insatisfechos. Con todo, aun aceptando la idea de que la descripción corresponda a una fantasía y no a un sueño, también podría responderse desde Freud que esta clase de ensueños “se transforman con las circunstancias de la existencia del sujeto, y reciben de cada nueva impresión eficiente lo que pudiéramos llamar ‘el sello del momento’” [27]. Esto querría decir que la felicidad que transluce DeLarge no obedece, en rigor, a que crea todos sus deseos satisfechos, sino al hecho de que ahora fluyen libremente en él como tal, esto es, como deseos, y que no encontrando ya las sensaciones represivas que antes advirtió, el futuro se abre para él de modo prometedor.

_________________________


NOTAS:

[1] BRIOSCHI, F. & GIROLANO, C. di. (2000) Introducción al Estudio de la Literatura. Barcelona: Editorial Ariel. p. 215.
[2] Este capítulo coincide con el famoso capítulo XXI de la edición inglesa que no se conoció durante muchos años en las traducciones y que, incluso, el mismo Kubrick dejó de lado en su adaptación cinematográfica.
[3] EAGLETON, T. (1999) Introducción a la Teoría Literaria. Bogotá: F.C.E. p. 189.
[4] FREUD, S. (1981) El Delirio y los Sueños en la ‘Gradiva’ de W. Jensen; en Obras Completas Vol. II. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 1285-1286.
[5] BRENNER, C. (1951) Elementos Fundamentales de Psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Libros Básicos. p. 178.
[6] EAGLETON, T. Op. Cit., p. 188.
[7] FREUD, S. (1981) Proyecto de una Psicología para Neurólogos; en Obras Completas Vol. I. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 245.
[8] BRENNER, C. Op. Cit., p. 184-185.
[9] FREUD, S. (1981) Los Límites de la Interpretabilidad de los Sueños; en Obras Completas Vol. III. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 2890.
[10] BRENNER, C. Op. Cit., p. 178.
[11] FREUD, S. (1981) La Interpretación de los Sueños; en Obras Completas Vol. I. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 406 y ss.
[12] FREUD, S. (1981) Los Sueños; en Obras Completas Vol. I. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 727.
[13] Ibíd. p. 447-448.
[14] BRENNER, C. Op. Cit., p. 186.
[15] Ibíd. p. 186-187.
[16] FREUD, S. Op. Cit. La Interpretación de los Sueños. p. 499.
[17] Ibíd. p. 545.
[18] FREUD, S. (1981) Op. Cit. Los Sueños. p. 745.
[19] FREUD, S. (1981) Un Sueño como Testimonio; en Obras Completas Vol. II. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 1726.
[20] FREUD, S. Op. Cit., El Delirio y los Sueños. p. 1317.
[21] FREUD, S. Op. Cit., Los Sueños. p. 727.
[22] BAUDOUIN, C. (1966) Introducción al Análisis de los Sueños. Buenos Aires: Editoria Psiqué. p. 18-19.
[23] FREUD, S. Op. Cit. La Interpretación de los Sueños. p. 681.
[24] Ibíd. p. 587.
[25] FREUD, S. Lecciones Introductorias al Psicoanálisis; en Obras Completas Vol. II. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 2208.
[26] BRENNER, C. Op. Cit. p. 194.
[27] FREUD, S. El Poeta y los Sueños Diurnos; en Obras Completas Vol. II. Madrid: Biblioteca Nueva. p. 1344-1345.

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.