AUTOR: Mario Vargas Llosa
TÍTULO: Los Jefes
EDITORIAL: Alfaguara, S.A. (Primera edición)
AÑO: 2006
PÁGINAS: 118
RANK: 8/10




Por Alexander Peña Sáenz
El narrador y ensayista peruano Mario Vargas Llosa (1936) viene perfilándose desde hace décadas como uno de los grandes nombres de la literatura latinoamericana, figurando junto a reconocidos escritores como Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Miguel Ángel Asturias, Gabriela Mistral o Pablo Neruda. Tal es su importancia, no sólo para las letras de nuestros países, sino del mundo entero que, en el año 2010, le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, galardón con el que se destacó su prominente narrativa y la crítica implícita en ella a diferentes aspectos de la realidad política y social.

El libro que ahora presentamos, Los Jefes (1959), es un compendio de seis relatos breves (“Los jefes”, “El Desafío”, “El Hermano menor”, “Día Domingo”, “Un Visitante” y “El Abuelo”) y ocupa un lugar especial dentro de la obra literaria de Vargas Llosa por las siguientes razones: primero, ser una de sus publicaciones más incipientes a nivel narrativo; segundo, constituir el primer y único libro que el autor ha publicado de cuentos en toda su carrera; y, tercero, el haber definido su rumbo como escritor, precisando algunos de los temas y estilos que desarrollaría después en sus novelas. 

Las historias de Los Jefes retratan, en conjunto, diversas experiencias de personas del común, los conflictos a los que se enfrentan y la manera como los resuelven. Esto resulta evidente al momento de examinar a sus protagonistas, pues los unos se desligan de los otros a partir del contexto, la situación e, incluso, la ubicación geográfica que tengan. Hay, sin embargo, un lazo común entre ellos –ya sean campesinos, estudiantes, hombres de la calle o afortunados hacendados- y es la violencia.

La violencia como eje temático en Los Jefes

Los seis relatos incluidos en el libro tienen un entorno aproximado que es el Perú de mediados del siglo XX, y también un factor conflictivo, la mayoría de las veces violento. Diversos análisis de esta obra convergen en este punto, señalando, además, que la violencia es el elemento que les permite a los personajes resolver sus situaciones cotidianas. Veremos a continuación la validez de esta tesis:

El primer relato es el homónimo, “Los Jefes”, un texto que arranca describiendo las medidas injustas que un director de colegio impone al estudiantado. Aquel hombre, llamado Ferrufino, determina no hacer públicos los horarios para las evaluaciones con el fin de que todo estudiante repruebe sus desempeños. Los alumnos se ven sumamente afectados por esta decisión y sienten cómo se les vulneran sus derechos. La situación llevará a los jóvenes a liderar una rebelión que, a la postre, no contará con el apoyo suficiente por el miedo que genera en ellos las autoridades.

En el relato, el narrador, Lu, Javier y Raygada hacen parte de las protestas, siendo estos dos últimos sus líderes; pronto, la huelga empezará a generar inconvenientes con estudiantes de otras secciones (primaria y media) que no desean integrarse a la rebelión, hecho que desencadenará el señalamiento abierto de los protestantes. El cuento es un claro ejemplo de cómo el autoritarismo que solían tener los docentes en años anteriores frente a sus estudiantes generaba en ellos, por un lado, cohibición y, por el otro, fuerza revolucionaria. 

El segundo texto del libro es “El Desafío”, en él se desarrolla un duelo a muerte entre dos personas de la región de Piura. Julián, el encargado de narrar los acontecimientos, expone cómo dos hombres, Justo y el Cojo, usando sus navajas, buscan resolver ciertas diferencias. La pelea termina con un golpe mortal del Cojo sobre Justo, hombre que se desangrará ante la mirada sorprendida de su padre, el mismo que había exigido poco antes que se cumpliese la pelea. La violencia latente aquí, como se ve, es producto de una falsa interpretación del honor y la valentía, valores que muchos colocan por encima de su propia vida.

En el tercer cuento, “El Hermano Menor”, Vargas Llosa nos presenta a David y Juan, un par de hombres de familia acomodada, que persiguen a un indio, sirviente de ellos, acusado de violar a su hermana –Leonor-. Los hermanos tienen caracteres contrapuestos: David es cruel y odia a los indios, mientras que Juan se muestra más pasivo y conciliador. El indio, quien antes custodiaba a la hermana de aquellos hombres, huye de ellos cuanto puede, pero, al ser encontrado por David, muere merced a los golpes que éste le propina. 

David personifica, así, aquel tipo de individuos impulsivos que asumen como verdad lo primero que escuchan, evitando toda forma conciliatoria y actuando de forma brutal contra sus subordinados. Lo irónico es que, al regresar, Leonor les confiesa a sus hermanos que el indio jamás la tocó, como ellos piensan; una declaración que hará crecer el sentido de la culpabilidad al interior suyo, enceguecidos –especialmente David- por una mentira caprichosa. La narración concluye con un acto de redención por parte de Juan quien liberará a varios indios que tiene encerrados en sus propiedades.

La trama del cuarto relato, “Día Domingo”, se desarrolla en Miraflores; en esta historia también hay un desafío entre hombres –Miguel y Rubén-, dos sujetos que se disputan el amor de Flora. La violencia aquí posee un tono más afectivo y curioso, pues los personajes compiten en pruebas como beber y comer exageradamente o nadar en las orillas del mar. Al final, saldrá victorioso Miguel, aprovechando un calambre que inhabilita a su competidor para nadar. Vargas Llosa esboza con el relato una visión sobre los matices extraños que puede llegar a tomar la violencia en una circunstancia determinada, y las relaciones que esta tiene con el sentido de superioridad del ser humano.

En el quinto cuento, “Un Visitante”, un moreno –al que apodan el Jamaiquino- llega al tambo de la señora Mercedes, solicitando de su parte algunas viandas. Pronto, la mujer se verá obligada a beber cerveza y a someterse al Jamaiquino por puro capricho. Lo que sucede es que la policía le ha prometido al moreno su libertad –es un prisionero- si informa el paradero de Numa, el hijo de Mercedes, culpable de cierto delito. Dicho sujeto aparecerá precisamente en el lugar, cayendo en la trampa y siendo sometido por la policía, la cual, después de esto, cumple al Jamaiquino su promesa. Con todo, el moreno, dejado a su suerte en medio de los matorrales de la región, será invadido por el terror una vez se sienta acechado por la gente de Numa, quienes desean matar al delator.

El último relato –que no hizo parte del compendio original de Los Jefes, pero se incluyó en él tiempo después- se titula “El Abuelo”. Esta es la historia de Eulogio, un anciano víctima de la indiferencia de su hijo, un individuo que jamás se cansa de despreciarlo. Vargas Llosa recrea con ironía el modo en el que el anciano conduce la venganza contra aquel, asustando a su propio hijo –es decir a su nieto- con una calavera que encontró en una de sus andanzas cerca de Lima: Eulogio colocará una vela al interior de aquel vestigio y recreará una imagen tan fantasmal que su nieto no podrá evitar sentir pánico cada vez que la observa. Se trata de una especie de restitución o reordenamiento después de un estado de violencia psicológica.
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Los Jefes es una obra incipiente si se compara con la gran novelística del escritor Mario Vargas Llosa. Sin embargo, es importante resaltar que aquí ya era palpable ese sello personal que ha imprimido el autor a cada uno de sus libros a partir del abordaje de conflictos sociales propios de la realidad peruana.

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