AUTOR: José Saramago
TÍTULO: Ensayo Sobre la Ceguera
EDITORIAL: Alfaguara, S.A. (Primera edición)
AÑO: 2010
PÁGINAS: 416
TRADUCCIÓN: Basilio Losada
RANK: 9/10



Por Alexander Peña Sáenz
Pocos escritores han analizado de forma adecuada las enfermedades espirituales que sufre la sociedad actualmente, y esto a pesar de que uno de esos males, la ceguera (la incapacidad de la humanidad de reconocer al prójimo, su rostro, sentimientos, aflicciones y anhelos), convierte a los hombres en seres infames y despreciables. Necesitamos una guía que reoriente nuestro comportamiento y nos motive a comprender a los otros como seres pensantes y sensibles, superando así la impotencia que impide persuadirnos de que siempre hay alguien a nuestro lado tratando de expresar que existe, y que tiene las misma necesidades vitales de los demás. 

José Saramago asume esta tarea en Ensayo Sobre la Ceguera (1995), obra en la que realiza una profunda reflexión sobre el alma humana al tiempo que proyecta un gran discurso narrativo. Se trata de una novela distópica en la que, al modo del Realismo Mágico, varios eventos inexplicables alteran la vida de los personajes: en la historia, la realidad se ve sometida a una ceguera blanca que se extiende como plaga sobre todo, haciendo inútiles los aislamientos, cuarentenas y medidas preventivas. Pero, la obra es también un relato psicológico que da cabida a largas introspecciones con las que se pretende alertar sobre cómo la razón se usa para humillar la vida, en vez de dignificarla.

A continuación vamos a presentar una aproximación argumental al libro, a examinar la problematización que el mismo hace del ser humano y, finalmente, a describir el estilo narrativo que hace tan original a esta novela.

La ceguera blanca

Una ceguera inexplicable, casi mágica empieza a apoderarse de los habitantes de una ciudad: cierto sujeto va en su carro y, de repente, ya no puede ver más, un mar de leche invade lo que antes para él era claro. Luego, su mujer, su médico oculista, y varios pacientes de este último (entre ellos otra mujer y un niño estrábico) vivirán en carne propia la ceguera. Pero, la infección no para allí, se amplía más entre aquellos que mantienen contacto entre sí, y hasta tal punto la situación genera angustia en ellos que se tornan impotentes e irreconocibles.

El gobierno, alarmado, decide confinar en un manicomio, a manera de cuarentena, a estos primeros ciegos. Dentro del grupo, sólo una persona no se encuentra ciega, la mujer del oculista, quien decide acompañar a su marido, sin importar que deba que internarse en el lugar; su deseo es servir a todos, reemplazando sus ojos.

Una vez internados, el gobierno promulga una serie de normas para los ciegos, pero la convivencia diaria empieza a atormentar a los pacientes: las raciones de alimentos, el aseo de los baños, el no saber si se es de día o de noche, todo parece destinar el lugar a convertirse en un infierno, una cloaca de desechos humanos, un espacio de pugnas viles. Los ciegos son custodiados por soldados, quienes, temerosos, no dudan en dispararles cuando se acercan demasiado. Justamente, así ocurren las primeras muertes: los ciegos que se desplazan más allá de los pasillos son acribillados sin contemplación, y el aroma a podredumbre y descomposición empieza a apoderarse del lugar.

La imposibilidad de valerse por sí mismos pone en dificultades a los ciegos, a lo que se suma el temor a contagiarse de todos aquellos que podrían ayudarlos. Cada día son más las personas aglutinadas en el manicomio, víctimas del mal blanco, de suerte que el problema de las comidas se hace más complicado, llegando al punto de disputarse el poder de erogación de los alimentos. Cierto grupo de ciegos empiezan a dominarlo todo, obligando a los demás a despojarse de sus pertenencias a cambio de los alimentos e, incluso, los más osados, llegarán a intercambiar las raciones por favores sexuales. La miseria del alma humana se hace evidente entonces al ver cómo estos hombres, de comportamiento animalesco y tiránico, abusan de los débiles y transgreden la dignidad femenina. Todo empieza a tener el cariz de una verdadera dictadura.

Mientras tanto, en la ciudad, la situación se sale de control. Conductores que de súbito quedan ciegos causan accidentes, el miedo cunde en la población al mismo tiempo que la ceguera, y hasta el gobierno sucumbe ante los acontecimientos, sumiéndose en el caos. Cada vez resulta más difícil aferrarse a la esperanza.

La ceguera del alma humana

Ensayo Sobre la Ceguera, además de su carácter novelístico, presenta también elementos de ensayo y argumentación filosófica. En las voces del narrador y los personajes siempre hay introspección psicológica y reflexión moral. De este modo, es posible colegirse que la ceguera se presenta en el libro asumiendo varios sentidos: la incapacidad de reconocerse a sí mismo y a los demás, el egoísmo, la suciedad, la muerte, el miedo, el conflicto, la desesperanza, la pérdida de la razón, el instinto, y el futuro distópico. Así puede percibirse durante la cuarentena de los primeros ciegos:

“Evidentemente, tras la pugna, a todo título lastimosa, a que acabamos de asistir, no podría ser fácil, ni exenta de conflictos localizados, la acomodación de tantos ciegos, baste recordar a los infelices contagiados que antes veían y ahora no ven, los matrimonios divididos y los hijos perdidos, los lamentos de los pisoteados y atropellados, algunos dos o tres veces, los que andan en busca de sus queridos bienes y no los encuentran, sería preciso que uno fuera completamente insensible para olvidar, así como así, la aflicción de estas pobres gentes” (Pág. 149)

La ceguera, de forma recurrente, se interpreta como sinónimo de muerte; “estar muerto es estar ciego”, se dicen en varias ocasiones los personajes, convencidos de haber perdido su vida anterior para sumirse en un resplandor blanco que poco o nada les permite hacer. El estar ciego significa cambiar radicalmente tanto el pensar como el sentir:

“…ciegos de sentimientos, porque los sentimientos con que hemos vivido y que nos hicieron vivir como éramos, nacieron de los ojos que teníamos, sin ojos serán diferentes los sentimientos, no sabemos cómo, no sabemos cuáles, tú dices que estamos muertos porque estamos ciegos…” (Pág. 314)

Asimismo, la ceguera es una carencia, privación que se vive en el mundo real, cuando los unos no reconocen a los otros, o sencillamente no los quieren ver. Por ello, Ensayo Sobre la Ceguera, aunque muestra un mundo de muerte y oscuridad, también invita a imaginar cómo sería la sociedad si los seres humanos pudiésemos vernos de una manera distinta: estaríamos –piensa Saramago- muy cerca de la felicidad.

La guía entre los ciegos

La mujer del oculista –una de las figuras centrales de la novela- es la única testigo de todo lo que se puede ver dentro de la forzosa cuarentena de los ciegos. Sin embargo, aunque esté en la capacidad de observar, no puede escapar de las aberraciones y la podredumbre que se viven en el manicomio: su destino es guiar a los ciegos, mientras contempla y sobrevive ella misma en medio de una humanidad abyecta, egoísta, ciega no sólo de los ojos, sino también del alma, del amor a sus congéneres. Este personaje representa dentro del relato la esperanza de alcanzar una salida a la locura del confinamiento y una alternativa para la recuperación de la vista. Con estas palabras se expresa en la novela dicha responsabilidad:

“Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana, si estoy ya ciega, responsabilidad de qué, la responsabilidad de tener ojos cuando los otros los han perdido, no puedes guiar ni dar de comer a todos los ciegos del mundo, debería, pero no puedes, ayudaré en todo lo que esté a mi alcance…” (Pág. 313)

En la mujer del oculista existe un fuerte sentido del compromiso; tal es así que, en sus momentos de debilidad, llegará a aceptar que ella misma está ciega al igual que los otros, pues no logra entender a ciencia cierta lo que le ocurre a sus congéneres. Con todo, permanece ahí, presente, dando lo mejor de sí para guiar y ofrecer soluciones; la mujer busca conciliar el carácter humano con el carácter instintivo de supervivencia (“si no somos capaces de vivir enteramente como personas, hagamos lo posible para no vivir enteramente como animales”). Aunque el afán de poder y de supervivencia aplasten todo lo humano que hay entre la gente confinada, por lo menos –piensa- debe prevalecer esta regla de vida: “…lo fundamental es que no nos perdamos el respeto a nosotros mismos”.

El carácter estoico de la mujer le permite reponerse de los reveses que genera la imposibilidad de moverse con libertad al lado de las personas ciegas, el permanecer anclada entre la podredumbre, la suciedad y la basura. Asumirá con paciencia su destino, ofreciéndose a limpiar, buscar alimento, dar voces de amparo a los miserables y mantener en ellos viva la esperanza.

El carácter escatológico

Aunque no resulta nuevo en literatura hablar de lo escatológico como parte de la realidad humana, en Ensayo Sobre la Ceguera, esto parece transformarse en un sino inevitable. El problema se traduce en términos materiales: ¿cómo harían miles de ciegos para expulsar de forma adecuada sus heces si desconocen la ubicación del baño? Aún más, ¿qué ocurrirá al sistema sanitario cuando los retretes hayan perdido su limpieza habitual? En novela queda demostrada la imposibilidad de vivir higiénicamente en un mundo en el que quienes cumplen la tarea de limpieza también se encuentran ciegos.

El destino de los sanitarios y posteriormente de las calles es convertirse en cloacas y basureros. Es evidente que lo escatológico se convierte pronto en un recurso literario utilizado dentro la novela, pues incluso se manifiesta como un motivo de diálogo entre los personajes:

“Si acabamos todos ciegos, como parece que va a ocurrir, para qué queremos la estética, y en cuanto a la higiene, dígame, doctor, qué higiene hay aquí, probablemente, sólo en un mundo de ciegos serán las cosas lo que realmente son, dijo el médico…” (Pág. 164)

La ceguera es sinónimo de suciedad, en cierto modo lo deja entrever la expresión del médico oculista. En la cuarentena, los baños son un horror: excrementos regados por doquier, acumulación de gases y aromas nauseabundos; por demás, la realidad en las calles es la misma, de manera que la gente tiene que buscar su alimento entre la basura, entre los cadáveres que se descomponen en las calles, después de ser desgarrados por los animales. Saramago se muestra crudo al hacer este tipo de descripciones:

“La basura en las calles, que parece haberse duplicado desde ayer, los excrementos humanos, medio licuados por la lluvia violenta los de antes, pastosos o diarreicos los que están siendo evacuados ahora mismo por estos hombres y mujeres mientras vamos pasando, saturan de hedores la atmósfera, como una niebla densa a través de la cual sólo con gran esfuerzo es posible avanzar” (Pág. 327)

Lo escatológico en Ensayo Sobre la Ceguera brinda una dimensión repugnante a la distopía de los ciegos; la contaminación simboliza aquí la perdida de la dignidad del ser humano, y el poco respeto que tenemos frente a nosotros mismos cuando estamos perdidos en la inutilidad de la ceguera.

El estilo narrativo de la novela

Uno de los rasgos distintivos de esta obra de Saramago es la despersonalización de los protagonistas, es decir, su anonimato. No hay nombres para ellos, sólo los conocemos a través de denominaciones como “el primer ciego”, “el ladrón de coches”, “la mujer con gafas oscuras”, “el médico oculista”, “la mujer del médico”, “el viejo de la venda negra” o “el perro de las lágrimas”. Una reflexión al respecto puede hallarse al final de la novela, cuando el primer ciego regresa a su casa y allí encuentra alojado a otro ciego que es escritor; cuando le pregunta su nombre, aquel responde: “los ciegos no necesitan nombre, yo soy esta voz que tengo, lo demás no es importante”. De esta corta expresión, se infiere la intención del autor por ligar la naturaleza de sus personajes a su realidad material, esto es, a la voz y los sentimientos que expresan. 

Los escenarios experimentan un tratamiento semejante: verbigracia, la ciudad y el país donde ocurre la ceguera, pues sus nombres jamás son mencionados. En consecuencia, todo en Ensayo Sobre la Ceguera posee un sentido de universalidad, todo puede ocurrirle a cualquiera, y lo único que necesita un nombre es el horror que experimentan los propios ciegos.

El otro aspecto a destacar de la novela está relacionado con la linealidad narrativa. El autor trasgrede las normas establecidas por la narración tradicional (aquella que separa ejes temáticos por párrafos y diálogos entre personajes), asimismo, evade muchas normas de puntuación (no hay signos de admiración o interrogación, se abusa el uso de las comas, etcétera), y los diálogos se introducen sin guiones ni especificaciones, unidos dentro del mismo párrafo.

Ahora bien, el que la narración tenga estas características no impide al lector promedio la correcta interpretación del texto, y tampoco el saber que los personajes hablan por sí mismos, en primera, segunda o tercera persona. Por demás, los párrafos pueden parecer excesivamente largos, pero todo esta cohesionado de manera adecuada, distinguiéndose en ellos eventos y diálogos, y siendo claro el ritmo de lo narrado.
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Profunda, sencilla e impactante, Ensayo Cobre la Ceguera es una de las grandes obras de la literatura contemporánea. Personifica el papel del arte como vehículo para la catarsis y la reflexión filosófica y social. Su influencia puede medirse, incluso, en la inspiración que ha suscitado para la realización de A Ciegas (2008), una cinta que vale también mucho la pena revisar.

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