AUTOR: Michael Moynihan & Didrik Søderlind
TÍTULO: Lords of Chaos: The Bloody Rise of the Satanic Metal Under-Ground
EDITORIAL: Feral House (Primera edición)
AÑO: 1998
PÁGINAS: 358
RANK: 7/10



Por Alexander Peña Sáenz

El satanismo siempre se ha considerado un tema escabroso, bizarro y maldito; su símbolo más prominente, Satanás, es visto como la antítesis de dios, la antípoda de Cristo; un ángel caído que optó por el camino del mal y la corrupción. Son incontables sus apariciones en mitos, leyendas, libros y folclor. Incluso hoy día, la figura de Satán pervive en la conciencia humana a través de distintos géneros musicales: el rock y el metal, principalmente. Sin embargo, y esto a pesar de la fuerza que ha parecido cobrar en los últimos años, el nexo entre música y satanismo continúa superficialmente explorado en la literatura.

Lords of Chaos: The Bloody Rise of the Satanic Metal Under-Ground, que traduciría algo así como Los Señores del Caos: El Ascenso Sangriento del Metal Satánico Clandestino (1998) recupera parte de la historia de este nexo música-satanismo, tan inquietante y controversial para la gente del común. Se trata de una relación ciertamente discutible, no sólo por mezclar la música con líricas de sesgo oscurantista, sino, ante todo, por preconizar la maldad humana, y suscitar la violencia y la intolerancia en sus seguidores.

Y es que, justamente, violencia y caos fue lo que se vivió en Noruega a principios de la década de los noventas, cuando un grupo organizado de jóvenes ideó una rebelión contra el cristianismo imperante en Escandinavia. Basados en el satanismo –elemento anticristiano por antonomasia- y el paganismo –la vuelta a las tradiciones nórdicas pre-cristianas-, estos jóvenes canalizaron su pensamiento a través de un grito de lucha concreto: el black metal. Empero, la música desembocó en una serie de crímenes, quema de iglesias, suicidios, violencia callejera, racismo, sacrificios y toda clase de situaciones jamás previstas.

Básicamente, el libro elabora una cronología del desarrollo del satanismo dentro de la música, recogiendo parte de la biografía de bandas consideradas como abanderadas del caos: desde la “Simpatía con el Diablo” que iniciara el artista de blues, Robert Jonson, pasando por “Lucifer Sube el Volumen” en los años sesentas y setentas con bandas de rock como Rolling Stones, Coven, Black Widow, Black Sabbath o Led Zeppelin, hasta llegar a la tríada maldita, a comienzos de los ochentas: Venom, Mercyful Fate y Bathory. Asimismo, el libro nos permite rastrear el origen del thrash y el death metal también en la década de los ochentas –Slayer, Possesed, Hellhammer, Celtic Frost, Sodom, Destruction, Unleashed, Deicide-, y el despertar de los verdaderos señores del caos con su “resplandor en el cielo del norte”, en la década de los 90, con agrupaciones de la talla de Mayhem, Darkthrone, Burzum y Emperor.

Los precedentes: simpatía con el diablo

Los precedentes del satanismo en la música pueden remontarse al jazz y el blues. Un caso muy particular ocupa la atención de los autores del libro; se trata de Robert Jonson, músico de Mississippi, de quien se dice pactó con Satanás para que se le concediera virtuosidad en su instrumento. “Me and the Devil Blues” y “Hellhound on my Trell” son dos temas que demuestran que, de alguna manera, Jonson le agradece al “bajísimo” el acuerdo realizado.

Dentro de las formas de desestabilización de las creencias y moralismos imperantes en la cultura Occidental durante la segunda mitad del siglo XX, surge una “simpatía con el diablo”, que es explorada sin ningún tapujo por los Rolling Stones, fundados en 1962, y que sugieren la imagen de chicos malos, llenos de vicios y excesos, extravagantes e irreverentes de todo punto. Inspirados por el mismo Robert Jonson, dos de sus primeros discos llevan títulos bien sugestivos: “Their Satanic Majesties Request” y “Let It Bleed”. El coqueteo con el diablo es evidente en el estrafalario video de “Sympathy for the Devil” en donde los Stones danzan con unas extrañas máscaras y revelan sus gustos por lo carnal y la mística oscura.

Lucifer sube el volumen, años 70’s

A la escena del rock ingresan más grupos de tendencia ocultista. Entre la novedad que sugieren para la música estas nuevas miradas cosmogónicas cabe destacar la pasión por la magia negra, el vudú, y la nigromancia; incluso, como puede verse en The Beatles, también hay cabida para un neo-misticismo oriental, especialmente de tipo hindú.

Los años setentas, un periodo caracterizado por la intranquilidad espiritual de la juventud, traerían consigo una nueva generación musical, cada vez más abiertamente anticristiana. Aleister Crowley –“el hombre más perverso del mundo”- cobró gran importancia en esta época gracias a su trabajo en las películas clandestinas de Kenneth Anger. Las bandas sonoras de tales filmes corrieron a cargo del vocalista de los Rolling Stones, Mick Jagger, y el guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, quien se mostraba bastante entusiasmado con el pensamiento de Crowley. Page llegó, incluso, a comprar unas tierras de siniestra reputación cercanas al lago Ness, y que en vida pertenecieron a la familia de Crowley. Se cuenta que los guardias de aquellas propiedades enloquecían por el influjo del malvado Aleister.

Así, en esta década se hacía evidente el poder de las bandas de rock a la hora de desestabilizar el sistema axiológico imperante. Centrándose en creencias thelémicas crowleyanas, por un lado, e incluyendo elementos del folclor pagano tradicional de los anglosajones, por otro, Led Zeppelin reivindicaba formas míticas hasta entonces mantenidas al margen del gran público. Esta influencia se hizo patente en buena parte del mundo, hasta la misma Escandinavia en donde la agrupación de Page tuvo un éxito impresionante.

Pero aún más que Led Zeppelin, el nombre de Black Sabbath resulta más significativo para la historia de la relación música-satanismo. Muchos la consideran la banda creadora del heavy metal y, por extensión, de los demás géneros extremos del metal. Sus líricas, cargadas de demonología, guerra, alienación y ocultismo, impulsaron a la naciente generación a seguir sus pasos. Los jóvenes encontraron en sus temáticas una fuerte dosis de rebelión a sus creencias familiares y tradicionales.

Para la misma época, pero tal vez con menos boom publicitario, otros grupos grabaron algunos discos evidentemente apologéticos de Satanás. Entre estas bandas se encuadran Black Widow con su álbum “Sacrifice”, y Coven con su siniestro disco “Witchcraft: Destroys Minds & Reaps Souls” de 1969, controversial por su contenido explícitamente satánico, la grabación incluyó, además, una misa negra dentro de uno de sus tracks. Se dice que los miembros de Coven fueron los primeros en incorporar la señal de los cuernos con sus manos, tan famosa y distintiva para la posterior historia del rock.

Para completar el cuadro, Anton Szandor LaVey –conocido también como el Papa Negro- vendría a erigirse como una figura sumamente influyente para una nueva ola de blasfemia. Este personaje fundó el día 30 de abril de 1966 la primera iglesia satánica, en la misma fecha que se celebra la noche de Walpurgis –noche de brujas- en Europa. El hecho, aunado a la redacción de la Biblia Satánica (1969) son dos elementos detonantes para la irrupción definitiva del satanismo en la cultura del siglo pasado y, por supuesto, en las mentes rebeldes y ruidosas del metal.

Venom, Mercyful Fate y Bathory: los años 80’s

Son tres agrupaciones las que revisten particular importancia para lo que sería la historia del metal más extremo. Se trata de Venom de Inglaterra, Mercyful Fate de Dinamarca y Bathory de Suecia. Todas ellas, portavoces del oscurantismo musical, lírico y estético, transformaron las líneas tradicionales del heavy metal precedente.

Venom es una agrupación de la NWOBHM, formada en Newcastle alrededor del año 1979. Sus influencias estaban remontadas a Black Sabbath, Deep Purple y Kiss, aunque también se sentían atraídos por la agresividad del punk. Su sonido que resultaba aún más metálico y acelerado que el de otras bandas contemporáneas, elevaron la blasfemia a un nivel mucho más comercial. En este sentido surgieron tres producciones: “Welcome to Hell” (1981), “Black Metal” (1982) –disco que dará nombre al género naciente- y “At War with Satan” (1983).

Mercyful Fate de Dinamarca, es liderada por el conocido músico King Diamond, quien siempre se ha distinguido por su siniestro maquillaje facial “corpsepaint”, de señas demoníacas. Su familiaridad con la Biblia Satánica de LaVey es más que evidente. En 1982 la banda edita su LP “Mercyful Fate”, del que se extrae una malvada canción: “Nuns Have no Fun”. Una año después ve la luz “Melissa”, y en 1984 “Don’t Break the Oath”, álbumes llenos de fantasía, terror, pactos diabólicos y castigos del mal.

Ahora bien, la banda que definiría el sonido del black metal escandinavo de los siguientes años sería, sin duda alguna, la de los suecos Bathory. Retomando el nombre de la condesa Elizabeth Bathory, famosa por su historial sangriento, la agrupación hizo gala de un satanismo incipiente y juvenil, pero siempre directo. En esta línea produjeron sus tres primeros discos: “Bathory” (1984), “The Return” (1985) y “Under the Sign of the Black Mark” (1987). Su álbum de 1988, “Blood, Fire, Death”, será el inicio de una nueva era para el metal extremo, ya no centrado en la crítica a la religión cristiana, sino en la reivindicación de las tradiciones vikingas.

El death metal muere, el black metal llega

Mientras en Europa el black metal tomaba fuerza, en Estados Unidos se iniciaba en los ochentas una época de experimentación con los sonidos: el thrash metal vendría de la mano de bandas legendarias como Slayer, quienes utilizaron líricas satanistas en sus primeros trabajos –“Show no Mercy” (1983), “Haunting the Chapel” (1984) y “Hell Awaits” (1985)-, para centrarse, después, en los crímenes y atrocidades cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. Possessed sería otra de las bandas estadounidenses en declararse abiertamente satanista, especialmente con su álbum debut “Seven Churches” (1985). Cabe destacar, por otro lado, la primera etapa de Môtley Crue, y Misfits con su popular maquillaje macabro y líricas basadas en películas serie-B.

Al otro lado del Atlántico, el thrash Metal de corte blasfemo y satanista corrió por cuenta de Sodom, Destruction, Hellhammer y Celtic Frost. Sin duda se trataba de un género bastante popular, a su modo, ya que incluso el músico Peter Steel de la banda Type O Negative, lo calificaría de “cáncer musical urbano”, utilizando una metáfora para representar su expansión mediática. Años después, la banda Anthrax marcaría esta apreciación en sus producciones conjuntas con artistas rap.

El antídoto underground para esta ola comercial fue en ese entonces el death metal: mezclando la velocidad del thrash y el hardcore, bajando la afinación estándar de las guitarras, y cambiando las voces armoniosas por guturales y rugidos, este género musical surgió como una clara reivindicación de la muerte. Los más distinguidos intérpretes del género son y serán, sin lugar a dudas, Death, Morbid Angel, Obituary, Autopsy, Deicide y Cannibal Corpse. Todos enmarcados en sangre, violencia, blasfemia, genocidio y muerte.

En Suecia existió una corriente similar de death metal a finales de los ochentas y comienzos de los noventas, pero la mayoría de bandas prefirieron enfocar sus letras en temáticas mitológicas o existenciales. El periodo comprendido entre 1989 y 1993 fue de gran importancia comercial para el death metal, al punto de alcanzar el mismo reconocimiento del que venía gozando hacía algunos años el thrash metal. De este modo, las primeras bandas del black metal en Noruega –Mayhem, Old Funeral, Darkthrone- deciden ir más allá de lo que representaba el concepto del death metal, prefiriendo continuar la onda de Venom y Bathory, y su cruzada contra el cristianismo.

Un resplandor en el cielo del norte, Noruega en los años 90’s

Llegamos a la parte más interesante del asunto y del libro. Mayhem (1984), la banda noruega de black metal se convierte en el epicentro de la nueva oleada del metal underground, al punto de igualar nombres como los de Bathory o Venom. Los escándalos acompañaron a la agrupación desde sus inicios, y su historia fue signada con bastante sangre. Oystein Aarseth, AKA Euronymous, fue el líder de esta agrupación y de toda una generación de adeptos a la escena escandinava del black metal.

Mayhem inició sus descargas en 1986 con la demo “Pure Fucking Armageddon” y el EP “Deathcrush“, dos de los discos más extremos y brutales hechos a este ese momento. Con una imagen endurecida, y adoptando el maquillaje “corpsepaint” –convertido en una de las características estéticas del black metal-, la banda logra en un par de años catapultarse a la fama. Habría que aclarar que el origen de este recrudecimiento estético no es claro: algunos lo atribuyen a la puesta en escena de bandas como King Diamond, Misfits, Kiss y Celtic Frost. Pero Jon “Metalion” dice que, en realidad, el maquillaje dentro del black metal es legado de los brasileros Sarcófago, quienes se destacaron por su música extrema, retoques grotescos, taches, pinches y, por supuesto, su postura radical frente al death metal estadounidense y sueco reinante en la época.

En 1988, un joven sueco, Per Yngve alías Dead, toma el puesto de vocalista en Mayhem y junto al talentoso Jan Axel Hellhammer Blomberg se inicia la primera parte importante de la saga del black metal noruego. Dead, quien destacó como un hombre sumido en la depresión, el odio por el mundo y el gusto por la muerte, terminó cortándose las venas y volándose los sesos en abril. de 1991. El suceso, en vez de provocar la consternación de su compañero Euronymous, quien fue la persona que descubrió el cadáver, se convirtió en la oportunidad perfecta para una toma bizarra que hizo con su propia cámara. Esta imagen fue enviada posteriormente a Colombia, en donde sirvió para la portada del bootleg en vivo: “Dawn of the Black Hearts”.

Sin embargo, para este momento aún faltaba un elemento decisivo en el historial de Mayhem: la vinculación de Kristian Varg Vikernes a la agrupación. Oriundo de Bergen, Vikernes había tocado la guitarra para un grupo de death metal llamado Old Funeral, mas, cansado de la superficialidad del género había formado un proyecto personal que llamó Uruk-Hai, palabra tomada de los libros de Tolkien. Transformado el nombre de este proyecto a Burzum, Vikernes editó una demo que le serviría para ponerse en contacto con Euronymous y entablar amistad con él, pasando a ser, al poco tiempo, uno de los miembros regulares de Mayhem.

Asimismo, otras bandas de renombre internacional como Dark Throne, empezaban ya para estos años a definir el sonido y profundidad de la música norguega. Su álbum “A Blaze in the Northern Sky” (1992) es el ejemplo más claro de la influencia de Aarseth sobre los músicos del lugar, especialmente en lo que se refiere al primitivismo del sonido. Darkthrone terminó por definir la crudeza y la instrumentación básica del black metal: guitarra, bajo, batería y voz rasgada, y tal vez por ello no escapó a la polémica que desató el black metal en Noruega; ellos mismos se hacen llamar “la banda más odiada del mundo”. Fenriz, su baterista, se ha declarado más de una vez adepto a las ideas del fascismo –uno de los discos de Dark Throne lleva la etiqueta “Norsk Arysk Black Metal”, y es un fiel entusiasta de la ideología pro-aria.

Otras bandas surgen en este mismo periodo, entre ellas Immortal y Emperor, estos últimos conocidos por la quema de iglesias y asesinato de homosexuales. Sin embargo, después del suicidio de Dead, la atención del público se concentra en Mayhem, concretamente en Euronymous, quien abre su tienda de música “Helvete” –infierno-, punto central de la escena underground en Noruega. Allí se reunirán los jóvenes a intercambiar discos, planear rituales, o conciertos y, en general, a establecer la filosofía agresiva del black metal, todo ello bajo el manto de la organización satanista Inner Circle.

Una temporada creativa y gloriosa para la escena del black metal que en 1993 empezaría a decaer, desatando un caos nunca antes visto en Noruega: Varg Vikernes, líder fundador de Burzum y bajista de Mayhem asesina a puñaladas a Euronymous en su departamento; los móviles se entrecruzan entre lucha de poderes, y un presunto desfalcó en un contrato firmado por Burzum con la disquera de Aarseth. Varg es apresado y condenado a 21 años de cárcel, al tiempo que otros crímenes cometidos al interior de la escena metalera noruega empiezan a ventilarse.

Entre 1991 y 1993 más de cien iglesias cristianas fueron incineradas en Noruega, y la lista de suicidios, casos de violencia callejera y asesinatos alcanzó límites insospechados. Pero tras la muerte de Oystein Aarseth toda esta parafernalia mudaría su aspecto hasta convertirse a lo largo de Europa en un fenómeno, la mayoría de veces, comercial.

Conclusiones

Los autores del libro elaboran una hipótesis para explicar las razones que llevaron a un país tan pacífico como Noruega a experimentar estos acontecimientos extremos. Según ellos, se trata ante todo de una respuesta al panorama religioso de su sociedad: una iglesia bajo el control del Estado, evangelista, conservadora, asentada sobre una estructura que rechaza actividades tan comunes como bailar o beber. De este modo, la antigua cultura pagana de los vikingos ha sido tradicionalmente considerada como horrorosa por sus elementos fantásticos, sus leyendas sobre trolls, brujas, demonios y hechizos. Es un tabú, todavía hoy y para muchos, hablar de cualquier cosa medianamente oscura, y cuando lo hacen son inmediatamente reprobados.

Esta censura que experimentan los jóvenes en su búsqueda de orígenes culturales más remotos, anteriores a la expansión cristiana en Escandinavia, es una de las bases para el sentimiento disidente que revela el black metal en la década de los noventas. Despabilándose de la cotidianeidad moral de su país, crean para sí una forma propia de ver el mundo, caracterizada por su contenido extremo y radical. De esta forma, los jóvenes noruegos asumieron durante estos años muy seriamente el contenido y sentido de su música, de manera similar a como ocurrió con los Sex Pistols y sus ideas anarquistas en Inglaterra. Ambas bandas, a su modo, crearon un espacio social de lucha frente a los sistemas tradicionales.

Por otra parte, los bosques oscuros y los largos inviernos sin luz, típicos de Escandinavia, permitieron recrear una atmósfera de tristeza y melancolía, fácilmente detonante del espíritu mitológico del Norte, desde entonces convertido en un símbolo común en las bandas de black metal.

Apreciaciones de Lords of Chaos

Stuart Pollok, director de la película basada en este libro, asegura que: "el black metal es un tema fascinante, un gran mundo visual para representar, y un divertido retrato de Noruega", razón por la cual se vio fuertemente motivado a llevar a cabo el proyecto fílmico que se espera aparezca este año.

Varg Vikernes, uno de los personajes centrales del libro, también hizo su apreciación sobre los hechos narrados en el Lord of Chaos:

“Este libro sirve para un solo propósito el cual es crear un mito alrededor de mi nombre y para desconcertarme… si ese era el objetivo, sin duda lo ha conseguido. Los autores han conseguido llenar las cabezas de una generación de fanáticos del metal con mentiras. Lo que podría haber sido una revuelta honrosa se ha convertido en algo patético, embarazoso, impotente, y de cultura posera (de farándula) tradicional, mejor ejemplificado por bandas como Dimmu Borgir, e incluso Venom
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Aunque interesante, Lords of Chaos no deja de ser más que la síntesis de una parte oculta de la historia del rock y el metal extremo. Cabe destacar que, hasta el momento, es uno de los pocos libros que han logrado condensar la compleja historia vivida en Noruega y otras regiones de Europa en los primeros años noventas: quema de iglesias, asesinatos, violencia y la marca de una revolución cultural que implicó el desarrollo de un género musical todavía ampliamente vigente.

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