AUTOR: Anónimo
TÍTULO: Muertes Trágicas No. 4: Deshonra de una Dama
EDITORIAL: Grupo Editorial Vid S.A. (Primera edición)
AÑO: 2002
PÁGINAS: 96
RANK: 6/10




Por Alexander Peña Sáenz

Continuamos con las historias de la serie de Editorial Vid, Muertes Trágicas, cuyos temas no sólo están centrados en la muerte, como puede pensarse, sino también en el sufrimiento, la angustia, las intrigas, el odio y el carácter impredecible que caracteriza a la existencia. Este cuarto número, Deshonra de una Dama, condensa muy bien los elementos mencionados, que se convierten aquí en los puntos de partida para narrar la vida de la bella Caroline Elizabeth Sarah Norton, la distinguida feminista, activista política y escritora británica del siglo XIX.

El pulp –bastante cercano en su nivel gráfico a números precedentes como Caprichos de la Muerte o Sufrimiento de una Estrella- reconstruye de manera sucinta la agitada vida de Caroline Norton, desde su nacimiento en 1808 en el seno de una rica familia londinense, pasando por su intensa lucha política a favor de mejores condiciones para las mujeres y la reducción de la explotación industrial, hasta su muerte en 1877 –cuando había reintentado resarcir su vida sentimental, después de un complejo matrimonio con George Norton-.

Caroline Elizabeth Sarah Norton

En 1808, un acontecimiento traería mucha felicidad a la prestigiosa familia Sheridan: el nacimiento de la hermosa Caroline Elizabeth. El padre de la niña estaba dichoso y, tanto lo emocionó la experiencia de ser padre, que pronto vinieron las primeras hermanas de Caroline. Sin embargo, las malas pasadas de la suerte cayeron sobre el hombre y, muy pronto, una tuberculosis le arrebató la vida, quedando huérfanas las pequeñas niñas. Con la muerte del señor Sheridan, la familia quedó desolada. La abnegada madre tuvo que tomar las riendas del hogar y asumir el cuidado de sus hijas. Determinada a sostenerlas, se dedicó a escribir novelas, oficio que resultó provechoso, toda vez que le permitió mantenerlas mientras eran tomadas en matrimonio.

Años después, la hermana mayor sería la primera en desposarse. Las otras dos muchachas eran bellas, pero no igualaban a Caroline, cuyo perfil griego, cabello oscuro, peinado en dos largas trenzas y unos hermosos ojos negros, deslumbraba y ganaba todas las miradas de los hombres en la calle. Ella, quien era inteligente y no se enorgullecía por estos atributos llegaría a la vida George Norton, un ilustre abogado y parlamentario, algunos años mayor que ella. El hombre, cautivado por la hermosura de Caroline pidió su mano en matrimonio y, a pesar de las primeras negativas de la joven, después de un tiempo logró su cometido.

Para julio de 1827, fecha de su matrimonio, Caroline tenía diecinueve años y George veintiséis. Lo cierto es que la muchacha no estaba muy segura de sus sentimientos hacia George, razón por la cual no tardarían en llegar los conflictos. Por su parte, intolerante, celoso, posesivo y violento, el esposo de Caroline se reveló como una persona potencialmente perturbadora para la paz a la que estaba acostumbrada la joven. El ambiente de la familia Norton se caracterizó por ser hostil, y estar lleno de gritos, insultos y altercados.

La infeliz Caroline se refugiaba en su hermana Helen, quien comprensiva, la apoyaba. La idea del divorcio rondó en la mente de la señora Norton desde estos primarios días, sin embargo, en medio de tanta hostilidad, vendría a descubrirse embarazada de su primer hijo. La hermana de Caroline estaba convencida de que el acontecimiento podría transformar la relación de su hermana y cuñado, pero esto estaba bastante lejos de la realidad.

Desconsolada, Caroline se refugió en la biblioteca de su casa y decidió leer algunos libros; el placer de la lectura y la escritura empezó a brotar en ella, perfilando un sentimiento romántico y sensible para crear versos. Un libro que condensó los poemas de esta época fue publicado antes del nacimiento de su hijo, y el éxito no se hizo esperar. Todos estaban contentos con la nueva faceta de la muchacha, especialmente su familia, y le llovían las felicitaciones, excepto, claro está, una, la de su esposo George, quien se veía preso de una profunda envidia. Más adelante, otros dos retoños nacerían en el matrimonio Norton, pese al ambiente crudo y conflictivo.

Algunas otras obras en verso se vieron publicadas y la popularidad de Caroline se siguió acrecentando: fue invitada a las altas cortes, y bienvenida en las casas de familias distinguidas de Londres. Incluso, llegó a relacionarse con los personajes más ilustres de su sociedad, entre los que se cuentan ministros, escritores, políticos y parlamentarios. En contraste, la carrera de su esposo George iba en picada, puesto que había perdido su puesto en el parlamento. Desempleado, George se mantuvo algún tiempo en casa rezongando y mortificando a Caroline. Ella, agotada con los problemas que tenía por motivo de su marido escribió una carta a Lord Melbourne en busca de ayuda.

El prominente político Melbourne aceptó ayudar a los Norton: George consiguió un empleo en los tribunales de la policía metropolitana de Londres. En agradecimiento, Caroline visitó a Lord Melbourne, y una gran simpatía nació entre los dos, ya que compartían opiniones en temas políticos, literarios, sociales y románticos. Así, Melbourne asistía regularmente a la casa Norton a visitar a la dama, con aprobación de George. Ambos amigos compartían la soledad y la pena de llevar matrimonios infelices, hecho que incrementó la asiduidad de sus encuentros y confesiones.

Pero la aprobación de esta amistad por parte de George terminaría en 1835, cuando solicitó el divorcio, argumentando que la relación entre Melbourne y su esposa era inmoral; con calumnias de toda índole Caroline y Lord Melbourne fueron llevados ante los tribunales. El escándalo no tardó en publicitarse, y ambos personajes estuvieron en boca de todos los chismosos londinenses. Mas, la verdad sería revelada merced a algunos amigos de Melbourne, quienes demostraron que no hubo una relación infiel entre el aristócrata y la señora Norton, y que existía una profunda inconsistencia en las pruebas y señalamientos de George. Aún así, las consecuencias de toda esa cadena de denuncias fue nefasta para Caroline, no sólo porque su amistad con Melbourne se vio forzada a terminar, sino porque su reputación permanecía en el piso a los ojos de Londres y, lo que es peor, perdía la custodia de sus hijos.

Forzada a sostenerse por sí misma, Caroline continúo escribiendo novelas populares que empezaron a tener un sello propio, caracterizado por la crítica social, la exigencia de reformar las leyes de custodia de menores, las leyes de divorcio y los derechos conyugales a favor de las mujeres. Cinco años después de su separación, conoció a Sydney Herbert, un aristócrata con el que sostuvo una relación amorosa otoñal. Tal experiencia pareció avivar el ímpetu del amor en Caroline, en especial por la coincidencia intelectual y espiritual de la pareja; sin embargo, en 1845, un lío político en que se vio envuelto Herbert los llevaría a separarse.

Al parecer Caroline había revelado a la prensa una información secreta sobre fraudes ocurridos bajo el aval del ministro Sir Robert Peel, hecho que había obligado a éste a renunciar a su cargo; pero esa no era la verdad, ya que quien había revelado la información fue uno de los secretarios de Herbert. De tal suerte, el mismo Herbert lamentaría haber puesto en duda la palabra de su esposa, a quien acusaba de saboteadora y espía.

Otra vez desolada, Caroline continuó su vida en la literatura y la política hasta 1877, fecha en la que llegaría la hora de su muerte. El carácter trágico de su vida y fallecimiento se hace evidente porque se trata de una persona atormentada, romántica; despreciada y rumorada, pero talentosa y prolífica; injustamente juzgada, pero inteligente y reflexiva. El legado de Caroline Norton sobrevive en su literatura romántica y en los cambios políticos que favorecieron a las mujeres inglesas en el siglo XIX.
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Deshonra de una Dama cumple con su tarea de entretener e informar a través de una modesta aproximación biográfica de Caroline Norton. Sin embargo, muchos hechos de carácter dramático no se tuvieron en cuenta para esta biografía visual, como la muerte de su hijo William en 1842 a causa de la caída de un caballo, y la posterior lucha que tuvo que librar Caroline frente a su exesposo por la custodia de sus pequeños. Así mismo, otros hechos de la vida madura de Caroline fueron desatendidos en este pulp como la muerte de George en 1875, y el último matrimonio de Caroline con Sir W. Stirling Maxwell, meses antes de su muerte.

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