AUTOR: Dan Brereton (argumento) & Héctor Gómez (dibujo)
TÍTULO: Buffy, la Cazavampiros: El Vals de las Cenizas
EDITORIAL: Grupo Editorial Vid, S.A. (Primera edición)
AÑO: 2000
PÁGINAS: 80
RANK: 5/10




Por Alejandro Jiménez

El 10 de marzo de 1997 se emitió por primera vez en los Estados Unidos la serie televisiva Buffy, la Cazavampiros; de inmediato, el programa se convirtió en uno de los más vistos del país, y catapultó a la fama, no sólo a su creador, Joss Whedon –quien había pasado inadvertido con la película homónima de 1992-, sino también a Sarah Michelle Gellar, la actriz protagónica de Buffy, que desde entonces ha participado en una lista privilegiada de series y películas. Siete temporadas consecutivas, dos discos, e importantes nominaciones y premios, son apenas una muestra del amplio recibimiento que ha tenido el programa.

Como lo ha explicado tantas veces el mismo Whedon, tal vez este éxito se deba al cambio propuesto por la serie respecto de los tradicionales programas y filmes de terror, en donde las mujeres prevalecen en el papel de víctimas. Muy por el contrario, Buffy, la Cazavampiros nos ofrece a una bella rubia dispuesta a enfrentar con tenacidad toda clase de seres y situaciones terroríficas, apelando únicamente a su destreza física y mental. De este modo, hábil, intrépida y poco asustadiza, Buffy Summers está muy lejos de los clásicos prototipos del terror.

La popularidad de Buffy, la Cazavampiros ha incluido también la edición de un número importante de tebeos; en efecto, las publicaciones en cómic se iniciaron apenas un tiempo después del lanzamiento del programa, y han sido hasta tal punto significativas para éste que, por ejemplo, toda la octava temporada fue editada en este formato. En estos cómics se han incluido historias bastante fieles al argumento escrito para la televisión, así como obras alternativas y complementarias.

El Vals de las Cenizas The Dust Waltz- es un número especial publicado en 1998 por Dark Horse Comics, aunque previamente apareció en el segundo volumen de Omnibus en septiembre de 1997. Con un guión escrito por Dan Brereton –co-escritor del volumen El Origen (1999)-, y dibujos del argentino Héctor Gómez –colaborador en Invitados No Deseados (2004)-, el título nos ofrece una síntesis de lo que representa Buffy, la Cazavampiros: sangre, seres estrafalarios, proyectos perversos, y acción de principio a fin.

A modo personal, pienso que las gráficas de este número distan bastante de las que otros artistas trabajarían tiempo después: el dibujo se muestra aquí mucho más logrado, a pesar de que el tratamiento de ciertos espacios y colores se haga de una manera sencilla. Lo que sucede es que la expresión de los rostros, movimientos y, en general, las acciones, se dibuja con rasgos más uniformes. Basta con comparar este título con The Latest Craze (1999) de Cliff Richards, para darse cuenta de lo que intento decir.

Por su parte, el argumento, que en un primer momento se nos muestra impactante, y que tiene el sello de una buena historia, a mi parecer no cuenta con un desenlace a la altura: las hermanas Lilith y Lamia se han reunido en el subsuelo de Sunnydale para celebrar el vals de las cenizas, un rito demoníaco que satisfará su apetito de muerte; Buffy se verá impelida a evitar que este encuentro se realice, no sólo porque Ángel ha sido capturado y permanece prisionero de las hermanas, sino porque el evento concluirá con la apertura de la boca del infierno.

La acción se sucede al tiempo que nuevas pistas sobre los malévolos planes de Lilith y Lamia se van descubriendo; pero esto, para lo que se han gastado dos de las tres partes del tebeo, se resolverá en apenas una parte, con un final más bien apresurado y desprovisto de la fuerza, violencia y sangre que se proyectaba. En todo caso, y descontando este aspecto, el cómic se mantiene en la media de otros publicados, y su lectura puede resultar bastante agradable. Por lo pronto, haremos aquí una mirada un poco más detallada de su historia, y analizaremos un par de elementos que consideramos importantes.

El Vals de las Cenizas

Lamia, Reina del Sur –y una de las emperatrices de las tinieblas- ha llegado a Sunnydale junto a un maorí rudo que se muestra impaciente. Su viaje tiene un único objetivo: el maorí luchará contra el rival que ha escogido Lilith, la hermana de Lamia, en un rito llamado “el vals de las cenizas”, una especie de invocación a las supremas fuerzas que viven en el centro de la tierra. Se ha escogido Sunnydale, puesto que allí está ubicada una de las bocas del infierno, y la noche dispuesta para el ritual será muy pronto.

La llegada de Lamia y su poderoso guerrero coincide con la de Jane –sobrina de Rupert Giles, el bibliotecario consejero de Buffy-. La hermosa chica, estudiante de arqueología, ha decidido tomar unas vacaciones en Sunnydale y, por la edad de Buffy y sus amigos, se espera que pueda llevarse bien con ellos. Así pues, Xander, Buffy y compañía recogen a la muchacha en el puerto, y empiezan a compartir secretos; uno de ellos, importante, es que Jane se muestra muy interesada en la boca del infierno que hay en aquel pueblo, y sobre la cual ha hecho algunas investigaciones.

Poco después, se inicia la acción. Buffy y Ángel se reúnen en el cementerio, con tan mala suerte que aquella noche los vampiros se encuentran de muy mal humor: atacados, deben defenderse, pero pronto comprueban que hay una fuerza superior en ellos. Se trata de Lilith y el poderoso guerrero que ha escogido esta reina para enfrentar al maorí de su hermana Lamia. Sucede, pues, una batalla entre ambas partes que tiene como consecuencia la captura de Ángel y la muerte del guerrero de Lilith a manos de Buffy.

Inquieta por la situación, y bastante golpeada, Buffy se dirige al despacho de Rupert, en donde cuenta a él y sus amigos todo lo sucedido. Entonces se inician las investigaciones: se descubre que Lilith fue la primera esposa de Adán, que bebía sangre y se comía a los niños, la mayoría de los cuales se tornaba vampiros. La situación se muestra, así, poco halagüeña, ya que el enemigo no es esta vez un vampiro normal, sino la madre de todos ellos. Lo peor de todo es que mientras se sacan en limpio estas cosas, en el interior de la tierra, todavía reponiéndose del violento encuentro, Ángel, debido a la muerte del guerrero que tenía dispuesto Lilith para el enfrentamiento con su hermana, podría ser destinado a tomar su lugar en el ritual, sin importar que se trate de un vampiro con alma.

De otra parte, Jane, la intrépida sobrina de Rupert ha convencido a Xander y Willow para que la acompañen a un túnel subterráneo en donde prevé se encuentra la entrada al infierno. La idea tendrá para ellos serias consecuencias, pues habrán de sobrellevar el ataque de diversas clases de criaturas. Lastimosamente, Xander, Willow y Cordelia -quien había llegado al lugar buscando a su novio- son capturados por una de aquellos seres y llevados a donde Lilith. Sólo Jane logrará escapar del feroz enfrentamiento.

Entretanto, en el interior de la tierra se prepara todo para el vals de las cenizas: el salvaje maorí de Lamia se enfrentará con Ángel, todo ello como preámbulo a la invocación del gran poder que dormita en el subsuelo. Sin embargo, Buffy, enterada ya por boca de Rupert de la compleja situación, se ha puesto en marcha y espía el tenebroso encuentro. Temeraria como siempre, decide retar a las dos hermanas, tomando el lugar de Ángel en la batalla contra el maorí; ellas, las hermanas, aceptan la proposición y una sangrienta batalla se desencadena.

De ganar Buffy, podrá escapar con todos sus amigos capturados, pero de perder, será el festín de todas las criaturas que esperan impacientes el desarrollo el combate. Los golpes, empalamientos y sangre no se hacen esperar, y a pesar de lo grande y malévolo del guerrero de Lamia, Buffy consigue salir victoriosa; sin embargo, no se puede confiar en la palabra de una reina de las tinieblas; la misma Lilith se levanta enfurecida ante la muerte de Cecil –el maorí- e inicia la invocación de su amo Azogg-Mon, la más perversa y gigantesca monstruosidad que haya visto en su vida Buffy. Debe decidirse: correr, poner a salvo a sus amigos, o enfrentar a la criatura; pero cualquier cosa que decida debe hacerse con premura, puesto que el infierno se empieza a desatar sobre Sunnydale.

Lamia y Lilith

Sheldon en la serie, y Brereton en el cómic han decidido jugar en El Vals de las Cenizas con dos de las figuras más representativas del vampirismo femenino. Ambos personajes de origen mitológico, aunque de distinta naturaleza, encuentran en la historia el escenario perfecto para aunar fuerzas con miras a un único objetivo: invocar al poderoso Azogg-Mon o, lo que es lo mismo, abrir la boca del infierno.

Lamia, de tradición grecolatina, ha sido considerada por mucho tiempo como uno de los antecedentes más importantes que se tiene sobre vampiresas. Su nombre es tan importante que, incluso, tiene tras de sí una especie de criaturas que responden a su nombre: las lamias. Por su parte, Lilith, de origen hebreo, es tal vez el rastro más antiguo de rebeldía que poseen los judíos: no sólo renunció voluntariamente al paraíso, sino que también se la considera la pesadilla de los niños y, aun de los hombres.

Puestas en el cómic como reinas de las tinieblas, representan uno de los poderes más fuertes a los que haya tenido que enfrentarse Buffy Summers. Ella, que hasta entonces había peleado con hombres lobo o vampiros de mediana fuerza, ahora tiene que vérselas con las madres de todos esas criaturas, es decir, con los vampiros más viejos y, por ende –como lo recuerda el mismo Rupert-, los más crueles. Lamia y Lilith son las verdaderas cabezas del clan de los vampiros, y como si esto no fuese ya de por sí una cosa preocupante, han venido a invocar una fuerza superior a través del vals de las cenizas.

Pero he aquí que esto habría de significar para la historia una pelea muy distinto a las tradicionales de la serie. Resulta un tanto engañoso creer que el hecho de no conocer con anterioridad una potencia semejante a la que pueden engendrar las hermanas Lamia y Lilith no exija de parte de Buffy una forma particular de plantear la batalla. Esta es una falla del cómic, ya que la lucha que tiene la heroína es muy cercana a sus tradicionales encuentros con los vampiros.

Todavía menos creíble resulta descubrir al final de la historia que Lilith, la vampiresa que ha invocado al gran Azogg-Mon, pueda tener más poder que el mismo monstruo. ¿Por qué, si esto es así, se considera necesaria la invocación? Es un poco tonto creer que yo traeré de las profundidades de las tinieblas, a través de un ritual que exige bastantes condiciones, a un ser menos poderoso que yo. La única posibilidad que existiría para que esto sucediera tendría que ser buscar ponerlo a mi servicio, esto es, tener en mente que lo usaré para satisfacer mis deseos, pero en este caso la criatura dejaría de ser el dios, ya que los papeles se invertirían.

Hay algo, pues, de fútil en el final de la historia, que –como se dijo- se suma a lo apresurado con que se resuelve la situación. A esto se suma el papel de Jane, quien llega del extranjero planteando en un principio ciertas pistas para la historia y proyectando un papel más o menos protagónico, pero que se va perdiendo indefectiblemente hasta no aportar mayores cosas en el cierre. En conclusión: unos buenos dibujos y un argumento interesante que por problemas de enfoque no termina de convencer cuando concluye.
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El Vals de las Cenizas no es una lectura inútil, pero seguramente puede gozarse de mejores, al menos a nivel de trama, en los muchos números que se han editado de la serie.

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