AUTOR: Selma Lagerlöf
TÍTULO: El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson A Través de Suecia
EDITORIAL: Orbis, S.A. (Primera edición)
AÑO: 1983
PÁGINAS: 298
RANK: 10/10




Por Alejandro Jiménez

Muy pocas veces un libro escrito por encargo ha tenido tanto éxito como éste. A principios de siglo, el gobierno sueco pidió a Selma Lagerlöf (1858-1940) un texto que pudiese ser utilizado en las escuelas para la enseñanza de la geografía, y el resultado fue El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson A Través de Suecia (1907), una obra que logró trascender su propósito primario, y se instaló en un espacio mucho más profundo de la cultura sueca, que desde entonces no ha dejado de reconocerle su justo valor para las letras nacionales.

Se le ha leído mucho, ya no sólo en Suecia sino en todo el mundo y, hoy por hoy, es un clásico de la literatura. En mi opinión, no podría ser de otra manera, puesto que el libro es un lugar excepcional de encuentro entre la historia, las tradiciones, las costumbres, los paisajes y la idiosincrasia del país escandinavo. Una historia que se ha vuelto universal porque convirtió la particularidad de su contexto en un escenario en el que podemos descubrir al otro, mientras hacemos lo propio con nosotros mismos.

La historia de Nils Holgersson es toda una aventura épica. Narrada con un tono vivaz y un estilo bastante limpio, está impregnada de ese hálito misterioso que caracteriza los relatos de fantasía. Tal es la fuerza y belleza de lo que tiene para decirnos que su lectura puede traducirse en el resquebrajamiento de nuestras razones, de nuestros paradigmas, en el develamiento de naturalezas distintas a las evidentes, pero no por ello menos ciertas a la hora de responder las preguntas por el hombre y el mundo. Su historia es mágica e imponente como aquellas cosas cuya sola presencia resulta deslumbradora.

Es así que escribir sobre este libro es un poco desvirtuarlo, no porque lo dicho carezca de sentido, sino porque lo que hay que hacer es ir a él, sin miramientos ni preámbulos, persuadido de que contiene, más que aventuras de personajes entrañables, un basto panorama de imaginación humana. Esta condición de la obra, obviamente, deviene de la experiencia que por allá desde La Saga de Gösta Berling (1891) fue adquiriendo Lagerlöf en la creación de relatos que dan cuenta del inventario de seres que pululan en la tradición escandinava: ondinas, duendes, animales fantásticos y demás.

Estos seres, personificados de forma inmejorable en El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson A Través de Suecia, están atravesados por dos líneas de reflexión: la moral y el ambiente. En efecto, es posible rastrear en la obra una preocupación de orden moral –no religiosa-, especialmente en lo que se refiere a la constitución del joven Nils en héroe, y la crítica hecha a ciertos aspectos sociales y; por otro lado, una preocupación de orden ambiental, tanto de conocimiento geográfico como de cuidado de algunas zonas atacadas por el hombre.

Lo que intentaré aquí es, precisamente, estudiar algunos de estos elementos, para lo cual propongo la siguiente ruta de trabajo: 1. Hacer una síntesis de la historia, 2. Analizar el modo en que se vinculan la tradición y la fantasía con la aventura narrada en el libro, 3. Considerar algunas pistas sobre la heroicidad del protagonista y, 4. Observar algunas críticas que hace la autora a conductas psicológicas e históricas de los hombres. Insisto, para cerrar este apartado, en la gran capacidad creadora de Selma Lagerlöf, celebrada ya en su tiempo, cuando se le otorgara el Premio Nobel de Literatura en 1909, siendo ella la primera mujer en recibirlo.

De la Escania a Laponia, ida y vuelta: el viaje de Nils Holgersson

Al sur de Suecia, en Vemmenhög, vivía un joven llamado Nils Holgersson. Cierto día, mientras sus padres estaban en la iglesia, el muchacho descubrió a un duende. Lo capturó. Pensaba ocuparse de él en alguna de sus acostumbradas jugarretas; sin embargo, de un momento a otro, fue encantado por el duende, quien lo convirtió en uno de los suyos, es decir, en un hombrecito de apenas un palmo de altura. Sorprendido de su nueva condición, Nils no pudo hacer otra cosa que correr por los corrales de la granja buscando el auxilio de los animales, pero nadie quiso ayudarle, puesto que desde siempre el joven se había mostrado malvado con ellos, castigándolos, haciéndoles bromas, etcétera.

De repente, cruzó por aquel lugar una bandada de patos silvestres. Como es costumbre cuando empieza la primavera, los pájaros iban desde el sur para anidar en las lejanas tierras del norte. Martín, el pato doméstico de la granja Holgersson, anhelaba marchar con sus camaradas salvajes, de modo que se apresuró a zarpar con ellos. El pequeño Nils, quien trató de impedir que su pato huyese agarrándolo de la cola, fue tirado hacia arriba junto al animal, y una vez allí, no tuvo otra posibilidad que agarrársele del cuello. Entonces su aventura junto a la manada de pájaros empezó.

Los patos volaban hacía Laponia y, como es lógico, habrían de atravesar toda Suecia. Es curioso pero, después de la natural inquietud del principio, Nils –a quienes los patos llamaron Pulgarcito- se sintió muy cómodo entre la manada; siempre había sido un chico retraído y pusilánime, de suerte que esta inopinada travesía vino a despertar en él un nuevo espíritu. Por demás, de no toparse otra vez con el duende, tendría que olvidarse de la idea de ser un hombre y conformarse con su nueva condición.

Así pues, los patos viajaron por toda la Escania –el lago Vombsjö, Kristianstad, Kalskrona, y las islas Öland y Gotland-. El paisaje resultaba familiar para Pulgarcito, toda vez que en un sitio como aquellos había transcurrido su niñez. Pero pronto la naturaleza y el carácter de la travesía mudaron de aspecto: los territorios mostraron cosas desconocidas para Nils –aserraderos, extensos lagos, planicies inabarcables-, y episodios llenos de acción empezaron a sucederse. Uno de ellos ocurrió un día en el que la manada fue atacada por la zorra Esmirra; alertados por Pulgarcito los patos lograron escapar, pero, desde ese momento, la zorra los persiguió a lo largo de la costa buscando apresarlos, a ellos, y al hombrecillo que los acompañaba.

Esta prueba de valor fue agradecida por Okka, la pata líder de la manada, quien en compensación habló con el duende que había encantado a Nils para que le restituyera su condición. Mas, Nils empezaba a disfrutar tanto el viaje y había prometido a su pato Martín –el único blanco y doméstico del grupo- que lo acompañaría hasta Laponia, que decidió no regresar a Escania, sino continuar su viaje. Y es que, en efecto, ya iban por Blakinge, en Esmaland, y algunas semanas después por Sudermania y Örebro.

Poco a poco, y a golpes de necesidad, Nils Holgersson “Pulgarcito” se convirtió en héroe de los patos y su fama corrió por muchos rincones de Suecia: salvó al castillo de Glemminge de la invasión de las ratas grises, rescató a Martín cuando fue raptado en Vittskörle, alertó muchas veces a la manada del regreso de Esmirra, escapó de las cornejas cuando estás fueron convencidas por la zorra para utilizarlo, y hasta colaboró a sus amigos Asa y Mats –como él, cuidadores de patos- haciéndoles más llevadero el camino que recorrían hacia el norte en busca de su padre.

La nueva buena llegó hasta oídos del duende, quien prometió quitar el hechizo de Nils una vez éste regresara de Laponia, trayendo sano y salvo al pato Martín. Entretanto, la travesía que ya sumaba unos cuantos meses continuaba: Ludvika, Falun, el lago Mälar, Upsala, Estocolmo, y toda la zona central de Suecia iban quedando atrás. El clima ora mejoraba, ora empeoraba, aunque lo que mayor impresión causaba en los patos, era lo mucho que hacía Nils para servir a hombres y animales. Él, por su parte, conocía tantas cosas que su cabeza se ponía pesada: ciudades que fueron enterradas como castigo a su pomposidad, jardines hermosos que aparecían durante la noche en medio de los bosques, o fogatas gigantescas que crecían en medio de las colinas.

Ljusnan, Sundvall, Ängerman y, sin darse cuenta, entraron en Laponia a finales de la primavera para empollar. Nils estuvo encantado, se sorprendía de la vida de los lapones, de las muchas minas y zonas secas de la región, de lo diferente que son estos territorios rocosos y madereros de los de Escania, en el sur, en donde hay llanuras verdes extensísimas. Pero como siempre, el tiempo pasó muy rápido cuando se viven cosas de este tipo y, en un abrir y cerrar de ojos, a las espaldas de Martín como siempre, volaban de regreso hacia el sur, pensando en todo lo que había conocido, y lo mucho que podría conocer si en vez de volver a ser hombre, continuase con los patos hacia el báltico y el sur.

Después de la cruda zona de Norrland, el gran lago Vänern le señaló el regreso definitivo a su tierra. Hubo tiempo, por supuesto, para recorrer todo el suroeste sueco, antes de arribar nuevamente a Vemmenhög. Allí lo esperaba su familia, venida a menos, y envuelta en una crisis sin precedentes. La decisión no era fácil dado que, de dejarlos, extrañaría demasiado a Okka y los otros patos, pero de quedarse, habría de soportar la muerte de Martín, pues ésta había sido la condición del duende para rehumanizarlo. Sin embargo, es posible para todo encontrar una tercera alternativa –eso lo aprendió muy bien de Bataki, el cuervo, que tantas historias le contó a Nils-, y la que descubrió nuestro personaje fue bastante especial.

Tradición y fantasía en El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson A Través de Suecia

A lo largo de las páginas del libro no sólo tiene lugar la aventura del pequeño Nils Holgersson, sino también muchas otras que sería engorroso enumerar. Lo que sucede es que Selma Lagerlöf las ha desperdigado a modo de explosión y uno se las encuentra como tesoros que van surgiendo a cada tanto. Esas aventuras tienen una gran característica, y es que en ellas se vincula tradición y fantasía: hay ciudades que fueron fundadas o desaparecidas por encantamiento, ondinas y animales que legaron importantes enseñanzas a los hombres, cuentos y relatos que enriquecen la inmediatez de lo real.

Se trata de historias que son de conocimiento popular, y que Nils escucha de la boca de un cuervo o un águila, de las conversaciones de los hombres, o de revelaciones mágicas y sueños. Sucede así, por ejemplo, cuando Nils espía cierto diálogo en el que se habla de Öland, la isla sueca:

“Una vez hubo una mariposa que medía varias millas; sus alas eran anchas como lagos, azules como reflejos de plata, y tan bellas, que los otros animales se detenían a contemplarla cuando volaba. La desgracia quiso que llagara a ser demasiado grande. Sus alas sosteníanla difícilmente. Mas todo hubiera ido bien si hubiese tenido la prudencia de no volar más que sobre la tierra; pero un día se aventuró sobre el Báltico y a poco el aire de la tempestad azotaba sus alas. Ya adivinarás, Erik, lo que debía ocurrir, estando expuestas las gráciles alas de la mariposa al furor de una tempestad en el Báltico. Las ráfagas de viento le arrancaron las alas, arrastrándolas lejos, y la pobre mariposa cayó al mar. Y llevada y traída por las olas fue a morir sobre algunos escollos de la costa de Esmaland, donde yace tendida a lo largo.
Yo supongo, Erik, que si el cuerpo de la mariposa hubiera reposado sobre la tierra, hubiérase pronto convertido en polvo; pero como cayó en el mar se ha impregnado de cal y sus restos son duros como la piedra. Recuerda las piedras que hemos encontrado en la ribera y que no son más que gusanos petrificados. Creo que esto mismo es lo que le ha pasado al cuerpo de la mariposa grande y hasta pienso que se ha transformado en una roca larga y estrecha que hay en medio del Báltico” (Pág. 86)
Una isla que no es otra cosa que una mariposa muerta; y como ésta, muchas otras historias que hablan de hombres y lugares atribuyéndoles cualidades realmente fantásticas: Vineta, antaño, una ciudad muy rica, fue castigada por su pomposidad y permanece hundida en lo profundo del Báltico, reapareciendo cada cien años; se piensa que su encantamiento sólo se romperá cuando alguien testigo de su aparición compre en ella cualquier cosa. En Sörmlandia, el bello parque del príncipe Carlos reaparece en las profundidades del bosque y, sin duda, su belleza es deslumbrante porque su dueño fue condenado a cuidarlo hasta que pueda convencer a otro de ocuparse de su trabajo.

Lo que sorprende del tratamiento que hace Lagerlöf de esta clase de intertextualidad es su sutileza. Los cambios son perfectamente imperceptibles; no es un río revuelto que va y viene sin ninguna dirección, no, más bien, una delicada tela que se va nutriendo de esto y de aquello, sin el mínimo toque de brusquedad. Su extensión varia de sobremanera, pero aun los relatos que ocupan más líneas no terminan por desviarse de la trama. Y también varía su finalidad: a veces sirven para mostrar las características de una zona o un grupo de personas, otras, para debatir cuestiones axiológicas.

Resulta una mixtura muy bonita y muy bien lograda; por un lado, un gran movimiento épico que se expresa por medio de las acciones de Nils Holgersson, quien, al modo de Ulises, parte, viaja, se enfrenta contra toda serie de adversidades, se divierte, se consterna, se erige como héroe, funda y destruye, todo para volver al lugar en el que nació y; por otro lado, un plano fantástico-tradicional que recoge una historia y una cultura, similar a como lo hicieran un siglo antes los hermanos Grimm.

La carga fantástica de la obra es tan amplia en matices que, incluso, da para que la autora misma aparezca en uno de los capítulos del libro –XLIX- y discuta con su personaje cuestiones que tienen que ver con la historia misma. Si Unamuno utilizó este recurso una década después en Niebla, aquí Selma Lagerlöf ya lo hacía, dedicándole algunas páginas para narrar la manera en la que la idea de escribir su libro, no llegó a esclarecerse hasta el instante en que, de vuelta a su natural Värmland, tuvo la suerte de encontrarse con el hombrecillo que le refirió la historia que luego escribió. “Qué suerte haber encontrado a alguien que ha recorrido toda Suecia montado en un pato”, nos confiesa, “no tengo más que escribir (su) historia para poder hacer ese libro que tanto me ha preocupado”.

Nils Holgersson, héroe

En El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson A Través de Suecia opera una transformación radical en la vida de su protagonista: de muchacho, circunspecto y malvado, pasará a ser un héroe, un hombre de moral alta y conducta valiente. El proceso es intrincado en principio, pero tan contundente después de las primeras afirmaciones, que ya no parecerá tener reverso. Con las descripciones iniciales de la novela, Lagerlöf dibuja la situación a la que nos enfrentamos: Nils es un jovenzuelo desmadejado, que no sirve para nada, inclinado a los juegos y de instintos perversos. La única posibilidad para que alguien con estas cualidades pueda cambiar, debe ser una aventura significativa.

Y eso es justamente su viaje con los patos: una aventura arrolladora. El no sentirse ayudado por los animales de la granja y, después, incluso, por los salvajes, revela un primer hecho: su comportamiento hasta entonces ha dejado mucho que desear, y nadie debe a él otra cosa que no sea fastidio y desconfianza. Ahora, cuando su supremacía física ha mermado, y se halla de igual a igual, o en desventaja frente a los animales, reconoce que necesita transformarse en aras de su beneficio y el de los otros.

Una vez Nils hace su primera gran obra, el ímpetu mismo de sentirse bien lo llevará a continuar ese camino: salvará a la manada de patos de sus enemigos, combatirá contra las fieras del bosque, castigará verdugos y salvará víctimas, luchará contra los taladores de bosque, hará concientizar a quienes secan los lagos para cultivarlos y demás.

Sin embargo, el rasgo que mejor expresa la heroicidad de Nils Holgersson no es su valentía, aunque este sea un punto de extrema importancia, sino la configuración de una moral incorruptible. Y es que en muchas ocasiones Pulgarcito se verá seriamente afectado por la falta de fuerza y hasta por sus propios miedos; en esos momentos, sólo la moral del héroe –el saber que trabaja por la justicia, la defensa de los abusos, etcétera- y la necesidad de persistir en ella, hacen que no de un paso atrás. Para mostrar el alcance de esta situación quisiera traer a discusión dos ejemplos.

El primero es Vineta. Esta es la ciudad que ha sido sumergida a causa de su presunción. Nils tiene la suerte de entrar en ella el día en que, sobre la tierra, reaparece en busca de romper su hechizo; pero como él no tiene ninguna moneda con para comprar algo allí –con lo cual el encantamiento terminaría-, la ciudad vuelve a hundirse hasta dentro de cien años. Pues bien, el no poder salvar esta ciudad tendrá como consecuencia un profundo cuestionamiento moral del personaje: ¿Cómo es posible que, teniendo la oportunidad, no haya podido mejorar la suerte de todos aquellos condenados? Él, Nils, se increpa y cae en constantes cavilaciones, hasta que con ayuda de los patos puede reconocer una dimensión de la verdad: es mejor que Vineta permanezca con todo su esplendor en el fondo del mar a que se convierta en una vieja decrépita y marchita como otras ciudades.

El segundo ejemplo corresponde a los estudiantes de Upsala. Un joven ha entregado a su compañero unas cuartillas que ha escrito, pidiéndole que las lea; en caso de que sean de su agrado, debe devolvérselas, sino quemarlas. Él, las ha leído, pero descuidándose un momento ha perdido varias de ellas en una ráfaga de viento, y no tiene ahora cómo probar que en verdad le gustaron y que nos la quemó. Entristecido, su amigo piensa que no han sido de su agrado y se postra en una cama. Entonces, Bataki –el cuervo- hace una proposición a Nils: si convence al estudiante que ha perdido los folios de que se cambie por él, podrá ser hombre de nuevo. Y he aquí que los valores de nuestro personaje no le permiten hacer esto porque cambiarse por el joven aquel sería tanto como sumergirse en la tristeza, ya que no puede redimirse frente a su amigo. Por el contrario, y aprovechando que el cuervo conoce el paradero de las hojas, las recupera, las entrega al estudiante, y soluciona el problema.

Como se ve, los análisis de Lagerlöf no están solamente centrados en el muchacho que a fuerza de los acontecimientos tiene que salvar el pellejo propio y el de los suyos a través de cientos de estratagemas; también se ocupa de los problemas morales que las decisiones comportan para Nils. Y ya que esto no tiene como base orientaciones de orden religioso, sino de sentido común y justicia política, lo que podemos tomar de ellos tiene una envergadura increíble.

La crítica psicológica e histórica de la novela

Estamos en la Suecia de principios de siglo, heredera de la compleja cadena de transformaciones industriales ocurridas en el XIX. Por tal razón, hay una pregunta abierta por los límites a los que puede llegar la proliferación de fábricas madereras, el secamiento de lagunas y la explotación minera. Con mucho cuidado de no perderse por las hondonadas de la literatura social, Selma Lagerlöf problematiza varios de estos aspectos y los vincula a la propia aventura que viven los personajes de la historia.

Está claro, por un lado, que todos estos problemas pueden encerrarse bajo la reflexión sobre el uso que hace el hombre de los recursos naturales y, por otro, que esta reflexión se relaciona, a su vez, con implicaciones psicológicas. Así, lo que hace Lagerlöf es mostrar personalidades y situaciones. Hay muchos hombres perversos en el país; avaros y sin escrúpulos, explotan el suelo y los campos como mejor les parece, sin preguntarse alguna vez por la suerte de los animales que en ellos viven. Se construye de este modo una visión correlativa entre caracteres y acontecimientos.

En su viaje, Nils Holgersson es testigo de varias cosas: 1. De cómo los hombres secan los lagos, es cierto, a veces por necesidad, pero otras también, por expandir simplemente el territorio; 2. De cómo se cazan pájaros, ciervos y toda clase de animales, tanto por hambre como por mero vicio; 3. De cómo los terratenientes reúnen tras de sí lo que podría ser para muchos y; 4. De cómo árbol tras árbol caen en el apetito irrefrenable de madera o minerales. Y, por otro lado, también es posible percibir cierta crítica de Lagerlöf a la migración de campesinos a las ciudades, debido a la falta de condiciones para su trabajo, y la falta de reconocimiento de distintas formas de ver el mundo, cosa especialmente percibida con relación a lo poco deferente con que se mira al lapón en el centro y sur de Suecia.

Me parece que esta crítica social y psicológica, así como sucede con el recurso de la intertextualidad narrativa, se encuentra altamente logrado en la novela. Haría mal en afirmar que es su prioridad, cuando se trata de un elemento de la coyuntura, pero también sería injusto deducir que por no ser su interés central, la tarea que hace la autora al respecto es inútil, máxime cuando se conoce que Lagerlöf estuvo siempre muy interesada en estas cosas, esto es, en la defensa de los recursos de la tierra, y los derechos de los ciudadanos por los que luchó, principalmente, cuando el espíritu del nazismo empezaba a invadir Europa.
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Concebida desde una lucidez abisal, y llena de magia y aventura, El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson A Través de Suecia tiene la contundencia de las grandes revelaciones.

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