AUTOR: Francisco Cabrera (fotografía), David Sergio (argumento)
TÍTULO: Foto Misterio No. 6: El Sembrador de Ultratumba
EDITORIAL: Editora Cinco, S.A. (Primera edición)
AÑO: ¿?
PÁGINAS: 32
RANK: 6/10
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Por Alejandro Jiménez

México es, sin duda, el país latinoamericano con mayor tradición en la cultura del tebeo. Esto se debe, por un lado, a haber sido uno de los primeros países en traducir y distribuir los cómics norteamericanos, pero también, por otra parte, al hecho de fortalecer toda una industria editorial y creativa en torno a ideas y personajes propios. Kalimán, Águila Solitaria, Arandú, Samurai, entre otros, constituyen páginas memorables de esa historia, hoy día terriblemente olvidada, pero que es la única a la que podríamos referir como verdaderamente nuestra. La otra, concentrada de forma casi exclusiva en los universos DC y Marvel, tiene un origen y proyección particulares.

Dentro de eso que podríamos entender como la búsqueda de identidad de la historieta mexicana y de sus publicaciones, las colecciones de foto-tebeos figuran en un lugar privilegiado. Lo más posible es que muchos de nosotros recordemos –y ello no exento de nostalgia- a uno de sus personajes más representativos: El Santo. Sin embargo, las series de foto-tebeos fueron muchísimas y de variada índole: acción, terror, romance; y no sólo eso, sino que además, permitieron la consolidación de ciertas dinámicas entre fotógrafos, libretistas, escenógrafos, personajes-actores, casas editoriales, etcétera; todo ello amén de una exploración muy interesante de la forma, los efectos, los juegos de imágenes, las alternancias y las superposiciones.

Pues bien, en ese panorama antes descrito, emerge esta colección de terror Foto Misterio: Escalofriantes Relatos del Más Allá. Se trata de una serie de la que no sé con certeza cuántos números fueron editados, aunque debieron ser más de treinta y tres, y que fue publicada de forma quincenal por Editora Cinco. Hay que tener en cuenta que, a pesar de que esta editorial era colombiana, la mayoría de sus productos fueron importados; así sucedió, por ejemplo, con Orión, Samurai, o el mismo Santo. De cualquier forma, y aunque las historias de la serie fuesen de factura mexicana, Editora Cinco garantizó la distribución de estas publicaciones para una parte considerable de Suramérica (Ecuador, Bolivia, Chile, Perú, Uruguay).

El año de publicación tampoco puede precisarse, puesto que en ninguno de los ejemplares aparece; lo más posible es que corresponda a las décadas de los setentas-ochentas, período de auge de la editorial y de la misma industria del cómic en México y Colombia: en 1977 Editorial Icavi reimprimía para Colombia Apolo (foto-tebeo mexicano de los sesentas), Kapak –una de los primeras experiencias con esta técnica en nuestro país- se empezaba a editar para la misma época, y las colecciones pulp de El Santo se vendían por montones en las reediciones que hacía Editora Cinco de la historia mexicana.

Así mismo, habría que decir otras dos cosas. En primer lugar, los actores que participaron en los diferentes números de la colección, variaban bastante en relación con su talento (expresión y movimiento); algunos de ellos hicieron parte de varias historias, es el caso, por ejemplo, de Ignacio Gómez e; incluso, hubo la oportunidad de vincular reconocidos personajes como Scorpio, el famoso luchador mexicano que hizo parte del No. 16: La Momia Sin Cabeza. En segundo lugar, y esto a pesar de la precariedad con que deben haberse realizado los procesos de edición y montaje, la serie estuvo muy bien lograda y sus historias –unas más que otras- llegan a estar al nivel de los argumentos del cine de suspenso o terror.

Este ejemplar que presentamos, número 6 de la serie, titulado El Sembrador de Ultratumba, permite dar cuenta de algunas de las características que han quedado enunciadas. Participaron en la historia Al Soárez y Tere Olmedo, como personajes principales, además de una nómina reducida de actores secundarios. La fotografía y el libreto –como todos los de la serie- estuvieron a cargo de Francisco Cabrera y David Sergio. La escenografía, edición y todo lo demás quedó, como siempre, en el anonimato. A nuestro parecer, el argumento de este número corresponde más a una historia de suspenso que a una de terror. Sin embargo, utiliza bastantes elementos de este último género como son la brujería, el zombismo o la muerte. A continuación quisiéramos reseñar brevemente su contenido para realizar con base en él un pequeño análisis.

El Sembrador de Ultratumba

Francisco Valdez es un tipo de buena posición social que gusta de la caza. Cierto día se interna en el bosque, y ante la falta de animales que despierten su interés, termina por dormirse. Sin embargo, una voz que pide auxilio desde la ribera interrumpe su reposo, y se ve obligado a acudir a ella prontamente. Allí, se encuentra con un enano, atrapado debajo de un árbol que amenaza con hundirlo en el agua. Francisco ayuda al extraño hombrecillo que, luego de agradecer por salvarle, le confiesa ser un gnomo.

La apariencia del enano es inquietante, pero no parece ser suficiente para convencer a Francisco de que en realidad se trata de un duende. De modo que el enano se propone demostrar su naturaleza: misteriosamente provoca fuego sobre el mismo árbol que antes lo aprisionara y baila y ríe sobre él, sin que el fuego le cause daño alguno; luego toma la escopeta utilizada para la caza y se dispara en la boca, sin que tampoco ocurra nada. La estupefacción es total, y nuestro personaje empieza a creer la historia. Así, finalmente, para pagar el favor recibido –el agua es lo único que puede matar al duende-, el hombrecillo regala a Francisco dos semillas de la vida, capaces de despertar a cualquier muerto una vez se pongan sobre la tierra en donde se encuentra sepultado.

Tres años después, y con esta experiencia casi olvidada, Francisco y su esposa Diana reciben una fatal noticia: su hijo Carlos ha sufrido un accidente y, como consecuencia, se ha formado un coágulo en su cerebro y, lo peor, el único médico –Doctor Hondall- que podría salvarlo de una muerte inminente falleció hace un tiempo. La situación hace recordar a Francisco aquellas semillas que le regaló el gnomo, y una idea empieza a dibujarse en su cabeza. Diana trata de disuadirlo pensando que su esposo utilizará las semillas con su hijo, una vez este muera, pero lo que tendrá que comprender es que una de las dos semillas será utilizada, no para revivir a su hijo, sino para traer desde la muerte al único médico que podría salvar a Carlos.

En efecto, esa misma noche Francisco acudirá al cementerio y, para su sorpresa, aquello que parecía una fantasía, en realidad funciona: el médico Hondall revive, primero con una apariencia horripilante, pero paulatinamente recuperando su aspecto normal. Enterado de la situación, y cambiada su identidad a la de Doctor Williams, el resucitado médico trepanará al hijo de la pareja y salvará su vida. Pero él, después de cumplirse el deseo bajo el que fue revivido, volverá a morir inevitablemente; cosa que no importa a Francisco ni a Diana puesto que, sin el menor escollo, esconden el cadáver del médico en su casa de campo.

Algunos años después la tragedia vuelve a cernirse sobre la pareja. Esta vez se trata de Diana, quien a causa de un doloroso cáncer, ha fallecido. El médico trata de alertar a Francisco sobre el profundo sufrimiento que causaba la enfermedad a su esposa, y el descanso que vino a procurarle la muerte; mas, cegado por la soledad y el desconsuelo, un mes después de la muerte de su esposa, el perturbado hombre se decidirá a utilizar la segunda semilla dada por el gnomo. Atento a lo que había sucedido en el primer caso, sabrá que para tener a su lado a Diana por el resto de la vida, debe pedir que su resurrección se extienda hasta la misma muerte de él. Pero “no podía imaginar que al revivir al ser que amaba, volvía a la vida a su propio asesino”.

Sobre la utilización de las imágenes

Hay que destacar, como mencionamos antes, que a pesar de lo limitado de la producción de la serie, sus números fueron siempre muy bien logrados. En contraste con el cómic tradicional, incluso con el mismo tebeo mexicano de series como Muertes Trágicas –que ya hemos reseñado antes-, en las que a pesar de la libertad que ofrece el dibujo, el esquematismo es casi siempre la norma, El Sembrador de Ultratumba juega con muchas posibilidades de tratamiento de la imagen.

Sucede que la fotografía –y esto a pesar de que todos los números fueron editados a blanco y negro- permite alcanzar las dimensiones de espacio más fácilmente. En esto sí que debe valorarse el trabajo de Francisco Cabrera, que trabaja desde muchos planos la consecución de la imagen: planos generales (para dar idea del ambiente: bosque, calle, hospital, cementerio), planos medios (para situar elementos particulares: escopetas, radiografías, muebles), o primeros planos (para resaltar expresiones: miedo, alegría, sorpresa, desconfianza). Y aún más, el número se arriesga con fotografías posteriores, inclinadas y demás, que dan mucha variedad al relato audiovisual.

Tal vez el único problema que podríamos encontrar en el tratamiento de las imágenes es la edición que se hace de los cuadros de texto, puesto que estos están ubicados en ocasiones en partes claves de la fotografía y, por lo mismo, impiden reconocer algunos aspectos que podrían ser interesantes: fondos, líneas de expresión, escenografía, etcétera. Sólo eso, porque los espacios en los que se desarrollan las acciones del tebeo están muy bien equipados, contextualizan la situación narrativa, y permiten crear un todo que se expresa por sí mismo (las escenas del cementerio son interesantes en este sentido).

En cuanto a la actuación de los personajes cabe destacar la del gnomo, porque su personaje está muy bien caracterizado, las facciones de su rostro son acordes al parlamento que desarrolla, y sus movimientos y vestuario merecen un alto puntaje. Acaso sea el personaje de Diana el menos memorable, puesto que durante buena parte del tebeo se dedica a repetir una y otra vez, en cada fotografía, una sola forma expresiva, la tristeza, cosa que llega a aburrir.

Sobre el marco argumentativo

El Sembrador de Ultratumba desarrolla una trama envolvente: un principio que resulta cómico e inusual, de ritmo lento, que desemboca en un enclave de precisión argumental (el uso de las semillas), para concluir, finalmente, en una narración rápida sobre las consecuencias de lo que deciden los personajes. A nuestro modo de ver, y como quedo dicho, su historia está muy cercana al suspenso, sobretodo por el hecho de involucrar el tipo de crisis personales que afrontan los personajes: la posible muerte del hijo, el fallecimiento de la esposa, y que son las que impulsan a las decisiones que llevan a los espacios propios del terror, como el renacer de los muertos (zombismo), o el uso de las semillas (brujeria).

Esa relación entre suspenso y terror no es una debilidad del texto, sino una forma de vínculo entre realidades implicadas, por ello la diferencia de ritmos entre el inicio y el final (al gnomo se le dedican 10 páginas de 32) puede observarse como un abocamiento in crescendo. Los diálogos no dejan cabo suelto, pero tampoco terminan por dibujar las personalidades de los actores; quizá sólo el papel de Al Soárez -el Francisco Valdez del foto-tebeo- puede soportar un examen de este tipo, y ello porque sobre él recae el peso principal del drama, dado que soporta la idea de muerte de su hijo, la muerte de su esposa y el deseo de revivirla.
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El Sembrador de Ultratumba, al contrario de lo que señala ostensiblemente en su portada, si es aconsejable para nerviosos, al menos para el tipo de nerviosos con deseos de encontrar algo de misterio y muerte. Próxima estación: Amantes del Infierno.

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