AUTOR: John Wyndham
TÍTULO: El Día de los Trífidos
EDITORIAL: Minotauro (Primera edición)
AÑO: 2003
PÁGINAS: 317
RANK: 9/10





Por Jeimmy Peña González

“Una mañana en donde todo era distinto, tan misteriosamente distinto que llegaba a ser perturbador”, y no era para menos: un fenómeno celeste ocurrido la noche anterior indudablemente había cambiado el curso de la historia en la Tierra, siendo apenas el umbral de lo que significaría el debilitamiento de la raza humana y su posible extinción. Mucho se ha hablado ya, en la literatura o en el cine, sobre el posible apoderamiento de la Tierra por parte de otras especies, pero siempre resulta difícil saber cuándo estamos frente a una reflexión seria y cuándo sólo frente a una propuesta comercial.

Esta misma historia, por ejemplo, The Day of the Triffids (1951), ha sido adaptada a la televisión por la BBC, por la Marvel Comics en la revista Mundo Desconocido de la Ciencia Ficción y, ha llegado al cine, incluso, en películas como Exterminio y, más recientemente, en La Guerra de los Mundos. De modo que El Día de los Trífidos es algo así como la fórmula que encontró John Wyndham (1903-1969) para ser reconocido por ese gran público que, tal vez, no leyó las otras historias que había publicado en series estadounidenses tipo pulp y que, ciertamente, ya abordaban las mismas preocupaciones.

John Wyndham Parkes Lucas Beynon Harris –como sería su nombre completo- nos presenta una novela bastante interesante que, desde el principio, permite reconocer una intención clara: hacernos ver la capacidad del ser humano para adaptarse y supervivir durante un periodo caracterizado por el desorden social, la desaparición del Estado, la lucha por el poder, el dominio de los más fuertes y el quebrantamiento de todos los tintes morales. No en vano, su protagonista, Bill Masen, se plantea frecuentemente disquisiciones éticas en torno a la supervivencia personal dentro del hundimiento colectivo y, al mismo tiempo, se recrean escenas que permiten subrayar el comportamiento del Masen en situaciones extremas tales como el egoísmo, la crueldad o la indiferencia.

La historia de Bill Masen y los trífidos

A pesar de los intereses de su padre por hacer de su hijo un empleado de oficina que trabaja con la cabeza y tiene un “seguro” de vida, Bill Masen decidió ser biólogo, profesión que, ante los ojos de su progenitor, causaba sólo una profunda decepción, pero que tras la aparición de los trífidos terminó por decidirse, puesto que, además de proporcionarle un empleo y una cómoda renta, de cierta manera, les salvaría la vida.

La procedencia o el origen de los trífidos no eran muy claros; sin embargo, se creía, entre muchas hipótesis, que eran el resultado de una serie de ingeniosos cruzamientos biológicos, en su mayor parte accidentales. Lo cierto es que esta nueva especie, híbrido entre el mundo vegetal y animal, proveniente de laboratorios recónditos de Rusia, se propagó por todo el planeta y crecieron en todas las regiones. Uno de estos trífidos se instaló, precisamente, en el jardín de Bill, y bien que eran plantas extrañas y nunca antes vistas, para un biólogo como él, la “nueva” especie no fue motivo de espanto, sino de excitación, mucho más cuando notó que, tiempo después, uno de los trífidos recogió sus raíces y caminó, y todavía más, cuando notaron que el enroscado externo del tallo podía estirarse hasta alcanzar una longitud de tres metros y descargar además bastante veneno como para matar a un hombre si llegaba a tocarle la piel.

Sin embargo, a pesar de que se convirtieron en un problema, bastaba con cortarles la punta del tallo y, junto con él, el aguijón, porque de esta manera se hacían “inofensivos”, además, se descubrió que estas plantas producían uno de los mejores aceites que pudieran existir en el planeta, mejor que el más fino aceite de pescado que se conociera hasta el momento. Los trífidos entraron, pues, de un día para otro, en el reino de los grandes negocios y, por supuesto, Bill, quien tenía conocimiento sobre ellos, consiguió un empleo en el departamento de producción de trífidos a gran escala.

Por otra parte, se descubrió que los extractos eran de mejor calidad si las plantas conservaban su aguijón, de modo que en las granjas industriales se interrumpió la práctica de la poda y surgió un nuevo negocio: la producción de equipos protectores contra el aguijón de los trífidos.

Lo verdaderamente interesante de la historia comienza en el momento en que, tras una picadura con el aguijón de un trífido, Bill se encuentra en el hospital, con la cara totalmente vendada y con la impresión de que “sólo por accidente no asistió al fin del mundo”, luego de que un cometa dejara a la gran mayoría de los habitantes ciegos la noche anterior. Al contrario de la víspera, ahora, todo se encontraba en silencio y la ciudad parecía casi desierta. Bill, tras unos momentos de meditación, decide quitarse las vendas y enfrentar la realidad: empieza a ser consciente de la dimensión de la tragedia y a observar la descomposición social, encontrándose con una inquietante certeza: el final hasta ahora comenzaba:

“Nosotros podemos ver, y ellos no. Suprimamos los ojos, y nuestra superioridad de desvanece. Peor aún, quedamos en una situación de inferioridad, pues los trífidos están acostumbrados a una existencia sin ojos, y nosotros no” (Pág. 55)

Dependencia del mundo hacia un imperio

Frente a un panorama que parece no ofrecer mucho a los sobrevivientes, la angustia, la duda y la desorientación son las principales sensaciones que Wyndham transmite mediante el protagonista de la historia y, claro, el terror que se siente al pensar que se está solo en una ciudad o en el mundo. Pero pronto Bill se dará cuenta de que no es el único (hablemos no de sobrevivientes, sino de sobrevivientes videntes) y se incorpora a una nueva especie de comunidad o tribu que, de una u otra forma, sabe que el fin está cerca y que depende de ella, es decir, de unos pocos, la salvación de la especie:

“En este tiempo que ahora nos aguarda, muchos de los prejuicios que nos han inculcado tienen que desaparecer o ser transformados radicalmente. Podemos aceptar y mantener sólo un prejuicio elemental: hay que salvar la raza… Todo tiene que subordinarse, por un tiempo al menos, a eso. Debemos hacerlo todo teniendo siempre presente una pregunta: ¿Ayudará esto a preservar nuestra raza… o acabará con nosotros?” (Pág. 139)

Está claro que, en este momento, la invasión de los trífidos aún no emerge; sin embargo, tras una serie de sucesos, aparecen nuevas necesidades de reorganización y de cambio. Las diferencias son notables entre cada grupo de individuos y esto implica la ruptura de la horda inicial, la principal causa de la división es que la mayoría todavía guarda la “esperanza” de que el imperio más poderoso llegue a salvarlos, ese imperio que todo lo puede y que aparentemente está fuera de peligro, pero que a su vez, será el principal causante de los desastres que vendrán más adelante.

Y, al darse cuenta de que la invasión es inminente, la división ocurre: unos deciden aferrarse a principios morales y religiosos; otros, deciden simplemente aislarse; algunos tratan de organizar una sociedad de tipo feudal autoritario y; los últimos, le apuestan a la construcción de una sociedad racional, carente de consideraciones de tipo ético o dependiente.

Es así como Wyndham muestra claramente en El Día de los Trífidos –más allá de ser una novela de ciencia ficción-, comportamientos humanos que, de hecho, continúan estando en vigor: la agresividad homicida, la ambición sin límites, la insolidaridad, las conductas imprudentes cuando no temerarias... todo cuanto de malo hay en nuestro interior y que claramente se puede notar a lo largo de la historia, en el comportamiento de cada individuo frente a la situación de crisis, pero que serán compensadas con algunas virtudes que, aunqueabstrusas e intrincadas, no dejan en entre dicho la posibilidad de creer en la Humanidad.

El uso indiscriminado de la biotecnología

Una de las creencias más persistentes y tranquilizadoras de la raza humana ha de ser la de afirmar: “eso no puede ocurrir aquí”, como si nuestra propia época estuviese libre de cataclismos y, sin embargo, ahora, y en cada momento está ocurriendo alguno. En El Día de los Trífidos su causa parecía ser desconocida, pero se tenía la certeza de que los Estados Unidos habían lanzado al espacio en alguna oportunidad un arma-satélite y que otras potencias también estaban desarrollando este tipo de armas:

“… Al fin el gobierno de los Estados Unidos terminó por dar bastante importancia a los rumores y desmintió que sus satélites pudiesen lanzar una guerra biológica directamente contra los seres humanos. Una o dos naciones menores, de las que nadie sospechaba que tuviesen algún satélite hicieron declaraciones similares. Ante esta reticencia el público comenzó a preguntarse por qué los Estados Unidos habían dejado de prepararse para una forma de guerra que otros estaban dispuestos a usar. ¿Y qué quería decir “directamente”, por otra parte? En este punto todos los interesados dejaron de afirmar cualquier cosa acerca de los satélites, e iniciaron intensos esfuerzos para desviar el interés del público al no menos importante, pero mucho menos sospechoso tema…” (Pág. 33)

Hasta el momento todo parecía ser parte de un fenómeno natural, del paso del cometa por la tierra que emitió un gran espectáculo de luces y luego dejó ciegos a casi todos los habitantes del planeta, pero también cabe la posibilidad de que ese “fenómeno” no hubiese sido natural, sino que fuese el resultado de un arma secreta, desplegada sobre los satélites artificiales, que por alguna razón habría quedado sin control, como ocurrió prácticamente también con los trífidos que, como ya lo mencionamos, fueron producto de cruzamientos biológicos soviéticos y quedaron a la deriva, abandonados a su suerte con la oportunidad de permitirles suplantar al hombre.

Sin duda alguna, y a pesar de que la obra haya sido publicada en los años cincuentas, se ve influenciada por los notables y crecientes adelantos técnicos y, por supuesto, tecnológicos de la sociedad, no sólo aquellos que responden a fines científicos, sino también a los de tipo militar, y eso Wyndham lo sabía perfectamente, no en vano, su obra fue escrita apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial, dejando claro que si no se controlan los avances tecnológicos a tiempo, seremos nosotros mismos responsables de lo que ocurra, culpables de nuestras desgracias y quienes acabemos con nuestra propia especie.
________________

En definitiva, El Día de los Trífidos es una novela que de principio a fin, refleja la época en la que fue escrita, una historia que hace resistencia, pone su voz en alto para denunciar la guerra y advierte contra los riesgos de nuestra capacidad, como seres humanos, de ponernos al borde del abismo.

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.