AUTORES: Frank Miller (guión), David Mazzuchelli (ilustrador), Richmond Lewis (color)
TÍTULO: Batman: Año Uno
EDITORIAL: Grupo Editorial Vid, S.A. (Primera edición)
AÑO: 1999
PÁGINAS: 96
RANK: 9/10
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Por Jorge Vanegas Aparicio

Batman ha sido y será un personaje de la cultura popular que siempre llamará la atención por encima de otros héroes de su estilo. Quizá sea por su marcada concepción psicológica o por su condición humana, pero Bruce Wayne y su heroico alter ego han sabido hacerse a un lugar dentro de los gustos particulares del exigente público del cómic. Personalmente, Batman me parece un personaje que sobresale por encima de los otros de la firma D.C. Comics porque supone un ser con unos abigarrados problemas psicológicos, amén de una personalidad enigmática que, ciertamente, lo hace más atrayente; vamos, que sería el paciente que siempre soñó el doctor Jung.

Los Inicios. La siniestra Ciudad Gótica es un oscuro hueco donde el hampa reina, la inseguridad corre a su antojo y la corrupción policiaca está al orden del día. En este deplorable escenario, hace su llegada el teniente James Gordon para reunirse con su esposa que se encuentra embarazada, aceptando el empleo que le ofrece el comisionado Loeb, un hombre que gusta de coleccionar juguetes, pero que bajo esa afable e inofensiva apariencia esconde a un ser corrupto y capaz de las más bajas vilezas. Loeb encargará al sargento Flass, un gigante rubio que primero golpea y después pregunta, para que sirva de compañero a Gordon.

Al mismo tiempo que un primerizo James Gordon llega a Ciudad Gótica, también lo hace un veinteañero, Bruce Wayne, volviendo de su larga estadía en Europa. A su retorno emprende una cruzada personal contra el crimen de la ciudad, ya que aún ronda por los recovecos de su cabeza la muerte de sus padres. Bruce Wayne –todavía sin el traje de Batman- se infiltra en los bajos fondos de Ciudad Gótica, recorriendo los sitios más sórdidos de la urbe: calles repletas de prostitutas, centros nocturnos de mala muerte, vagos miserables, ladrones de poca monta, en fin, los sitios por donde a ninguno de nosotros se nos ocurriría pasar una noche -o, al menos, eso creo yo-.

Durante este recorrido se topa con una pequeña prostituta que le ofrece su compañía, Wayne le reprocha el hecho de que aún es demasiado joven para ejercer el oficio de meretriz, circunstancia que lo llevará a tener una riña con un proxeneta y de paso con Selina Kyle, sí, la mismísima Gatubela. Pero como Wayne todavía no posee un bati-traje ni nada por el estilo, resulta terriblemente herido; aparte de todo, llega la policía que, para colmo, le dispara y le arresta. Wayne sabe el peligro que esto conlleva y consigue zafarse de sus cadenas, acto seguido hace volcar la radio patrulla para escaparse, no sin antes haber rescatado a los dos gendarmes. Como pueden ver, un final no muy glorioso para el futuro Batman. Hay que decir también que en esta parte del cómic se siente la influencia de algunas escenas de la película Taxi Driver, y si no, fíjense en la viñeta en donde aparece Bruce de espaldas transitando por una calle rebosante de carteles pornográficos.

Pero continuemos; cuando el magullado Wayne consigue escapar de los policías y regresa a su lujosa mansión, mientras medita sobre la muerte de sus padres, cae sobre su ventana un gigantesco murciélago que le da la primera visión de lo que va a ser y lo que tiene que hacer: de ahí en adelante se transformará en Batman, el vigilante nocturno.

Siendo consciente de que jamás conseguirá hacer frente a la delincuencia así como así, se entrena como un poseso, estudia todas las técnicas de lucha habidas y por haber, a la vez que emprende la investigación de sofisticados artilugios que le ayudarán en su lucha contra el crimen; también comprenderá, a las malas, que necesitará la ayuda de otras personas para lograr su cometido.

Ya con su delirio en marcha, Bruce se arma de bati-traje, armas sofisticadas y conocimientos en artes marciales, empieza desde lo más bajo de la pirámide criminal, si es que algo así existe, emprendiéndola contra pequeños asaltantes de apartamentos. Bruce, ahora como Batman, comprobará que la tarea no es nada fácil, a duras penas logra impedir que el grupo de delincuentes juveniles robe una casa. Pero nuestro héroe no se rinde, es humano al fin y al cabo, y poco a poco aprende de los errores.

Pero si para Wayne llueve para Gordon no escampa: el compañero de éste –el bestial Flass- no se encuentra cómodo con su presencia, no comprende cómo no recibe los jugosos sobornos de la gente, cómo no golpea a los sospechosos -esto resulta hiriente lo sé- y decide tomar cartas en al asunto. Una noche Flass y sus compinches del cuerpo policial le montan una emboscada al teniente Gordon para golpearlo a punta de bate, buscan que tome otro camino, pero con lo que no cuentan es que éste responde a la agresión, no obstante son muchos los asaltante y resulta, finalmente, derrotado. Sin embargo, Gordon con esta no se queda, tonto no es el tipo, y decide investigar al pérfido Flass, y de paso propinarle algo de su propia medicina: le mete una paliza que lo deja hecho un guiñapo.

Gordon que ya siente que el cuerpo de policía está podrido y huele mal, fija su atención en el comisionado Loeb, quien sólo sigue unos intereses particulares, así mismo consigue una nueva compañera que le ayudará en sus investigaciones: la hermosa sargento Essen, una ruda policía de origen alemán con la que sostendrá una relación más que amistosa, que le generará uno que otro dolor de cabeza.

Batman, por su parte, hace lo suyo: se cola en un velada precedida por el comisionado Loeb adonde asiste la gente más poderosa y rica de Gottam City y, entre los que se encuentra el mafioso Romano; Batman les arruina la fiesta y da una clara advertencia a los corruptos que dirigen la ciudad: “Damas y caballeros. Han comido bien. Se comieron la riqueza de ciudad Gótica. Su espíritu. Su festín ya casi se acaba. Dese este momento… ninguno está a salvo”.

Es que pasar de perseguir pillos muertos de hambre a los hombres más poderosos tiene su encanto. Naturalmente, Loeb no esta nada contento con este desaguisado y le exige a Gordon que capture al enmascarado, no sin antes increparle su ineptitud como policía –si por ineptitud se refiere a no entrar en el juego del soborno y de hacer el trabajo bien hecho-. Valga decir que Batman no es el único que está tras el crapuloso Loeb para apresarlo, también lo está el eficiente fiscal Harvey Dent, cuando todavía no era el espantosamente desfigurado en dos caras, buscando la manera de dejar entrever sus nexos con la mafia y con Romano. Juntos, Batman y el fiscal Dent, aunaran fuerzas para derrotar al comisionado Loeb, amante de los juguetes y de los dineros ilícitos. Esto cada vez se pone mejor.

Perseguido como una rata “alada”

Con la idea de encontrar a Batman surcándole por la mente, Gordon se lanza a la cacería del encapuchado, junto a la bella sargento Essen. En esto un camión se descontrola y está a punto de arrollar a una inocente viejecita que cruza la calle, Gordon se alerta por este suceso y se lanza hacia el conductor para impedir la tragedia, no sin mucho éxito claro, hasta que eventualmente aparece Batman y salva a la indefensa anciana. Pero, para desgracia de nuestro héroe, la sargento Essen ha alertado a sus compañeros de la ley y llega de inmediato al sitio todo el cuerpo de policía de Ciudad Gótica. Batman al huir es alcanzado por una bala en su pierna, aunque consigue escapar hacia un edificio en ruinas.

El comisionado Loeb que ya se ha enterado de la situación envía al lugar el quipo de Branden, otro policía más brutal que el mismo Flass. Más tarde el propio Loeb en persona, llega hasta allá en helicóptero y lanza una bomba al derrumbado edificio donde se esconde Batman -¿de cuándo acá la policía tiene bombas de ese calibre?- consiguiendo solamente que murieran destrozados unos pocos vagabundos que habitaban el inmueble. El grupo de Branden se introduce en lo poco que queda del edifico. Batman, acorralado, herido y con pocas oportunidades de escapar, utilizará todas las tretas que tiene a su alcance y revertirá el juego a su favor: los cazadores terminarán siendo cazados. Selina y la pequeña exprostituta asisten como testigos de este acto junto con el restante grupo de mirones que hay en la calle. Esta parte es de las más interesantes de la historieta por su alto contenido de acción.

Los comienzos de unos futuros villanos

Lo más interesante de este cómic es que aparecen muchos personajes en sus fases más primigenias y del lado de Batman, así encontramos aparte del héroe y James Gordon, la figura de Selina Kile cuando aparentemente ejercía la prostitución en los bajos distritos de Ciudad Gótica, aunque esto no esta del todo claro; por otro lado está Harvey Dent, un honesto servidor público que sólo busca poner tras las rejas a los criminales más poderosos de la ciudad. Si nos fijamos bien, vemos que tanto Selina como Harvey eran dos personas honestas que luego se pasaron al otro lado de la ley para terminar siendo dos de los mas encarnizados enemigos de Batman, vaya uno a saber por qué.

El apartado gráfico

Batman Año Uno posee un dibujo que reboza calidad por donde se mire: las líneas son claras y poco abigarradas, todos los elementos que aparecen retratados –desde las calles de Ciudad Gótica, pasando por las armas de los policías, hasta llegar a las facciones de los personajes- están dibujados de manera realista; incluso me atrevo a decir que el estilo gráfico de este volumen está mucho más enraizado con la historieta europea que con la americana. Si nos remitimos al color que se utilizó, vemos que es de una calidad impecable, la mezcla entre tonos oscuros y vivos le da un ambiente mucho más sórdido a cada viñeta de la historieta, algo muy conveniente pues va de acuerdo a lo que se quiere decir en la historia. Los responsables de este trabajo son David Mazzuchelli, quien ya antes había trabajado con Miller en la excelente serie de Daredevil: Born Again, y la pintora profesional Richmond Lewis, gran artista graduada de la Rhode Island School of Design. Los dos hacen una tremenda labor en estas páginas de Batman, difícilmente superables en otros cómics; aún hoy, esta historieta mantiene una excepcional calidad.

Frank Miller

La historia, pese a tener unas secuencias de no creer, mantiene una línea argumental que la hace bastante atractiva. El buen Miller ya nos tiene acostumbrados a sus guiones emparentados con la novela negra, como ya se ha visto después en su afamada Sin City. Es bueno ver lo que hizo con todos los personajes en este Batman Año Uno, pues son seres que emergen en su parte más humana; los antagonistas no son los arquetípicos malos de historieta que quieren conquistar el mundo a como de lugar, sino que sus móviles son mucho más verosímiles; por otro lado, si nos remitimos a Bruce Wayne, observamos que él está dotado de una pesada carga sicológica que a menudo nos hace cuestionar sus métodos y fines, y hasta se nos pasa por la cabeza la siguiente pregunta: ¿No será acaso que Batman es un chiflado, como los son todos sus enemigos?

En fin, que el autor de esta historieta logró lo que no habían hecho anteriormente otros artistas con el mismo personaje. Su estilo argumental ya se puede ver en los trabajos que hizo con Daredevil: Born Again y Batman: The Dark Knight Returns. Supongo que el acierto de Miller está en dotar de cierta indecencia a los lugares por donde se mueven los héroes clásicos de la historieta yanqui, desligándolos de esa imagen candida y ñoña que tenían antaño; para mí es quizá uno de los mejores escritores del género.
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Este número de Batman comporta uno de los primeros giros posmodernos que dio la historieta americana a mediados de los ochentas, este cómic -junto con otras obras de la talla de Broma Mortal y Watchmen- dio un giro de ciento ochenta grados a la misma para expresar que los héroes dejaban de ser insulsos personajes de la cultura popular para comporta rasgos más humanos, siendo de esta manera dirigidos a un publico más adulto; porque a la larga, un figurante como Batman también tienen deseos, sentimientos, dolores, defectos y todo eso que han llamado en la literatura moderna la condición humana.

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