AUTOR: Simone Clapier-Valladon
TÍTULO: Las Teorías de la Personalidad
EDITORIAL: Paidotribo S.A. (Primera edición)
AÑO: 1987
PÁGINAS: 112
TRADUCCIÓN: Carlos Urritz
REVISIÓN: Josep Roca
RANK: 6/10
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Por Alejandro Jiménez

Discutir acerca del problema de la personalidad implica asumir por lo menos dos lógicas: la del sentido común y la de la construcción teórica. En efecto, uno habla sobre la personalidad –como sobre cualquier otro tema-, bien desde la experiencia personal de la que uno ha sacado sus propias consideraciones, o bien, desde las reflexiones teóricas y académicas que históricamente se han venido organizando sobre este respecto. Pero he aquí que, a grandes rasgos, lo uno coincide con lo otro, lo cual hace pensar que aquello que realmente diferencia a las dos perspectivas es tan sólo el uso de algún lenguaje especial o sus alcances en el plano práctico.

Por esta razón, el texto de Simone Clapier-Valladon no es únicamente un análisis sobre las perspectivas teóricas desarrolladas en torno a la cuestión de la personalidad, sino que es, al mismo tiempo, el contraste con aquello que un lector del común ha sabido conocer, porque, por ejemplo, ha contestado uno de esos tests sobre cualidades y defectos, o cree que alguna de sus actitudes personales viene formándose desde niño o, porque simplemente ha jugado alguna vez a cambiar un poco lo que es, ha prometido ser otro, y en fin, todas esas cosas que se experimentan cuando uno se sabe a sí mismo de alguna forma.

Clapier-Valladon fue profesora –para la época de publicación de este libro- de psicología social en la Universidad de Niza. Lastimosamente no es mucho lo que puede saberse sobre su vida y, lo que resulta más inquietante, tampoco sobre sus propias posiciones frente al tema. Las Teorías de la Personalidad es un texto sobrio, en donde la psicóloga francesa esboza una mirada general acerca de las corrientes teóricas más importantes que, desde la psicología, han construido formas de interpretación de la personalidad. De modo que su trabajo se limita a una revisión, en donde hasta la crítica a cualquiera de las perspectivas sólo se establece entre ellas mismas, no entre la autora y ellas.

Es decir, este es uno de esos manuales que pretenden a toda costa ser “objetivos”. Tal vez porque su publicación en Francia se dio dentro de la colección Que sais-je? (¿Qué sé yo?) de la Presses Universitaires de France –serie que dio pie a la hecha por la editorial Oikos-Tau, en España, durante la década de los setentas- y que, por lo tanto, requería un enfoque de información general, antes que uno de apuestas conceptuales propias. Aun así, el lenguaje del libro no es evidentemente para profanos y las referencias bibliográficas son copiosas.

Las teorías de la personalidad

Lo primero será proponer una definición general. Clapier-Valladon retoma la expuesta por Vexliard, para quien la personalidad es:


“una estructura dinámica integrativa e integrante que asegura una unidad relativa y la continuidad en el tiempo del conjunto de los sistemas que explican particularidades propias de un individuo, su manera de sentir, de pensar, de actuar y de reaccionar en situaciones concretas” (Pág. 5)

En la definición de Vexliard parece evidente una serie de rasgos que van a ser algo así como las maneras de abordar la personalidad desde las distintas corrientes de teorización en psicología. Así, algunas privilegian el concepto de estructura (conductismo), otras el de dinamismo (psico-sociología, psicoanálisis), aquellas el de integración (sistematismo), las de más allá el de particularidades (factorialismo). Sobre la base de su propia orientación y principios, establecen un marco metodológico también propio: las unas, ampliamente instrumental y cuantitativo; las otras, uno más experimental y observable y; aquellas, uno integrador o cualitativo.

Clapier-Valladon tiene en cuenta siete grandes teorías de la personalidad. Cada una de ellas comporta distintas ramificaciones y todas, en conjunto, establecen una relación bastante compleja de contradicciones, complementos, ampliaciones, etcétera. Un cuadro integrador de las corrientes expuestas en el libro, podría plantearse de la siguiente manera:


Las teorías psico-sociales

Las teorías psico-sociales básicamente son las herederas de todos los avances que, a finales del siglo XIX y principios del XX, tuvo la antropología cultural, la sociología y la etnología. Con ellas se busca establecer una relación de reciprocidad entre la psiquis y lo social. Es decir, estas teorías entienden que la personalidad está determinada ante todo por la cultura, los hábitos, prácticas y condiciones materiales. Dentro de ellas es posible distinguir varias corrientes: el culturalismo, cuyos aportes principales están en Ruth Benedict (la primera en hablar de patrones culturales), A. Kardiner (creador del concepto de personalidad de base) y Margaret Mead (quien ve en la sexualidad uno de los factores determinantes de la organización social).

También hacen parte de las teorías psico-sociales, el enfoque de roles, cuya tesis central está en la personalidad como resultado de cada uno de los modelos de conducta que el hombre asume a partir de las situaciones que afronta en la sociedad (roles-status) y; además, el interaccionismo, corriente que trató de superar la reducción del hombre a roles, proponiendo una relación dialéctica entre el Yo y el Mundo, esto es, una personalidad determinada pero, al mismo tiempo,transformada por mi acción.

Las teorías conductistas

El problema para los conductistas se expresa a través de una estructura básica: estímulo-respuesta. Para ellos, la personalidad puede reducirse a los comportamientos que un hombre determinado tiene en términos de hábitos, modificabilidad y aprendizaje. La reflexología, especialmente la de Pavlov, los trabajos de Watson y el neoconductismo responden a esta misma lógica: todos estudian la personalidad como un reflejo condicionado. Es célebre la apreciación de Watson al respecto: “Lo que nosotros somos es lo que nosotros hacemos y hacemos lo que el medio nos ha hecho hacer”. En este sentido, su propuesta es bastante doctrinaria, al tiempo que fundamentalista: admite que el hombre no es más que los reflejos –comportamientos- que tiene de acuerdo a las situaciones, de suerte que se parezca de sobremanera al animal, no en vano en esta línea se han desarrollado los trabajos más asiduos en etología.

Las teorías tipológicas

Las teorías tipológicas son aquellas que han tratado de establecer marcos clasificatorios de la personalidad, la mayoría de las veces a priori. Estos tipos que se establecen, han sido formulados a través de rasgos independientes, de suerte que es muy difícil lograr a partir de ellos una visión abarcadora de lo humano. Clapier-Valladon cree que hay dos grandes corrientes tipológicas en psicología: la de fundamento morfológico, es decir, aquella que postula la personalidad, bien en términos de temperamento -es el caso de las divisiones que vienen desde Hipócrates (sanguíneo, melancólico, colérico, flemático) hasta las del mismo Pavlov- o, en términos fisiológicos -lo que equivale a decir, teorías que hacen devenir la personalidad de aspectos anatómicos (Kretschmer habla, por ejemplo, de leptosomáticos, pícnicos y atléticos)-.

La otra gran corriente tipológica es la de fundamento psicológico, en ella encontramos al menos tres orientaciones: el psicoanálisis –de propósito patológico-, la caracterología y la teoría actitudinal/conductual. Todas ellas proponen a su manera cuadros clasificatorios de la personalidad, la mayoría de ellos bipolares: emotividad-pasividad, introversión-extraversión, los cuales son analizados y comprobados en pacientes a través de tests. Aquí se ubican esas pruebas que seguramente todos hemos hecho para un trabajo o colegio; con ellos se pretende observar qué tan lejos andamos de los puntos “normales”.

Las teorías factoriales

Estas teorías comparten con las tipológicas el hecho de establecer una serie de rasgos a priori al análisis e intervención de casos particulares. Se supone que nuestra personalidad debe limitarse a lo que aquellos factores establecen, ser alguna de las posibilidades que se proponen y que, por supuesto, son miles. Su orientación por tanto es cuantitativa e influenciada bastante por los modelos matemáticos. Figúrense que a uno le hacen preguntas como: ¿Usted se siente desgraciado sin ninguna razón? S/N, o, ¿La gente parece que está feliz con usted? S/N. De las respuestas dadas en la prueba, el especialista sabrá qué tan lejos andamos del grado de normalidad que ellos mismos han establecido, puesto que no se considera ningún aspecto o factor que esté fuera del test, lo cual deja en una concepción sumamente estática al psiquismo.

Las teorías psicoanalíticas

Sin duda que no se equivoca Clapier-Valladon cuando ve en las teorías del psicoanálisis uno de los aportes más particulares sobre el problema de la personalidad. Básicamente porque renuncia a la rigidez de los tests propios del conductismo y los tipologismos, para apostar por una concepción histórica del individuo, en donde cobran especial relevancia los primeros años, un aspecto que hasta entonces se tenía descuidado. Además, el psicoanálisis es una teoría integradora de los aspectos genéticos, las pulsiones internas, la génesis de las actitudes y los comportamientos, en general. Los aportes de Freud en este sentido, es decir, sus conceptos de Yo, Súper Yo y Ello, además de los de Conciencia, Preconciencia e Inconciencia, revisten particular importancia.

Pero la exploración que ha hecho el psicoanálisis sobre la personalidad ha alcanzado los límites prenatales. Muchos estudios han estado enfocados en la búsqueda de elementos que permitan dar cuenta de los procesos formativos de la personalidad en el feto y en el recién nacido: los traumas del parto, la psiquis del feto, el complejo de Edipo, etcétera, son reflexiones hechas en ese sentido. Además se ha profundizado hasta el hartazgo la clasificación evolutiva individual del hombre en Freud: oral, anal, fálica, proponiendo, desde allí, formas caracterológicas de la personalidad adulta.

Las teorías humanistas

No podía dejar por fuera de su análisis Clapier-Valladon a las corrientes psicológicas que han recibido un influjo directo de la fenomenología y el existencialismo. El aspecto particular de estas teorías es el hecho de recuperar al hombre que se había perdido en medio de ese tumulto de tests, cuantificaciones, viajes al pasado, etcétera. Sus postulados han buscado traer al hombre de vuelta como totalidad, recuperando para él su presente y su libertad. Entenderán que la personalidad no es otra cosa que un conjunto dinámico de las intenciones que tiene el hombre: la intención es el aspecto que liga lo interno con lo externo (actúo a través de un impulso del adentro para repercutir en el exterior), es el aspecto integrador del Yo con el Mundo.

Las teorías sistemáticas

Para estas últimas teorías, la personalidad debe ser estudiada dentro de un marco integrador. La mayoría de sus seguidores han tenido una formación bastante amplia en sistemas biológicos y de información. Buscan, partiendo de la síntesis, alcanzar el análisis de cada una de las partes que conforma el sistema de la personalidad; por tanto, combinan aspectos fisiológicos, orgánicos, comportamentales y hasta sociales. Un sistema es un todo organizado; los teóricos sistemáticos han querido ver la personalidad de los hombres como uno de los aspectos que hace parte de ese gran sistema, al que también pertenecen los grupos, las situaciones sociales, la especie humana y el universo mismo.
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Las Teorías de la Personalidad es un libro que permite abordar la complejidad del tema que propone. Cierto que su lenguaje en ocasiones puede tornarse cansino, pero por el panorama que permite vislumbrar bien vale la pena el leerlo.

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