AUTOR: Tradicional
TÍTULO: Yurupary: El Popol-Vuh Suramericano
EDITORIAL: Kelly S.A. (Primera edición)
AÑO: 1993
PÁGINAS: 223
TRADUCCIÓN: Susana N. Salessi
EDICIÓN/ESTUDIO: Héctor H. Orjuela
RANK: 9 /10
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Por Alexander Peña Sáenz

Sería un error comprender el mito de una cultura indígena a través de los mismos parámetros con los que se entiende la literatura occidental. El mito indígena está situado por fuera del tiempo histórico de Occidente, por lo cual no es pertinente entenderlo como un tipo de literatura fantástica o mágica. Todo lo contrario, el mito es una realidad cultural compleja que intenta responder la pregunta por el origen cosmológico de las cosas existentes, conservado por la tradición oral y colectiva de los pueblos primitivos.


Un mito hace referencia a una narración que describe y retrata, en un lenguaje simbólico, el origen de los elementos y supuestos básicos de una civilización (de orden religioso, socio-cultural, filosófico, político y económico). Del mito devienen las ideas de un dios, las prácticas rituales; las bases para una relación y organización social estable entre individuos; una configuración del ser y su visión del mundo; y las prácticas de adoración para pedir beneficios económicos y agrícolas a los dioses. El mito es una creación artística de origen colectivo, que no atribuye su creación a un solo individuo, por lo cual deja su autoría al anonimato (tradición).


Entendidas estas ideas, el Yurupary puede explicarse como un mito, conservado por un conjunto de tradiciones orales, y observado desde la perspectiva religiosa agrícola como un canto al ciclo vital de la fertilidad de la naturaleza, donde la cosmogonía y explicación del ser de los pueblos indígenas del Amazonas se configura a partir de elementos naturales simbolizados hacia lo mágico y lo ritual. La naturaleza y sus elementos son el punto central del relato.

Los textos que componen el Yurupary fueron descubiertos en el siglo XIX, por Ermanno Stradelli, quien los hizo conocer al mundo en 1890 en lengua ñengatú. Más recientemente, el Instituto Caro y Cuervo editó la versión conocida como la más completa hasta ahora. El mito de Yurupary, lamentablemente no ha sido reconocido por buena parte de los estudiosos de las literaturas colombiana y brasileña. Sin embargo, el mito posee una fuerte carga histórica y cultural para estos dos pueblos, pues permite comprender en gran parte la realidad y las formas de vida de los habitantes de la selva amazónica, en la Suramérica anterior a la conquista española.

Ubicación geográfica del Mito

Sin duda el Mito del Yurupary es un largo viaje hacia una geografía mítica de los pueblos del Vaupés y Apaporis: desde sus suelos –la composición de la selva tropical húmeda-, y desde sus bosques infinitos que albergan una gran diversidad de fauna y flora, que posibilitan a sus pobladores una visión del mundo muy particular, explicada desde su relación profunda con el contexto. En esta medida, su cosmología y su existencia son pensadas desde el entorno natural que los cubre: la ubicación geográfica da cuenta del nacimiento, desarrollo y conservación del mito por toda la región amazónica como relato cultural indicador de las prácticas, saberes e intercambios de las comunidades indígenas.

Estructura narrativa del Mito

El relato se divide en un tiempo anterior al nacimiento de Yurupary (héroe mítico), y otro después de la vida de éste, en donde se relatan sus leyes:

1. El tiempo primigenio: la epidemia que acabó con todos los hombres de la Sierra del Tenui, donde las mujeres comenzaron a dominar el mundo. Al verse solas, no tenían con quién dar descendencia y se sintieron desaparecer por esta causa. Las mujeres buscaron varias alternativas para poder engendrar, pero les fue imposible. La fecundación de las mujeres llegaría sólo con el anciano Payé, único hombre vivo, quien predice un nuevo orden, para excluir a las mujeres de los asuntos importantes.

2. El fruto de Pihycan: la fecundación de Seucy por el fruto prohibido, necesario para el engendramiento de Yurupary. Fueron los monos, ayudantes del Sol, los que facilitarían esta tarea. Lo natural y lo humano se comienza a entrever:

“La bella muchacha… comenzó a comer la fruta del Pihycan, que era tan suculenta que parte del jugo se le escurrió por dentro de los pechos mojando las partes más ocultas sin que ella a esto le diera la menor importancia…”
El mito se entiende como un canto a la fuerza creadora de la naturaleza y a su comunión con la vida humana, a la cual se le ofrecen todos sus secretos. Luego viene el nacimiento e iniciación de Yurupary.

3. La narración que hace Yurupary de sus visitas a las diversas tribus, donde cuenta la teoría del poblamiento; la aparición de Dinari y su esposo; su metamorfosis; y el nacimiento de Pinón y su hermana. Entre Yurupary y Pinón se teje una relación bastante fuerte, en la medida en que es el mismo Yurupary quien introduce este relato. Los nacimientos de Pinón y de Yurupary poseen elementos comunes en su concepción, a través de un orden natural: uno venido de la fruta y el otro de un ave. Yurupary se asemeja al Sol, mientras Pinón es resaltado por las estrellas que adornan su frente. Yurupary en este sentido hace una prolongación del mismo Pinón. Ambos poseen poderes mágicos y son creadores de valores y reglas morales dadas a su comunidad, además de compartir ese carácter de dominación masculina (“el hijo de Dinari tomó una roca, de la altura de tres hombres y se las arrojó al pueblo”). Así Pinón se convirtió en el iniciador de todos los Payés y sus leyes, así como Yurupary el gran indicador de todos los ritos.

4. La instauración de la ley de Yurupary para cambiar los usos y costumbres de la tierra y sus habitantes, así como los ritos de iniciación; los viajes de los ancianos que están fuertemente tentados por la carne femenina. Las mujeres ejercen resistencia frente a las leyes de Yurupary.

Aspectos morales y éticos

Yurupary es un relato fundacional de unas prácticas, unos valores morales y éticos que rompen con una estructura de poder sustentada en lo femenino, colocando a los hombres de nuevo en un rol protagónico. Es lo hecho por Yurupary a través de su iniciación Tuixauá ( “tenía apenas unas lunas cuando su gente decidió preparar y entregarle las insignias del cacique…”). Yurupary reitera que el dominio debe ir ligado al sexo masculino.

En otro pasaje nos muestra el proceso de iniciación de los jóvenes en las leyes del Yurupary, como una práctica que se transmiten los valores de una comunidad:

“Los jóvenes a los doce años pueden conocer el Yurupary bajo el siguiente requisito: someterse escuela de quince días en el monte y bajo la dirección de un Payé haciendo atento caso, durante estos días serán azotados de madrugada con Auvi, los Payés los aconsejarán; después de ver a Yurupary serán hombres perfectos y podrán unir en matrimonio. Bajo pena de muerte no pueden descubrir los secretos de Yurupary.”

Aquí se instaura el poder masculino bajo una serie de condiciones de esencial cumplimiento a través de nuevas leyes para la comunidad indígena.

Desde la primera etapa, se vislumbra la fecundación de las mujeres Tenui por la gracia del Payé. Así se da origen a una comunidad que se reproduce y conserva en prácticas incestuosas. El incesto funciona, al igual que en otras mitologías, como elemento generador de comunidades, de suerte que no se lo considera como tabú. La copulación entre hermanos es transformada desde la instauración de las leyes de Yurupary, que busca un cambio de carácter endógeno de la comunidad hacia lo exógeno, a través de la unión de miembros de diversas tribus o pueblos. Yurupary le cuenta a su pueblo esta conveniencia, narrando el hecho de que Dinari representa una comunidad diferente a la de su esposo. El carácter incestuoso se transforma hacía la asociación y negociación con diversos pueblos:

“A lo largo de la celebración de las fiestas de Yurupary, en el lugar de la reunión se escogen varias muchachas púberes, que son intercambiadas entre diferentes fratrías”
Entre los diversos aspectos morales, se vislumbra al Yurupary como una remembranza a los ancestros, al héroe mítico como fundador de una tradición cultural, social, espiritual y política. Más allá de ser un ritual a las fiestas de las cosechas, a los ritos de la pubertad masculina y al culto secreto de los hombres, es Yurupary el gran civilizador en la memoria de los pueblos indígenas de la Amazonía colombo–brasileña (“comenzó declarando que sus leyes durarían con el nombre de Yurupary mientras el sol iluminara la tierra…”).

Dualidad entre la feminidad y la masculinidad

Los roles sexuales dentro del mito primordial se encontraban en constante pugna. El rol femenino juega su papel como engendrador de la vida, como el vientre sagrado de donde viene Yurupary y la humanidad. El matriarcado simboliza el poder en estado decadente, autoritario, causante de muchos males por su falta de paciencia e incredulidad.

Con el nacimiento de Yurupary se rompe con esta estructura de poder matriarcal, para que sean los hombres quienes tengan el poder, pero su pugna se mantiene a lo largo del relato, con la prohibición de las mujeres en los rituales. Cuando Yurupary manda a los viejos a construir una maloka, éstos son tentados por las mujeres, quienes quieren apoderarse de los secretos de iniciación. Después de que el Payé fecunda a las mujeres, se rompe inmediatamente con las estructuras de poder femenino, o matriarcado, que resultó ineficaz para la conservación. Tal ruptura es fundamental para dar origen a una sociedad patriarcal, fundamentada por las leyes del Sol y Yurupary y su ceremonia exclusiva de los hombres iniciados, donde se excluyen a las mujeres bajo pena de tortuosos castigos o la muerte:

“Se les prohibió a las mujeres participar en las fiestas de los hombres cuando estuvieran presentes los instrumentos especiales”
Es así como entendemos la hegemonía de una sociedad patriarcal en un mundo arcaico y primitivo. A la mujer le corresponde un papel sumiso, en donde no tiene participación activa en la toma de decisiones importantes. Sin embargo su papel es de suma importancia para que la sociedad funcione y se conserve, por lo cual no es desdeñada del todo.

Importancia del Mito del Yurupary como realidad cultural compleja

Se debe partir del hecho de que el mito como tal es una historia verdadera, una historia de inapreciable valor, porque contiene muchos elementos de orden sagrado, de orden moralizador, ejemplar y con una carga significativa y configuradora de cultura. En ideas de Mircea Eliade, la perspectiva occidental ante los mitos no trasciende más allá de lo ilusorio y lo fantástico. Así, es necesario detenerse bien para observar al Yurupary como legado conservador de la tradición oral y religiosa de los pueblos del Amazonas colombo– brasileño, tradición que funciona como una revelación primordial. En el Vaupés existe un comportamiento eminentemente mítico, lo que lleva a pensar en el mito del Yurupary como un hecho humano, un hecho de la cultura indígena, la cual no ha sido secularizada en su totalidad por Occidente.

Como una realidad cultural compleja se puede interpretar el Yurupary de la siguiente manera: es un mito, y por lo tanto cuenta una historia sagrada, es decir, la concepción mágica de Seucy por medio de la fruta de Pihycan y el nacimiento de Yurupary, como el engendrado de una fruta, quien se va a establecer como jefe y mandatario de los indígenas Tenuis. La epidemia que mató a los hombres es un hecho primario que generó la idea de un nuevo comienzo. El Payé fecunda él solo a todas las mujeres sobrevivientes para así dar comienzo a una nueva generación de su raza. La actividad creadora es dada por el Payé y su futura generación en Yurupary. La existencia de la naturaleza se comprueba con el hecho mismo de que lo sagrado fue lo que generó el génesis. La selva, los animales, los seres humanos nacen de los poderes sagrados de Yurupary. Las mismas leyes de Yurupary se convierten en modelos ejemplares a seguir como una manifestación de lo sagrado dirigido hacia lo puramente humano.

El mito del Yurupary es una historia verdadera porque da cuenta del origen del cosmos y del mundo arcaico. Sus protagonistas, Yurupary, Seucy, Pinón, entre otros, son seres sobrenaturales, de origen divino, celeste y astral. Estos seres en su acontecer mítico relatan unas experiencias que generan unas pautas de comportamiento, unas leyes y unas normas que se establecen desde tiempo primitivo para ser cumplidas en el pueblo. Para llevar a cabo las leyes se requiere de una iniciación, la cual conlleva rituales, ceremonias, fiestas, que conmemoran este acontecimiento mítico. Las historias narradas en el mito, constituyen unas formas de conocimiento esotérico, arte secreto y poder mágico religioso.

Yurupary es pues una experiencia religiosa que se separa de la vida cotidiana y se vive en los rituales, El mito es conservado por medio de la tradición oral, reiterándose en la contemporaneidad, para que la cultura indígena conviva con el mito, interactuando con el tiempo primordial, ofreciéndose como la revelación del origen humano como hecho sobrenatural, significativo, precioso y ejemplar. Así, los indígenas del Vaupés aceptan al Yurupary como una historia de innegable verdad religiosa y moral.

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