AUTOR: Ralph Barby
TÍTULO: Cazando Insectos en el Planeta Okon
EDITORIAL: Bruguera S.A. (Primera edición)
AÑO: 1980
PÁGINAS: 95
RANK: 7/10
.
.
.


Por Alejandro Jiménez

Hablar de pulps, es hablar de una larga historia de arte escapista y, sobretodo –dejando de lado a sus contradictores-, de todo un género dentro de la literatura. Y es posible afirmar esto, porque su historia se remonta a casi un siglo atrás, cuando en los Estados Unidos empezaron a publicarse –antes de la recesión económica- los primeros folletines con este tipo de concepto, de suerte que tengan a su haber toda una tradición; pero también porque han constituido a través de los años su propio lenguaje, su propia forma narrativa, un diseño de art-cover que les hace reconocibles a distancia y, finalmente, porque tienen un público leal y asiduo que los lee.

La historia particular de los pulps o bolsilibros en España y América Latina no es tan vieja como la norteamericana, pero no por ello menos intensa y prolífera. Las primeras colecciones editadas en lengua española aparecieron durante la década de los cincuentas y desde entonces no han parado de publicarse, aunque seguramente su época más recordada esté ubicada entre finales de los sesentas y los ochentas. De la tradición estadounidense, los pulps españoles –sin duda los primeros- heredaron muchas cosas: el tipo de edición (el papel barato en que se editan, de allí su nombre), el concepto gráfico de las portadas, y su estilo narrativo (considerado por algunos como näif, es decir, espontáneo y superficial).

Algunas editoriales trabajaron fuertemente en la difusión de este material. Toray, por ejemplo, que publicó su primera colección sobre el espacio en 1953; Valenciana, que iniciaba para la misma época; Bruguera; Manhattan, etcétera. Publicaron estos pulps a través de distintas colecciones –terror, oeste, policíaca, ciencia ficción- que fueron editadas cada semana a precios que, seguramente, nunca excedieron las 40 pesetas. Sobre aquellas editoriales se volcaron una serie de escritores, casi todos españoles, que llegaron a crear un número increíble de historias (más de mil en el caso de Ralph Barby) y que ahora son figuras indiscutibles del género: Curtis Garland, Lou Carrigan o Peter Debry.

Los pseudónimos de los autores, un rasgo transversal en la historia de los bolsilibros en nuestra lengua, pretendían dar la imagen de escritor anglosajón y, por ello, generar sobre el público un poco más de confianza. Así, Pedro Víctor Debrigo de Dugi, es Peter Debry; Agustín de la Torre, es Austin Tower; Luis García Lecha, es Clark Carrados o Donal Curtis. Y el autor de Cazando Insectos en el Planeta Okon, Ralph Barby, no es otro que Rafael Barberán Domínguez.

Cazando Insectos en el Planeta Okon hizo parte de la colección La Conquista del Espacio, editada por Bruguera entre 1970 y 1985 (serie con más de 700 bolsilibros publicados). Se trata de un pulp que reúne sobre sí las características que destacamos más arriba y que desarrolla una historia simple, pero intrigante, narrada con un tono rápido, visceral y lleno de humor. Muchas reseñas sobre las otras obras de Ralph Barby, así como de otros autores, pueden ser vistas en distintos blogs especializados que, desde hace un tiempo, vienen preocupándose por recuperarlas, como BolsiLibros, Bateas Marca Acme, Pulpnivoria, o en Museo Iconográfico de la Literatura Popular.

Dos cosmonautas y un idiota

Quizá uno piense por la portada que en el planeta Okon existen insectos gigantes; lo cierto es que no. No hay en el libro una sola escena como aquella; a lo sumo en Okon existen grandes anfibios, parecidos al varano, pero nada más. El insecto más grande que aparece en la historia está en una cubeta de laboratorio y ha sido mutado genéticamente en la Tierra hasta alcanzar una dimensión de treinta centímetros. De suerte que el dibujo de la portada (bastante logrado por demás) sólo refleje la atmósfera okoniana, su verde-azul espeso, una de sus dos estrellas-sol y, en parte, la vegetación que, sin ser muy distinta a la que tuvo la Tierra, es más abundante.

¿Pero si no existen grandes insectos, o insectos especiales en Okon, por qué viajar hasta allí para cazarlos? Pues bien, Jordi Brell y su socio Campano, dueños del Diamond-222, una potente nave interestelar, han sido contratados por Neil Rianch, socio mayoritario de la Chest Strong Limited, la más grande empresa de la Confederación Terrícola, para transportar hasta Okon a su hijo Peter –entomólogo eminente-, un extraño profesor, dos científicos, una psicóloga, una asistente-médico y tres jefes de seguridad. Pero el motivo del viaje es un misterio. Deciden aceptar, sin embargo, porque aún faltan por pagar algunas cuotas de su nave al banco –también propiedad de la Chest Strong Limited- y porque Rianch les ofrece una suma extraordinaria.

El secreto en el que se mantiene el motivo del viaje hace que Jordi Brell mantenga los ojos bien abiertos. Los jefes de seguridad Percy, Lampok y Giano no le permiten la entrada a los camarotes en donde viajan Peter y el profesor Halfter. La psicóloga, Sophia, y Wessy, asistente-médico, son las únicas que cruzan palabras con el cosmonauta y Campano, pero no están autorizadas a develar el misterio. Sin embargo, una relación amorosa que empezó a gestarse en la Tierra entre Sophia y Jordi Brell, dará la confianza para que, una vez en Okon, ella le revele el sentido del viaje: Peter, hijo del multimillonario Rianch, no es un entomólogo destacado, sino un retardado mental.

Los científicos pagados por el viejo Rianch creen que, unos minerales propios del recién descubierto planeta Okon, podrían hacer del hijo estúpido, un hombre supra-inteligente. Y Rianch está dispuesto a todo para hacer de su Peter alguien que pueda heredar toda la fortuna que ha amasado a lo largo de su vida, y no dejarla en manos de la Confederación; piensa que aquella es su forma de inmortalidad. Lo que descubrirá Jordi Brell, sin embargo, será que, precisamente, las condiciones de Okon, han hecho de los hombres que habitan ese planeta seres desvalidos y degenerados: todos sus habitantes, primitivos todavía en contraste con la alta tecnología del resto de la Galaxia, han sido convertidos en esclavos de las mujeres, que al contrario de aquellos –atrofiados y gordos- han desarrollado una belleza inigualable y un apetito sexual desbordado.

Jordi Brell, harto de las mentiras e intrigas que Neil Rianch teje a su alrededor para conseguir sus propósitos, y de las que no escapa ni siquiera su hijo Peter, que sólo disfruta cazar insectos y coleccionarlos, decide tomar cartas en el asunto. Sabe que todos, a excepción de Wessy y Sophia, callan frente a las órdenes de Rianch por el dinero que se les paga, y esto le produce náuseas. Además, lo más posible es que ya hayan muerto personas por saber este secreto. Sin embargo, faltará un hecho decisivo para que se descubra el otro gran misterio de la obra y se aboque a un final inesperado.

La Confederación Terrícola

En la Tierra se han extinguido los grandes árboles y extensiones vegetales. Los céspedes cercanos a los hábitats trashumantes o a los bungalows, están construidos con materiales sintéticos y tecnológicos. Tener una figura tallada en madera es, por tanto, un lujo que sólo pueden darse los grandes multimillonarios. Todas las actividades cotidianas de los terrícolas funcionan a través de una tarjeta de identificación: para abrir la puerta se usa cruzándola por la ranura; para recibir un pago, se somete a una descarga magnética.

Las autopistas están atestadas de atom-hovercrafts, los vehículos de circulación más comunes y que viajan a unos cincuenta centímetros del suelo. La gente pide botellas de galactic-whisky a un robot mesero, y ve en su hogar la T.T.V. Grandes compañías se han apoderado de todos los recursos disponibles y explotan o compran silencios, en el mejor de los casos. Todos los estudiantes que no obtienen buenas calificaciones en los exámenes de la Confederación quedan relegados para los trabajos más miserables y endeudados de por vida con los bancos.

Los robots se encargan de todas las pequeñas actividades, antes labor de los hombres, pero parece perfilarse en ellos una nueva faceta:

Campano miró a su socio y rezongó:
- ¿Ya le has dicho que tendrá que trabajar más para preparar los alimentos y el servicio de policía en general?
- No, no lo he programado aún.
- Se va a quejar.
- No fastidies, sólo es un robot.
- A veces creo que es más que eso ¿No has oído esa noticia de que ha habido algunos robots con excesiva capacidad para elaborar respuestas?
- ¿Robots inteligentes?
-Sí.
- Bah, no son más que cruces biónicos que dan resultados sorpresivos pero irrepetibles.
- Esperemos que a Rigoletto (el robot) no se le ocurra tomar una decisión por su cuenta y riesgo y nos mande a hacer puñetas.
- Quizá algún día llegue la guerra entre los humanos y los robots humanoides, pero eso aún queda muy lejos. Ahora, se limitan a cumplir los programas para que les han preparado. Ah, allí están…
- ¿Los robots?
- No, las chicas, y tenías razón, están muy buenas. (Pág. 21-22)

El Planeta Okon: un Amazonas primitivo

En contraste con esa sociedad opulenta pero radicalizada al máximo, Okon es una sociedad primitiva, tanto por su desarrollo tecnológico como por su organización social. En Okon, no hay océanos, pero sí miles de ríos desperdigados por todo lado y una vegetación exuberante; los animales salvajes han hecho que los okonianos construyan sus casas en los troncos más altos y hayan dispuesto escaleras en espirales por donde sólo su destreza les permite subir. El dominio social lo tienen las mujeres, ya que los hombres han sido relegados a cumplir sus deseos sexuales, que nunca cesan y, además, se han visto profundamente afectados por las condiciones atmosféricas y terrestres del planeta.

Ellas, las okonianas, de una belleza inimaginable, no pueden controlar la fuerza de su sexo, de suerte que sus hombres permanezcan encerrados en las casas cumpliendo el instinto de aquellas y que, cualquier hombre que se aparezca por allí, es el caso de Jordi Brell y Campano, vean en peligro sus vidas cuando las mujeres intentan desesperadamente poseerlos:

La mujer le señalaba a aquel ser de edad indefinida y que Campano, desconcertado, no sabía cómo catalogar.
- ¿Qué tratas de decirme?
La pregunta no debió entenderla aquella hembra, pero sí la intención, porque se separó de Campano y se acercó a aquel que parecía una aberración del género humano. Le levanto el taparrabos, mostrando su sexo a Campano. A éste no le costó nada identificarlo.
- ¿Esa birria es tu hombre? –preguntó.
La mujer, con su intuición, entendió perfectamente la pregunta, aunque no las palabras que tan extrañas eran para ella.
Campano se dijo que aquella mujer tenía perfecto derecho a sentirse frustrada y sin tomar en consideración ninguna de las normas que debían seguirse al establecer contacto con seres de otros planetas y a la vista de la gran desigualdad entre una hembra tan bella y perfecta y aquel varón tan repugnante, se inclinó hacia él. Lo agarró por las axilas y se lo llevó a rastras para sacarlo del bungalow elevado.
- Ya verás tú cuando lo deje afuera y nos quedemos solos…
Campano no pudo llegar a la puerta.
Allí acababan de aparecer más mujeres parecidas a la que él había besado. Todas lo miraban con deseo, un deseo sexual que ninguna se recataba en ocultar.
- Uaaaauuuuh, Campano… Me temo que el paraíso puede convertirse en infierno (Pág. 80-81)

_______

Cazando Insectos en el Planeta Okon es un pulp cargado de humor y rapidez y atravesado por una fuerza irónica descomunal.

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.