AUTOR: Paulo Freire
TÍTULO: ¿Extensión o Comunicación?: La Concientización en el Medio Rural
EDITORIAL: Siglo XXI Editores S.A. (Vigésima primera edición)
AÑO: 1998
PÁGINAS: 108
TRADUCCIÓN: Lilian Ronzoni
RANK: 9/10
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Por Alexander Peña Sáenz

En este pequeño libro, cercano por su fecha a los afamados Pedagogía del Oprimido (1970) y Educación como Práctica de la Libertad (1967), Paulo Freire (1921-1997) analiza el problema de la comunicación entre el técnico y el campesino, en el marco del proceso de consolidación de esa nueva sociedad agraria que a mediados del siglo XX se estaba gestando en Latinoamérica. ¿Extensión o Comunicación?, comprende tres grandes capítulos en donde: 1. se estudia semánticamente el concepto de extensión y sus implicaciones gnoseológicas; 2. se consideran las implicaciones de la extensión en términos de invasión y transformación cultural y; 3. se propone la noción de comunicación como contrapartida de extensión, al tiempo que se vincula a distintos aspectos propios de la educación.

El hombre contemporáneo en su afán de dominar el mundo e imponer su signo en la naturaleza y sobre la cultura de los otros, ha formado un todo como proyecto de vida dentro de su contexto histórico-social. Lo ideal sería que ese afán de dominio sobre la naturaleza, no se diera a través de la extensión (transmisión, entrega, donación, mesianismo, invasión cultural, manipulación de y sobre la otredad); sino que se estableciera en el reconocimiento de los otros hombres a través de la comunicación o en términos de dialogicidad, básicamente porque con la comunicación se pretende humanizar al hombre.

Por ello, el término extensión ha de ser tratado desde múltiples perspectivas para evitar la confusión con el concepto de “agrónomo”, y orientar la acción educadora de este agrónomo hacía la comunicación, ubicándolo como ser concreto, insertado en una realidad histórica definida. La extensión es lo contrario a la comunicación, pues busca convertir al campesino en “cosa” u objeto de los planes de desarrollo, negándole la oportunidad de ser transformador de sus propias relaciones con el mundo. La extensión se contrapone también al conocimiento, puesto que en ella el sujeto recibe dócilmente el contenido que otro le impone, sin permitirle reflexión o análisis.

Por otra parte, Freire ve en la extensión lo que llama invasión cultural, en donde se niega el dialogo, y se educa tradicionalmente, esclavizando, dominando, negando al sujeto como actor de la historia. Por ello, se debe ligar el trabajo del agrónomo a la concientización del medio rural y de la cultura popular. En síntesis, el ser humano debe ser el centro de la discusión.

Aproximación semántica al término extensión

La palabra extensión tiene un sentido de base y un sentido contextual. El ejemplo citado por Freire: “Pedro es agrónomo y trabaja en extensión”, debe entenderse en su sentido contextual:

“Extensión indica la acción de extender, y de extender en su regencia sintáctica de verbo transitivo relativo, de doble complementación: extender algo a…”

Lo que ha de buscar así el extensionista es “extender” sus conocimientos y sus técnicas. Lo que hará Freire, por su parte es un análisis lingüístico del término para definir sus parámetros. Tal análisis conlleva a sentidos como: transmisión por parte de un sujeto activo, contenidos a entregar, mesianismo, superioridad (de quien entrega el contenido), inferioridad (de quien recibe), mecanicismo, e invasión cultural.

El equívoco gnoseológico de la extensión

En el trabajo de extensión, el extensionista lo que hace es buscar que el campesinado cambie los conocimientos asociados a su acción sobre la realidad (relación hombre–mundo) y sustituya sus formas de enfrentar la naturaleza. El problema es gnoseológico en tanto que las relaciones del hombre–mundo –constitutivas del conocimiento humano- se ven afectadas desde la extensión, puesto que ella tiene implícita la acción de llevar, de transferir, de entregar, de depositar algo en alguien, es decir, resalta dentro de sí una connotación indiscutiblemente mecanicista.

Sin embargo, en la dimensión humana, el conocimiento no es el acto a través del cual un sujeto -transformado en objeto- recibe dócil y pasivamente los contenidos que otro le da o le impone. Por el contrario, el conocimiento exige una presencia curiosa del sujeto frente al mundo. De suerte que la extensión sea la muerte de la capacidad crítica, el mostrar sin revelar, sin descubrir. El hombre es el ser de la praxis, de la acción y la reflexión, en sus relaciones con el mundo es un ser-en-situación, un sujeto responsable de sus propias acciones, pero la extensión tan solo trabaja hacía la doxa, o mejor, hacia la mera opinión ingenua sobre las cosas.

La extensión, además, atraviesa el pensamiento mágico del campesinado. Se considera que este tipo de pensamiento no permite interpretar la realidad en términos críticos, sino que lo hace con una apariencia de misterio, de inseguridad, de suerte que sea la comunicación la que rescate por medio de la dialogicidad ese pensamiento mágico para transformarlo sin desligar su mundo histórico-social.

Extensión e invasión cultural

“La invasión cultural consiste en la penetración que hacen los invasores en el contexto cultural de los invadidos, imponiendo a éstos su visión del mundo, en la medida misma en que frenan su creatividad, inhibiendo su expansión”

Para entender la invasión cultural, Freire considera la noción de anti-dialogicidad: la fuente de teoría de acción (opresión) que se opone a la teoría de la acción (liberación) que tiene como matriz la dialogicidad (término ampliado en la Pedagogía del oprimido). El hombre es un ser de praxis que tiene pensamiento y lenguaje, que actúa y es capaz de autorreflexión. Es un ser de relaciones en un mundo de relaciones, eso es la dialogicidad.

La extensión funciona como invasión cultural, actitud contraria al dialogo, anti-educativa, operando como concepto de dominación. Funciona en el ámbito rural dentro de las reformas agrarias. Como acto antidialógico de violencia hacia el pueblo, requiere que el campesinado se sienta inferior y que la gente de las zonas rurales reconozca “la superioridad de los invasores”. El estado de pasividad e inseguridad necesario para concretar este ambiente de superioridad- inferioridad se apoya, a su vez, en las distintas estructuras de la sociedad y penetra en todos los hogares. Freire es enfático en rechazar la situación de la cultura dominante, en donde los que gozan de privilegios son los actores (extensionistas) mientras que los demás (campesinado) permanecen como simples espectadores; sin embargo, ese panorama es, precisamente, el ideal para que la extensión se lleve a cabalidad.

¿Extensión o comunicación?

Freire profundiza en las ideas acerca de la comunicación y la extensión planteando que el conocimiento no puede ser reducido a simples relaciones de sujetos con un objeto a conocer, sino que debe haber una relación de intersubjetividad a través de la comunicación, ya que todo lo humano está atravesado por los procesos comunicativos; es por esto que para que haya una acto de conocimiento es indispensable una relación dialógica entre los sujetos pensantes y su respectiva coparticipación, o en sus palabras:

“No hay un pienso sino un pensamos. Es el pensamos que establece el pienso y no al contrario”

Por consiguiente no es posible comprender el pensamiento sin su doble función cognitiva y comunicativa. Pero esta comunicación no implica una simple extensión de contenidos, es decir, reproducir conocimientos a unos sujetos en una relación vertical de una sola vía, sino por el contrario, exige una estructura dialógica de sujetos activos que intercambian significados en una interrelación. Para que esto se lleve a cabo de forma eficiente es necesario que exista entre los interlocutores unos mínimos de reconocimientos semióticos, semánticos y lingüísticos, estos mínimos permiten una comprensión y por lo tanto una aprehensión de los significados comunicativos:

"La comunicación eficiente exige que los sujetos interlocutores incidan su “admiración” sobre el mismo objeto, que lo expresen a través de signos lingüísticos, pertenecientes al universo común a ambos, para que así comprendan de manera semejante la comunicación”

Citando a Adam Schaff, Freire considera dos tipos de comunicación: una que está centrada en los significados, y otra en las convicciones; en esta última se plantea un problema de adhesión a la misma por parte del sujeto, siendo capaz de reconstruir el proceso en el que se constituye tal convicción; pero cuando en la comunicación no es posible la comprensión de los signos, lo más recurrente es caer en el extensionismo, usando técnicas persuasivas manipuladoras. Por esta razón, Freire cree que la comunicación debe inspirarse en un aspecto humanista de carácter concreto y no abstracto, que emerge de la realidad en que se vive.

La educación como una situación gnoseológica

El autor plantea la necesidad del diálogo entre todos los actores de la educación, quienes son portadores de unos significados que en relación con el mundo y los otros hacen de la condición humana un lugar de participación comunicativa. Por tal razón se hace una crítica a las teorías que están centradas en la subjetividad y objetividad, en las cuales se generan rupturas de la relación dialéctica, originando concepciones falsas sobre la educación y la manera de estar del hombre en el mundo.

Por lo tanto, Freire plantea la educación como un proceso constante de liberación del hombre, en donde éste ha de relacionarse de forma dialéctica con su entorno, en un mundo que está en constante cambio, transformación y re-creación; tomando como preocupación principal la profundización de la conciencia en la praxis y una constante confrontación con la realidad. Es por ello que se debe rechazar cualquier acercamiento manipulado y extensionista por parte de los maestros al imponer sus puntos de vista.

Así, la relación maestro-estudiante debe ser totalmente horizontal, ínter-comunicativa; en ella, ambos son sujetos cognoscentes frente a objetos cognoscibles y su base de actuación es la dialogicidad; el aula, vista en estos términos, se convierte en el lugar en donde se buscan conocimientos, más allá de la plana transmisión. Como sujetos cognoscentes, los educadores deben estar problematizando en los educandos el contenido que los mediatiza, y no entregarlo como algo acabado, puesto que de este proceso surgirán participantes activos en constante interacción, reformulación, reproblematización y readmiración de ese contenido en torno a las realidades concretas que se les presentan, y convirtiendo el conocimiento en algo útil y necesario que saben poner a funcionar en las diferentes situaciones de la vida, no como algo inerte y sin asideros evidentes con la realidad.

Algunas consideraciones en educación: más comunicación, menos extensión

A pesar de que el texto de Freire data de 1973 constituye, aún en este siglo XXI, una aproximación muy completa a las implicaciones de los procesos de extensión y comunicación en las sociedades, especialmente en las sub-desarrolladas, en las cuales ha existido una fuerte tradición de dependencia frente a las naciones industrializadas, que son vistas como paradigmas de desarrollo y tecnología. El problema, por supuesto, no se encuentra en la búsqueda de una independencia, sino en la reflexión acerca de cómo una determinada relación basada en la extensión comporta necesariamente la dependencia y la anomia de una de las partes, esto es, la totalización del pensamiento hegemónico.

Cuando se propone, como lo hace Freire, una nueva forma de entender las relaciones inter-societales e intra-societales, la noción de extensión entra necesariamente en crisis. La extensión nunca podrá considerarse como verdadera comunicación en tanto es una relación vertical: el técnico que tiene el conocimiento es superior al campesino o al agrónomo, porque ellos desconocen todo lo que el primero sabe, lo cual, en términos de competencia internacional, significa no estar a la vanguardia. La comunicación, por el contrario, constituye una interacción basada en la dialogicidad, en un encuentro entre partes, en un mismo nivel, en donde el conocimiento no se transmite de uno a otro, sino que se construye de manera conjunta. En la comunicación se tiene en cuenta que los interlocutores son poseedores de unos saberes y significados propios, y que, como tales, deben comprender y crear una estructura de intercambio y construcción recíproca.

Esta explicación propuesta por Freire para el caso particular de la extensión en agronomía, puede ampliarse a los terrenos de la educación. Las visiones más tradicionales en la escuela tienen como base una extensión del conocimiento, en donde el docente hace las veces de técnico y los estudiantes de agrónomos. Lo que se observa en este punto es el hecho de que apostar por la extensión no es para nada una casualidad, por el contrario, responde a la necesidad de los grupos hegemónicos de mantener su control sobre el resto de la sociedad: una visión de la educación como construcción participativa de conocimiento desde la libertad y la acción, permite lógicamente, el desentrañamiento de esa realidad e implica la transformación de la misma.

Desarrollar espacios de crítica en la escuela para descubrir y analizar mecanismos de extensión en los medios de comunicación, la educación, la política y, en general, cualquier espacio de la sociedad es el compromiso de los docentes para no permitir que los nuevos ciudadanos sean meros extensionistas, sino verdaderos sujetos transformadores de la realidad. La educación, en este sentido, debe actuar como un proceso constante de liberación del hombre, en donde los individuos se transforman en seres de relaciones con su entorno. A través del diálogo entre maestros y estudiantes como sujetos que están en intercambio, se transforman y crean saberes por medio de una praxis reflexionada.

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