AUTOR: Leoníd Nikoláievich Andréiev
TÍTULO: El Diario de Satanás
EDITORIAL: Oveja Negra S.A. (Maestros de la literatura universal: Tomo IV – Rusia 1)
PÁGINAS: 497 - 659
AÑO: 1984
TRADUCCIÓN: Rafael Cansinos Assens
RANK: 9/10
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Por Alexander Peña Sáenz

Leoníd Andréiev (o Andréyev) no es una figura conocida en Occidente; sin embargo, su obra resultó muy influyente para la literatura rusa del siglo XX. Andréiev, oriundo de Oryol, estudió Derecho en las universidades de Moscú y San Petersburgo, pero al verse poco recompensado por la profesión, decidió trabajar como reportero. Es, sin embargo, Maximo Gorki –al descubrirlo a través de algunos textos publicados en el Moskóvski Véstnik- quien, en definitiva, le dio el aliento para dedicarse a la literatura.

Muy pronto, después de este voto de confianza, pudo convertirse en un autor prolífico, cuya actividad literaria atravesó el teatro, la novela y el cuento, y, asimismo, liderar el movimiento del expresionismo ruso de principios de siglo. Andréiev, supo combinar sus ideas más frecuentes –la rebeldía, el ánimo oscuro, la misantropía, el pesimismo y la angustia- con un carácter fantasioso, tragicómico y de burla hacia todo lo humano. Entre sus obras literarias más destacadas se encuentran La Risa Roja (1905), Los Siete Ahorcados (1905), Las Tinieblas y otros Cuentos (1916), y El Diario de Satanás (1921), publicada como obra póstuma.

El Diario de Satanás: un relato humano

“Aquí todo el mundo emplaza al prójimo ante un tribunal; los vivos a los muertos, los muertos a los vivos, la historia a los vivos y los muertos, y Dios juzga la historia. Y este inacabable proceso, este nauseabundo desfile de testigos falsos, de falsos juramentos, falsos jueces y falsos petardistas, habíalo tomado yo por una divina comedia”

El Diario de Satanás es una novela en donde se mezclan elementos de realismo, con una dosis de fantasía; en ella, Satanás encarna en la vida humana, aburrido del infierno. Vino a este mundo para echar mentiras y divertirse representando una comedia. Para el 18 de enero de 1914, a bordo de El Atlántico, este personaje lleva varios días en la carne humana. Para él, el lenguaje humano es insuficiente:

“No me acordaba de que una cosa es pensar y otra hablar ¡Qué lástima, hombre, que para comunicar nuestras ideas, tengamos que recurrir a un medianero tan malo como la palabra! La palabra nos roba lo que de más preciado tienen nuestras ideas y adultera nuestros mejores pensamientos con sus marbetes horteriles”

Satanás está dispuesto a representar la comedia humana, sentirse como realmente se siente un hombre. Luego de un capricho, dio la casualidad de que se tropezó con un buen norteamericano de Illinois… un tal Henry Wandergood, multimillonario de treinta y ocho años, cuya fortuna se ha hecho en una industria de carnes y especias. Tal fortuna asciende más allá de los tres mil millones. Satanás le da muerte para poder encarnar en él. En aquél enero sale de Nueva York, para representar su teatro en la ciudad de Roma, a donde se dirige en compañía de Erwin Toppy, su asistente, quien le produce una gracia humana bastante influyente. Allí, en Roma, quiere donar sus millones a la Humanidad.

A Satanás, encarnado en Henry Wandergood, se le ve constantemente reflexionando su vida en el mundo y habla a los lectores con un lenguaje muy humano (“Solo tienes dos ideas de la existencia: la de la vida y la de la muerte”). Satanás, se siente como un humano más, pero quiere trascender ese significado tan pueril de la existencia. Al llegar a Italia, sufre un aparatoso accidente en el tren que había tomado rumbo a Roma. Algunos de sus asistentes mueren. Míster Wandergood le pide ayuda a un ciudadano del lugar. Es allí cuando conoce a Magnus y a su hija María, que sublimemente guarda un fiel parecido con la Madonna. Admirado por tal belleza, Satanás ahora hombre, sucumbe a tales encantos terrenales.

El padre de la bella Madonna es Magnus, un misántropo que se opone a que el señor Wandergood done su fortuna en la empresa filantrópica de ayudar a la Humanidad. Las circunstancias se van dando para que el buen norteamericano se deje persuadir por el señor Magnus y vaya poco a poco aborreciendo su condición humana. Satanás, víctima de representar la comedia humana, se entrega a las pasiones terrenales en Villa Orsini, lugar adquirido con su fortuna, en donde se reconoce como un ser capaz de múltiples afectos, de diversas aversiones y deseos.

Magnus, a través de María embruja los afectos de Wandergood, con la oscura intención de heredar los millones que posee. Varias instituciones humanas van tras este poderío económico: la iglesia católica, en voz del Cardenal X; y un ex rey europeo también quiere hacerse con esta maravillosa fortuna de Wandergood, por lo cual constantemente también tratan todos de persuadirlo para que acceda a ser generoso. ¿Satanás será capaz de soportar su existencia humana? ¿Será capaz de representar esa comedia sin sentirse absurdo? Ha elegido una vida humana, por ende debe cargar con la responsabilidad existencial que pesa sobre él:

“Sí, miles y miles de años lleva el hombre en continua guerra consigo mismo; infinita es la tristeza de su alma, y su confusión y su angustia no reconocen límite y así será hasta que venga el supremo Juez a poner fin a tanto sufrimiento… ¡Ah! Pero ese Juez no vendrá nunca!... y eternamente estaremos solos, frente a frente, con nuestra vida, ¡Oh hombre!... ¡Oh, y qué triste es la vida! ¡Y qué insoportable!... ¡Es tan horrible y peligroso estar solo en la vida, cuando todas las puertas de escape se han cerrado!”

Muchas ideas rondarán y atormentarán a Wandergood, como la reproducción del ciclo humano:

“Fíjate bien; de tres hijos que traes al mundo, el uno es asesino, el otro víctima y el tercero juez y verdugo. Todos los días mueren en el cadalso la mar de asesinos, pero en seguida nacen otros; y diariamente matan los asesinos su conciencia y la conciencia los mata a ellos”

El mundo sencillamente quiere ser engañado, la Ratio (razón) que desfilará en las múltiples voces de los personajes, es como un traje de domingo, un traje de gala para lucirlo ante los demás, pero que se quita enseguida que cada quien vuelve a vivir su vida de todos los días: cuando trabaja, cuando duerme, ama y muere.

El amor terrenal

Al reconocerse como humano, Satanás sabe muy bien que es víctima de los deseos y pasiones del hombre. Se siente extraño al tener que experimentar tan comunes sensaciones. Odia lo que hay dentro del enamoramiento, porque en ello no hay nada original:

“Cuando tú, terrícola amigo, te enamoras de una mujer y te consumes en ese fuego, te tienes por muy interesante ¿verdad? Pues yo no. Cuando paso revista a toda esa muchedumbre de parejitas enamoradas, empezando por Adán y Eva, contemplo sus besos y caricias, siempre los mismos, y oigo sus palabras, siempre también las mismas, me da rabia de mi propia boca, que se pone a balbucear esas cosas tan manidas y repetidas durante miles de años… Veo tantas bestias ayuntadas en el delirio carnal, siempre idéntico, que acabo por sentir asco de mis propios huesos y de mis nervios y mi carne, al verlos propensos a rendirme al mismo delirio”

Pero al conocer a María, réplica terrenal de la Madonna, sus perspectivas van cambiando hacia la idea de un amor sublime, haciéndole sentir la alegría de ser hombre. La bella mujer es tan imperiosa con el sereno mirar de sus ojos; tan potente, bella y cegadora la luz de su amor, que todo su ser tiembla. Satanás promete volverse enteramente un hombre para entregarse a la pasión sublime del amor. Se siente plenamente humano, miles de pensamientos rondan por su cabeza y, al verse lejano de María, entra en crisis:

“Me entró una gran angustia. Es todo, aquí en la Tierra, tan frágil que a veces, despídese de uno un amigo y un cuarto de hora después, ya no puede volver a verlo. Sino en la eternidad”

Entre el humanitarismo y la misantropía

Satanás, al encarnarse en hombre, se siente solo (“Mi soledad es absoluta. No siento necesidad de amigos, pero sí de hablar de mí y a nadie tengo con quien hablar”). Aunque no necesita de la compañía de los hombres, sí necesita de oídos capaces de escucharle, he ahí la primera cualidad humana presente en este extraordinario ser. En su viaje a Italia, al conocer al señor Magnus, asocia su actitud con la de un misántropo, que tiene libros en exceso. Para Wandergood, este tipo de personas ha de odiar al hombre, porque ha sido capaz de aislarse del resto de la Humanidad en su oficio anacoreta. Efectivamente frente a esta mirada, Magnus le responde:

“Y usted que jamás leyó libros ¿sabe de qué tratan? Pues única y exclusivamente del mal; de los yerros y sufrimientos de la Humanidad, son todo sangre y lágrimas… el Demonio no es quien ha vertido toda esa sangre, ha sido el hombre. Sí, yo leo un libro, pero con el único objeto de aprender a odiar y despreciar al hombre"

Magnus ve en la literatura precisamente la desgracia del hombre. Sangre y lágrimas han de verse en las antiguas tragedias griegas… en Shakespeare, Cervantes… en Dovstoievsky, Tolstoi, Conrad… en Hemmingway, Kafka… La literatura es un amplio abanico de dolor y sufrimiento. Pero lo que desconoce Magnus es que en la literatura hay también sentimientos nobles, afectos sublimes.

A Wandergood, le gustaba la Humanidad, le admiraba (“Me conmovió simplemente el genio humano que ha sabido convertir en un salón limpio y cómodo una cosa tan inmunda como un retrete”). Esa absurda visión le parecía sorprendente, acogedora. El genio de la Humanidad le presionaba para que invirtiese en ella sus millones amorosamente, provocando cada vez más un efecto contrario: “el amor al prójimo es la mejor inversión para el capital” La iglesia, representada por el Cardenal X, también se pronuncia al respecto:

“La desdicha consiste en su excesivo amor a los hombres... Cuando los hombres se aman demasiado, ya no advierten sus sendos defectos; y lo que es peor, toman los defectos por virtud... Allí donde hay amor, hay piedad, y la piedad mata la energía”

Para Magnus, es más lúcido quien demuestra un absoluto desapego por el género humano y sus innumerables miserias; los filántropos, en cambio, sólo buscan engrandecer su propia vanidad a expensas de las desgracias de unos tantos. Los filántropos del mundo con sus limosnas no sirven nada más que para satisfacer sus ya de por sí henchidos egos. Wandergood tendría así una autocomplacencia moral directamente proporcional a su abultada billetera. Magnus trata de disuadir a Míster Wandergood, para que su fortuna no de despilfarre en el acto filantrópico de la donación.

La misantropía y la filantropía entran en disputa en la voz de estos dos personajes. Magnus no podía servir a los intereses de Wandergood:

“Usted ama a la Humanidad, mientras que yo la desprecio o todo lo más, la miro con indiferencia. Por mí, que esa Humanidad viva cuanto quiera; pero ella sola y dejándome a mí vivir solo”

Esto le hacía sospechar a Wandergood, si Magnus sería uno de esos hijos bastardos de su Padre. Wandergood irá cambiando su concepción hacia el prójimo:

“En el fondo me es indiferente… Porque, ya lo ve usted, es tan numerosa… Son tantos los hombres y han sido tantos en el pasado y lo serán también en el futuro, que verdaderamente, no vale la pena preocuparse de ellos”

Wandergood poco a poco merma sus ánimos filantrópicos, hacia una indiferencia. El señor Magnus advierte eso en su actitud, ya que ha comprobado que se burla del prójimo y ha desistido de esa estúpida comedia de la filantropía y el humanitarismo.

El espectáculo de la comedia humana se va tornando más oscuro para Satanás. Empiezan a rondar ideas suicidas en él: “La muerte es la salida”. Este personaje se quedará contemplando tal comedia hasta que deje de interesarle. El señor Magnus ha logrado parte de su objetivo, lograr ser heredero de los millones de Wandergood. Alguna vez el Cardenal X, le habla sobre la libertad y la muerte:

“¿No opina que quien le diese al hombre la libertad sin límites, le traería también la muerte? Porque la muerte es la única que desata de todas las terrenales cadenas. ¿Y no cree usted que esas dos palabras de “libertad” y “muerte” suenan a sinónimos?”

Discusión sobre la democracia con un ex rey

En la Europa de comienzos del siglo XX se comenzaban a desmoronar las monarquías para dar paso a las democracias, los gobiernos del pueblo. El ex rey de El Diario de Satanás es víctima de esas revoluciones políticas, pues había sido sustituido en su país por un gobierno democrático. Eso lo había llevado a la ruina, y como última alternativa decidió recurrir al señor Wandergood, representante de una reconocida república democrática de Norteamérica. El ex rey no podía concebir ningún pueblo sin un rey. No admitía que un ciudadano A pudiera obedecer a un ciudadano B, ni los principios de equidad democráticos.

Un rey es semejante a un dios, y es terrible que existan personas capaces de vivir sin un dios o sin un rey. Compara entonces el régimen del cielo con la monarquía:

“¿Quién podría imaginarse una república de santos y el mundo gobernado sobre la base del sufragio universal? Figúrese usted… entonces también tendrían derecho los demonios”

Sí, haría falta un rey en la tierra, al igual que un único dios en el cielo.

El hombre y los explosivos

Magnus quiere crear una nueva dinamita, que tiene por nombre “el hombre”. La pólvora y la dinamita exigen siempre una mano que las dirija; por sí mismas son estúpidas, ciegas, sordas como topos. Magnus compara a un trozo de jabón explosivo con la Humanidad:

“¿Es que la historia de este trozo de jabón no es la historia de ese hombre de usted, al que se le puede vapulear, despedazar, quemar, echar a los pies de los caballos, dárselo a los perros, sin despertar en él furias ni iracundias? Pero en cambio pínchelo usted con algo y se producirá el estallido”

El proceso de hacer estallar al hombre… consiste en prometerle un milagro. Es probable que Magnus le prometa un milagro al señor Wandergood.
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Si el lector busca una novela en la que la vida humana se represente como una tragicomedia, llena de los sentimientos más oscuros; exquisita en aforismos misantrópicos; llena de ingenuidad, en donde Satanás es un inocente que ha llegado tarde a una Humanidad bastante perversa y avara, esta es su novela. Andréiev ha logrado crear una obra maestra para la novelística rusa del siglo XX.

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