AUTOR: Jorge Ospina Sardi
TÍTULO: Hacia un Nuevo Conservatismo
EDITORIAL: Tercer Mundo Editores (Primera edición)
AÑO: 1989
PÁGINAS: 159
PRÓLOGO: Carlos Caballero Argáez
RANK: 7/10

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Por Alexander Peña Sáenz

El conservatismo tiene una larga tradición en Colombia y ha sido, sin lugar a dudas, una ideología política hegemónica en el país. De tradición europea, se establece en nuestro país a inicios de su independencia, como una postura existencial para gobernar la Nueva República. El pensamiento conservador se ha distinguido por su realismo y pragmatismo para evaluar situaciones y posibilidades. Se ha concentrado en la consolidación de un sistema jurídico y en la conformación de un consenso político alrededor de unas reglas de juego para la definición de la lucha política. Su preocupación vital ha radicado en la búsqueda de la solución para problemas de la evolución del orden social.

Sin embargo, su pugna por el poder ha sido ferviente contra las posturas liberalistas, acarreando desastrosas y sangrientas consecuencias. Esto debido a que, en Colombia, las ideologías políticas en antaño no sustentaban sus posturas a través del dialogo. Poco a poco, con el tiempo se ha ganado terreno en lo concerniente a la construcción de una verdadera democracia y de participación política. Por tal razón, hoy día, en el debate político, todos los actores de la democracia estamos llamados a observar la realidad social y dialogar en torno a toda postura ideológica y política para analizar y comprender el ritmo de vida social contemporáneo, y así buscar alternativas de transformación y progreso.

A continuación examinaremos la visión de Ospina Sardi en torno al Conservatismo, según el autor, renovado para la época. Del texto se desprende una preocupación: la urgencia de enfrentar en Colombia la última década del siglo XX a nivel social, político, económico y cultural. Por supuesto, los postulados conservadores poseen una vigencia importante aún en este siglo XXI para recuperarlos y reflexionarlos a nivel político.

Contexto ideológico

Un debate ideológico en Colombia se planteó en las últimas décadas del anterior siglo XX: la defensa de las libertades individuales y de la democracia frente a lo que se conoció como la amenaza comunista, producto de la Guerra Fría. Tal defensa estuvo a cargo del Frente Nacional, coalición política conformada por los partidos políticos Conservador y Liberal, quienes defendían el mantenimiento de la institucionalidad democrática con tal argumento. Para esta o cualquier otra defensa a favor de los principios de supervivencia e intereses de un pueblo y de la democracia, todos los partidos políticos han de estar llamados a sustentar sus ideologías. Y es precisamente lo que hace este libro de Ospina Sardi, orientar las ideologías del Conservatismo hacia nuevas tendencias neoliberales que permitan debatirse y postularse para transformar la realidad social de un país como Colombia.

La nueva visión que plantea Ospina Sardi en los diecinueve capítulos de Hacia un Nuevo Consevatismo se orienta hacia un Conservatismo Neoliberal, es decir, una postura que recoge la vieja tradición intelectual conservadora mezclándola con la concepción de la organización del sistema económico y de la agencia del Estado para cumplir eficientemente sus funciones básicas. Además se sustenta el pensamiento conservador como postura existencial; como filosofía política que busca regular el orden social; se analiza el equilibrio en la relación entre Estado y Sociedad Civil; la lucha por la justicia social, la libertad individual y el mantenimiento de la propiedad privada; y la importancia de las dimensiones religiosa y cultural.

El pensamiento conservador

Básicamente, Ospina Sardi recoge toda la tradición intelectual del Conservatismo europeo, el cual se basa en la conservación de la civilización, mantenimiento de la cultura y la construcción de los valores esenciales de la nacionalidad.

“como actitud existencial tiene su raíz en la inclinación del ser humano a mantener continuidad en los principales aspectos de la vida propia y de la vida en sociedad”

Esta postura conservadora está ligada a lo que ha sido (pasado) y a lo existente (presente), a lo que puede ser y a lo que debe ser (futuro). Es importante entrelazar el pasado y el presente, como guías orientadoras de la buena conducta. Se parte pues de un escepticismo reflexivo sobre la condición humana en el que se reconoce la existencia de tensiones y conflictos que se pueden mitigar pero nunca eliminar. Ospina Sardi prefiere el cambio gradual y predecible a las modificaciones totales de las instituciones políticas; piensa que el ser humano debe imprimirle a su actividad el sello de los más altos valores culturales y morales. Es necesario crear un balance entre orden y libertad, tarea ardua del arte político; para que la libertad rinda frutos, la conducta individual debe enmarcarse dentro de un ordenamiento jurídico y sentimientos de cooperación social.

La desconfianza sobre las posibilidades de la razón lleva al Conservatismo a apoyarse en la experiencia acumulada de una sociedad, a preferir innovaciones graduales que cambios radicales y a respetar las instituciones por lo que representan.

“El Conservatismo considera que la naturaleza humana está impregnada de una serie de defectos y virtudes relativamente inmutables en tiempo y lugar”

Para sacarle provecho a esas virtudes, se inclina por una visión limitada de la naturaleza humana y sus posibilidades. Requiere el concurso de leyes, tradiciones, costumbres y prejuicios para socializar la conducta individual.

La innovación constructiva del orden social

Ospina Sardi entiende el orden social como resultante de la interacción de una multiplicidad de fuerzas cuya dimensión temporal trasciende el presente, pues varias de ellas provienen del pasado y todas se proyectan hacia el futuro. El Conservatismo repudia todo intento revolucionario por modificar un orden social, pues se considera que ese orden es una obra siempre imperfecta, pero que necesita ser trabajada gradualmente hacia el progreso.

El Conservatismo Neoliberal es el abanderado de la innovación constructiva del orden social. La familia como unidad básica de todo ordenamiento social, la educación y formación de los niños como base de los lazos de convivencia social. La innovación del orden social es necesaria para elevar la potencialidad constructiva de la sociedad y de perfeccionar al hombre. Los procesos sociales son procesos permanentes de cambio. Por tal razón se critica la paradoja marxista:

“De ser partidarios del cambio total pasan a ser posteriormente, cuando sus ideas triunfan, los más fanáticos enemigos de cualquier cambio”
Estado y sociedad civil

Citando a Aristóteles, el Conservatismo considera vital la función estatal:

“Es, por tanto, evidente que mientras todas las comunidades tienden a algún bien, la comunidad superior a todas y que incluye en sí a todas las demás debe hacer esto en un grado supremo por encima de todas, y aspira al más alto de todos los bienes; y esa es la comunidad llamada el Estado, la asociación política”
Para que esta asociación sea efectiva, el Conservatismo considera necesario vincular todas las estructuras de poder y de autoridad en los varios niveles del orden social, la superestructura del poder (religión, leyes, etc.). Hegel propone el Estado como un ente superior a la Sociedad Civil, como su árbitro y regulador; pero el Conservatismo refuta esta idea, pues considera que el Estado y la Sociedad Civil deben existir en un plano de relativa igualdad. El Estado no debe de ninguna manera agredir la ética privada.

Libertad individual, justicia social e igualdad

“Si aspiramos a ser libres es preciso que comencemos por ser justos” (Rafael Núñez)
La libertad individual es pensada como una de las consecuencias más deseables de un orden social equilibrado y justo. Se debe lograr un justo medio en las relaciones entre sociedad e individuo. La libertad es uno de los ideales más nobles de la actividad política. Pero si no está apuntalada por el principio de autoridad, se convierte en libertinaje. El principio de autoridad es el primer instrumento destinado a la larga y complicada tarea de civilizar la especie humana. Para que el ejercicio de libertad beneficie a la comunidad debe atender las restricciones que imponen las normas y las reglas de conducta general y que evitan el daño a los demás y al medio ambiente.

Retomando las ideas de Santo Tomás de Aquino “la justicia es el modo de conducta (habitus) según el cual el individuo, movido por una voluntad constante e inalterable, da a cada cual su derecho” para respetar el derecho del otro. Se requiere que los derechos de cada quien sean respetados, porque si no es así, sencillamente no hay capacidades de libertad. La justicia debe jugar el papel de reguladora del interés propio: el Conservatismo considera que el interés propio, restringido por el sentido del deber, es fuente principal de progreso.

Sin embargo, la justicia social tiene un alcance limitado. El arte de la política conservadora consiste en canalizar los anhelos colectivos con respecto a los resultados finales deseados, utilizando la persuasión y el consenso. La justicia debe ser distributiva, en lo términos pensados por Santo Tomás de Aquino:

“se da algo al individuo en la medida en la cual lo que pertenece al todo corresponde también a la parte”
Aquí se establecen los criterios de equidad con respecto a la participación de cada quien en el bien común. Se plantea entonces que la justicia social no debe servir de excusa para imponer coercitivamente desde el gobierno los caprichos y los prejuicios de quienes lo administran.

El concepto de justicia social nació de la necesidad de establecer un régimen político y económico más igualitario (“la libertad es derecho a ser diferente; la igualdad es prohibición de serlo”). El Conservatismo como filosofía política repudia las desigualdades extremas, porque son la causa de los peores privilegios e injusticias. El excesivo énfasis en la igualdad lleva al uso de mecanismos de expoliación que coartan de manera significativa la libertad individual. La sola diversidad de edades, actitudes y preferencias determinan desigualdades, tales diferencias hacen que los incentivos para trabajar y capitalizar no sean los mismos.

El Estado como promotor de igualdad

Toda política redistributiva debe estar necesariamente circunscrita dentro de los requerimientos de la libertad individual y de la justicia. El Estado debe atender las necesidades básicas de la población, teniendo en cuenta las restricciones en cuanto a la disponibilidad de recursos. El Estado no debe ser un Estado-benefactor (como es el caso del socialismo), porque así se desestimula la creación de empleo y el crecimiento económico, también con un costo alto para los grupos más vulnerables.

El mito del Super-Estado

El Conservatismo buscaba para la época corregir los excesos de intervención estatal del modelo liberal-socialista que estaba empezando a tener auge en América Latina. Esta situación ha reforzado la nueva tendencia ideológica hacia el modelo conservador neoliberal. El Estado necesita reducir su tamaño para concentrarlo en sus funciones básicas y devolverle a la iniciativa privada su rol como motor de la actividad económica. La lucha debe orientarse en desmitificar al Estado omnipotente que todo lo abarca y que puede resolver los problemas de la pobreza de forma mágica. La lucha va en contra de la nueva casta política que nace del paternalismo estatal: la burocracia, que posee sus propios intereses, entre los cuales predomina el de la supervivencia. La burocracia debe justificarse solamente en la medida en que sea una eficaz intermediaria en la transferencia de recursos y en la provisión de ciertos bienes públicos necesarios para el progreso social. Cuando el Estado lo abarca todo, es virtualmente imposible el ejercicio de la oposición política.

Principios de intervención estatal

La acción estatal debe establecer unos principios de racionalidad:

1. El Estado debe propender por el establecimiento de unas reglas generales que regulen tanto su actividad como las de la sociedad civil
2. La política estatal debe regirse por unos objetivos conocidos
3. La política redistributiva debe estar dirigida a atender un mínimo básico de necesidades de la población que, a su vez, depende del nivel de riqueza de la sociedad
4. El tamaño del Estado debe ajustarse a lo que la gente está dispuesta a pagar por sus servicios
5. El paternalismo del Estado debe ser selectivo y decreciente
6. El Estado debe concentrar sus esfuerzos en servicios básicos y debe evitar involucrarse en actividades de alto riesgo
7. El papel del Estado como intermediario en la transferencia de recursos no implica que se involucre directamente en la producción de bienes y servicios
8. El Estado debe descentralizar al máximo su estructura administrativa
9. La intervención estatal debe estar dirigida a aumentar la libertad de escogencia del consumidor antes que a restringirla

El ámbito de acción del Estado debe estar circunscrito por consideraciones de eficiencia y de limitación de recursos.

La ortodoxia económica como base del crecimiento, libre mercado

Se requiere de la iniciativa privada. El logro de altas tasa de crecimiento económico implica altos niveles de ahorro y una eficiente utilización de los recursos “liberados” por ese ahorro en inversiones productivas.

El libre mercado debe estar por encima de de la capacidad del Estado como principal motor impulsador de progreso. Para esto se debe tener en cuenta el desequilibrio de los mercados, que es el motor de cambio y del progreso económico, porque el mundo económico es siempre dinámico y nunca estático. Los mercados libres, con sus permanentes desequilibrios y mutaciones, constituyen el mejor sistema disponible de información o de señales para guiar la conducta de las unidades económicas. Citando a Keynes, Las ventajas de la iniciativa privada:

“son en parte las ventajas de la eficiencia, las ventajas de la descentralización y del juego del interés propio, que no se deben imponer desde afuera"
La propiedad privada como requisito de democracia

Toda propiedad es un derecho de uso, pero no toda propiedad es privada. La propiedad privada se caracteriza por:

1. El derecho a excluir a las demás personas del uso de la cosa objeto de mi propiedad
2. El derecho a usarla de la manera que desee
3. El derecho a transferirla

Sin propiedad privada no existe la forma para que los precios reflejen las valoraciones que cada quien hace a fin de obtener unos determinados bienes o servicios. La propiedad privada refleja los votos del consumidor como un sistema democrático.

Por otro lado el Conservatismo Neoliberal considera que el derecho de propiedad está inexorablemente unido a la individualidad y a la esencia misma del ser humano.

“A través de la propiedad el hombre le infunde al mundo su voluntad y empieza entonces a descubrirse a sí mismo como un ser sociable” (Roger Scruton)
El énfasis del conservatismo se manifiesta entonces en la defensa del derecho de propiedad, antes que en su restricción o eliminación por parte del Estado. Para el conservatismo la democracia presupone el derecho a la propiedad privada y a la extensión de sus beneficios a todos los grupos sociales.

La importancia de la dimensión religiosa

Todas las discusiones en el arte de la política deben abordar necesariamente el tema de la religión, porque es un anhelo vital del ser humano. (Miguel Antonio Caro decía: “La civilización es la aplicación del cristianismo a la sociedad”). La inclusión de la religión en el ámbito de la filosofía política tiene que ver con la idea de que el hombre es un ser capaz de una conducta ética, es decir es capaz de controlar su instinto anárquico y disciplinar su voluntad para escoger y decidir entre diferentes opciones (“De todas las religiones que han existido la cristiana es la más política, la más humanitaria, la más favorable a la libertad, a las artes y a las letras”, dijo el Conde de Chateaubriand). El Conservatismo reconoce la importancia vital del principio religioso, tanto por su impacto civilizador como por elevar al hombre hasta un plano de libertad moral y de responsabilidad autónoma dentro del cual su dignidad es inviolable. No dejar de lado que el credo religioso se puede convertir en una fuerza negativa si invade la esfera política.

Los requerimientos de la cultura

El concepto de cultura debe ser global y debe incluir todos los logros y actividades que llevan al perfeccionamiento y la superación de los individuos. El refinamiento de los hábitos y de las costumbres a través de la urbanidad y el civismo; el aprendizaje de conocimientos heredados de la educación; el interés y la habilidad de manipular ideas abstractas a través de la filosofía; la comprensión y elaboración de las distintas formas artísticas a través la música, la pintura y la literatura; y en fin, todo aquello que eleva y acerca al hombre, a un grupo social o a la sociedad misma a un ideal de perfección. Para el progreso de la cultura se requiere la actividad académica se desarrolle dentro del espíritu de independencia, de controversia pacífica y de diálogo.

La vigencia del Conservatismo

El Conservatismo como filosofía política tiene una trayectoria de dos siglos. Es una postura inconforme frente a la excesiva centralización del poder político, la ineficiencia del Estado, la erosión de los gobiernos locales, la ruptura de los lazos y sentimientos de comunidad, la alienación cultural de grupos enteros de la población, el marchitamiento de la vida espiritual, la pérdida de los valores de la nacionalidad y los abusos y desafueros del poder económico. En su vertiente Neoliberal, el Conservatismo desmitifica a la agencia del Estado, situándola donde debe estar, es decir, como intermediaria en la prestación de servicios esenciales para el funcionamiento de la sociedad.
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La lectura de Hacia un nuevo Conservatismo sin duda conlleva una reflexión ideológica en torno a todas las formas de lucha política. El Conservatismo presentado en la visión de Ospina Sardi se muestra claramente anti-marxista y debate con argumentos experienciales en América Latina, las falencias de éste en torno a las libertades individuales y el manejo económico. El conservatismo no debe entenderse como una simple conservación de un statu quo; al contrario, busca una transformación social, no radical como en las luchas socialistas, pero si paulatinamente progresista que reivindica todas las posibilidades de los individuos. El libro deja abierto el debate acerca de los postulados que se plantean frente a la religión, la cultura, la propiedad privada y las funciones del Estado.


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