AUTOR: Jorge Luis Borges
TÍTULO: Narraciones
EDITORIAL: Editorial Oveja Negra S.A. (Primera edición)
PÁGINAS: 159
AÑO: 1983
RANK: 8/10
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Por Jorge Vanegas Aparicio

Cada vez que leo a Jorge Luis Borges me convenzo más del por qué nunca necesitó escribir extensas novelas de largo aliento durante toda su carrera literaria, y esto es, simplemente, porque nunca precisó relatar más allá de lo necesario para describir en pocas páginas los complejos universos que aparecen dentro de su copiosa narrativa. Estos relatos cortos son un claro ejemplo, pues nos hacen ver lo enmarañado, intrincado y abrumador de su temática. Es admirable cómo el autor argentino logró condensar en unas cuantas páginas tantas cosmogonías y culturas, retratadas con tanta omnisciencia. Siempre he creído en el minimalismo, y en este caso se impuso con un rotundo éxito.

Basta decir, a propósito, que los catorce cuentos que conforman esta recopilación que realizó durante los años ochenta en Colombia la Editorial Oveja Negra fueron originalmente publicados en los libros: Historia Universal de la Infamia, Ficciones, El Aleph y El Hacedor, entre los años 1954 y 1960 en la ciudad de Buenos Aires.

El cuento con que abre esta antología lleva por titulo El Espantoso Redentor Lazarus Morell, perteneciente al libro Historia Universal de la Infamia. Describe al apóstol sureño Lazarus Morell en su infame ascenso al mundo de los negocios ilícitos. Supuesto emancipador de los esclavos negros en Estados Unidos, no es más que un canalla que sólo pretende hacer lucro en el mercado de los cimarrones, engañándolos y revendiéndolos a otros amos. Todo esto ocurre dentro del ámbito de la Norteamérica recién independizada de principios del siglo XIX. Escrito a manera de crónica policíaca, en este primer relato ya se puede vislumbrar una historia que no deja de estar llena de paradojas, ataviadas con breves circunstancias históricas que tratan de dar explicación a los porqués de la esclavitud en el nuevo mundo. El personaje de Morell aunque no deja de inspirar cierta repugnancia permite al lector que sienta un particular interés por su suerte, aunada a una especie de castigo divino que tanto él como el autor esperan en su contra.

Los siguientes relatos pertenecen originalmente al libro Ficciones y son: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, que es a grandes rasgos la creación de un planeta imaginario por parte de una secta secreta; Las Ruinas Circulares, profunda problematización por parte de unas entidades oníricas sobre la existencia del ser; La Lotería en Babilonia, descripción de una civilización que se regenta por los destinos del azar y, La biblioteca de Babel, que atañe a la duplicación de los hombres en el eterno universo y su consiguiente individualidad .

Todos los anteriores relatos hacen referencia a una episteme metafísica que trata de dar cuenta de los mecanismos que mueven tanto al cosmos como a la creación de las cosas y los seres vivientes, motivando que sea el azar mismo el motor que rija toda nuestra existencia. De manera absoluta todas nuestras acciones no son más que una serie de procedimientos aleatorios potencialmente modificables y realizables en multitud de universos paradójicos:

“Las cosas se duplican en Tlön; propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro” (Pág. 37)
De ahí el horror que expresaba Bioy Casares en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius por los espejos, al afirmar que estos al igual que la copulación multiplican al hombre:

“Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables (mirrors and fatherhood are abominable) porque lo multiplican y lo divulgan” (Pág. 22-23)
Así también, el hombre es producto de un estado onírico, quizá de un vasto demiurgo que controla el designio de toda la materia en el universo, quizá de sí mismo; en Las Ruinas Circulares, el hombre, o acaso un sueño de aquel, ve relegada toda su existencia ante un sistema azaroso del que le es imposible huir pues es completamente ajeno a su voluntad:

“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando” (Pág. 72)
Contrariamente a los anteriores cuentos, los relatos El Muerto y El Sur se alejan bastante del tópico fantasioso, aquí los episodios colindan más con la dura realidad latinoamericana. Borges retrata en estas dos historias los pormenores del hombre solitario que en busca de su afán por sobrevivir el día a día termina por truncar su propia existencia a causa de una violencia inherente a tierras remotas, agrestes y apartadas del entorno citadino (los escenarios donde se desarrollan ambas historias ocurren dentro de la frontera con el Brasil y en las pampas argentinas, respectivamente.) Irónicamente en ese afán por sobrevivir sólo se logra la autodestrucción del mismo hombre que se aventura solitario en estos parajes incivilizados:

“Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto” (Pág.125)
Los restantes cuentos Funes el Memorioso; Borges y Yo, y El Aleph, son relatos autobiográficos con un estilo prodigiosamente fantástico; lo realista se mezcla en variadas ocasiones con lo absurdo. Precisamente el primer cuento describe la vida de un muchacho llamado Ireneo Funes, quien vivió en la misma villa donde creció Borges cuando este era todavía un joven estudiante; Ireneo es poseedor, como ninguno, de una extraordinaria capacidad memorística; su portentoso don, sin embargo, lo condena a vivir postrado en un estado mental cuasi-caótico pues todas las reminiscencias y cosas que clasifica en su mente están limitadas por un orden espacio-temporal efímero, ello significa que le sea casi imposible catalogar sus propios recuerdos; angustioso dilema al que Funes es incapaz de hacerle frente:

“Había aprendido sin esfuerzo el ingles, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos” (Pág. 104)
El segundo relato plasma el desdoblamiento en varias personalidades del mismo Borges, de nuevo lo cambiante en nuestro ser se ve directamente reflejado en la mutabilidad espacial y temporal. El autor se cuestiona cuantos Borges confluyen en uno solo, gobernado siempre por un tiempo inexorable que anula lo estático, otorgándole diversos papeles en el universo:

“Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de la guitarra” (Pág. 156)
Es con una frase como la anterior que Borges, creador y pensador a la vez, confluye en la búsqueda personal de un encontrarse consigo mismo dentro del infinito universo.

El último relato, quizá el mas interesante de todos, tiene como protagonista principal al mismo Borges, quien se ve enfrentado a un hecho ilógico y particular, que lo llevara a reconocer con marcado escepticismo la infinitud de toda la materia reducida en un “Aleph”, este simplemente descrito como: “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”. Cuenta esta historia que a la muerte de su mejor amiga Beatriz Viterbo, Borges decide ir a casa de ella para conmemorar cada año su cumpleaños, en dichas visitas da con el primo hermano de Beatriz, Carlos Argentino Daneri, poeta pedante y dueño del inmueble; las interminables discusiones que sostiene Borges con este individuo hacen que Carlos le revele el sitio exacto de la casa en el que se esconde el famoso “Aleph”. Nada más que decir con respecto a esta historia que para mi es de las mejores de toda la antología, solamente ustedes, los lectores, juzgaran si es así o no:

“…vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo, y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo” (Pág. 142)
Borges encumbró la literatura latinoamericana, no porque haya sido acreedor de multitud de premios (Borges es un literato más de los que nunca legaron a ganar el tan cacareado premio Nobel, injusticias de la vida dirán algunos…) sino porque logró a pulso granjearse un espacio dentro del lector y la crítica especializada. Su amplia cultura, así como su sencillez fueron baluartes determinantes que lo catapultaron como uno de los escritores emblemáticos de la literatura moderna. Querer decir tanto en tan poco, es sólo cosa de magnos, y Borges es uno de ellos.

Finalmente, resta decir que la Editorial Oveja Negra logró concebir una estupenda selección de los relatos de Borges, aunque eso sí quedaron algunos cuentos por fuera del tintero. Así mismo es grato reconocer que los libros de esta vieja colección, sin ser la gran cosa, aun se pueden conseguir en los anaqueles de las librerías de segunda mano en el centro de Bogotá, en perfectas condiciones y, lo mejor de todo, a precios razonables.

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