AUTOR: Albert Camus
TÍTULO: El Malentendido
EDITORIAL: Alianza Editorial S.A.
AÑO: 2001
PÁGINAS: 112
TRADUCCIÓN: Aurora Bernárdez y Guillermo de Torre
RANK: 9 /10
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Por Alexander Peña Sáenz
Camus desarrolla la obra para teatro El Malentendido desde las ideas del absurdo, en su primer ciclo de obras. Su filosofía del absurdo enmarcada en el Mito de Sísifo; dramatizada en Calígula y El Malentendido; y narrada en El Extranjero, ha sido un aporte fundamental para la filosofía existencialista durante el siglo XX.

La obra teatral de El Malentendido se divide en tres actos, a manera de una tragedia clásica, en donde el destino de los personajes se ve en constante tensión con sus afectos. Jan, es el hijo que se ha marchado lejos de casa, dejando atrás a su madre y a Marta, su hermana. Lejos conocerá a María con quien se casará. Luego de más de veinte años de lejanía decide volver a su casa, y dar su fortuna a las dos mujeres abandonadas. No será una tarea fácil, ya que no le recordarán. Jan se hará pasar por un cliente, lo que iniciará el malentendido que saldrá muy costoso a todos los personajes de la obra.

RASGOS EXISTENCIALES EN LOS PERSONAJES

Jan – Regreso a la patria, víctima de la insuficiencia del lenguaje

Jan se muestra como un hombre ingenuo y optimista. De joven se alejó de casa para hacerse a una vida más favorable. Después de trabajar lejos de su tierra natal, regresa afortunado y dispuesto a compartir todos sus bienes con su madre y hermana, las cuales no veía hace más de veinte años. Su anhelo radica en reencontrarse con su amada madre y antigua patria.

Al llegar a su tierra de origen, entra en conflicto con María, su esposa, por quien siente afectos muy profundos. Jan está confundido por el amor que siente hacia ella y por el amor que quiere recuperar de sus seres cercanos del pasado. Radica en él, un ansia de saber que han hecho Marta y su madre de sus vidas mientras estaba lejos. María quiere que Jan sea sincero con ellas y puedan reencontrarse tranquilamente. Jan llega de incógnito al hostal de las dos mujeres, pues supone que ellas no le reconocerán, ni verán en él ningún rasgo familiar después de tanto tiempo de lejanía. Jan sabe bien esto y se siente impotente e inseguro para expresarse en todos sus afectos hacía ellas. Alquila una habitación para encontrar alguna fórmula que le permita decir la verdad. Su lenguaje no fluye libremente. Es entonces cuando cae en un juego que inevitablemente le llevará a la muerte. Su deber de hacerse cargo de su familia se convierte en una fuerte presión:

“Y vuelve a asaltarme mi vieja angustia, aquí dentro, como una vieja herida que se aviva cada vez que me muevo. Conozco su nombre. Es temor a la soledad eterna, miedo de que no exista respuesta. ¿Y quien va a responder en una habitación de hotel?”
Es aquí cuando llama al criado, exigiéndole una respuesta, pero este permanece inmutable, silencioso:


“¡Oh, Dios mío! Dame fuerzas para encontrar las palabras, o haz que abandone esta inútil empresa para volver con Maria, con su amor. Pero entonces dame fuerzas para elegir lo que prefiero y actuar en consecuencia.”
En el fondo, Jan quiere liberar todo lo que siente hacia su madre y su hermana Marta. Quiere recuperar el tiempo perdido, brindar algo de felicidad. Busca en el dios silencioso alguna respuesta que le permita solventar esta angustia. Pero la ciega avaricia de sus familiares caerá sobre él de una forma fatal. El afán de dinero y una mejor vida pudo en ellas más que el reconocimiento de un ser querido. El reencontrarse con su madre y hermana, tan frías, le hace cuestionar su destino. ¿Valdrá la pena quedarse, cuando todo le es tan hostil que le sugiere alejarse? Decide quedarse y conversar tímidamente con las dos mujeres, tratando de indagar sobre sus vidas, sobre sus sentimientos. Después de todo, termina muerto, sus intentos fallaron. Arrojado fríamente al río, su cuerpo ha de descomponerse. Al fin y al cabo Jan tendría que morir algún día, en este caso, víctima de un malentendido, porque no pudo ser comprendido.

Marta juzga el malentendido que llevó a la muerte a Jan:

“¡El muy estúpido tiene ahora lo que quería! Comprenda que ni para él ni para nosotros, ni en la vida ni en la muerte existe ni patria ni paz. Porque no se le puede llamar patria a esto. Comprenda que su dolor jamás será comparable con la injusticia que se comete con el hombre"
Marta – El anhelo indiferente, la frialdad sentimental

La fría y calculadora hermana de Jan mantiene un desprecio hacía todo lo circundante. Hasta su madre en ciertos momentos se ve despreciada y reprochada por ella. Marta estaba acostumbrada ya a hacerse con el dinero de viajeros a los que les daba muerte para cumplir sus anhelos de abandonar esa tierra que tanto desdén le producía.

Marta adquiere la costumbre de matar (“Costumbre que empieza a partir del segundo crimen. Con el primero sólo se acaba algo”). Marta no repara en asesinar a los visitantes del hotel que maneja, con tal de que su fortuna se acreciente. Pese a esto, ni las riquezas, ni la vida misma poseen algún valor para ella. Ni siquiera su hermano Jan, quien le preguntó cómo acogerían a un hijo si llegase:

“Si entrara aquí un hijo, se encontraría con lo que cualquier cliente sabe que va a encontrarse: una indiferencia cordial.”
Ningún visitante representa para ella algo humano, actúa en una lógica de intercambio de capital entre un vendedor y su cliente. Los visitantes de su hostal “no han hablado de su corazón… Eso ha simplificado nuestro trabajo”. Marta disipa la honradez de la madre a la hora de eliminar a Jan, pues no interesa lo que él piense o sienta (“¿Qué sería del mundo si los condenados empezaran a confesarle sus penas íntimas al verdugo?”). Harta del hostal, Marta quiere escapar, su vieja madre sólo quiere cerrar los ojos y olvidar lo que en sus pechos radica como deseos de veinte años atrás. Ni siquiera su hermano simbolizó algo humano.

Antes de su muerte, Jan quiso advertir un carácter humano en Marta mientras conversaban.Rotundamente Marta asevera:

“Se equivoca, lo humano que hay en mí es conseguir lo que deseo y con tal de conseguir lo que deseo creo que soy capaz de aplastarlo todo a mi paso”
Sin embargo, le pesa tener que matar, pero se alegra al haber ahorrado el sufrimiento a sus víctimas. Jan después de todo, tocó en el alma de Marta, la hizo vacilar en ese momento, pero su frialdad le supera y se decide a acometer el asesinato:

“Yo dudaba, pero él me ha hecho decidir al hablarme de esos países, además el pensaba encontrar amor y afecto en esta casa, pero aquí no encontrara eso”
Sin saber que mató a su hermano, Marta se siente renovada después del crimen:

“Es en muchos años, la primera mañana en que respiro, me parece oír el mar. Vuelvo a ser la muchacha que fui. Madre… ¿Todavía soy guapa?”
Se reflejan los anhelos de Marta, próximos a cumplirse gracias a los recursos obtenidos después de largo sufrimiento. Ahora siente que llegará la oportunidad de hacer lo que nunca tuvo como opción. Nadie ha besado su boca y ni siquiera su madre ha visto su cuerpo desnudo. Ya es hora para cumplirse sus promesas. Todo se vendrá abajo cuando la madre descubra en los papeles del viajero, que han asesinado a su hijo y hermano. Marta se desespera y trata de solventar el malentendido:

“Podemos perfectamente olvidar a mi hermano, lo que paso carece de importancia. No! Yo no tenia que velar por mi hermano, ahora me encuentro destarada de mi propio país ¡oh!, ¡como lo odio! ¡Toda la vida esperando esa ola que me llevaría con ella y ahora se que ya no vendrá!”
Se halla condenada, ahora está demasiado lejos de lo que ama y su distancia no tiene remedio. Su madre se aleja con un fuerte sentimiento de culpa hacia el suicidio. Ahora más que nunca Marta llega al absurdo:

“¡Este es el precio que se paga por el cariño de una madre! ¡Ah!, cómo odio este mundo en el que nos vemos reducidos a Dios, rechazada por mi madre, sola en medio de mis crímenes, abandonare este mundo sin haber reconciliado con el”
Se siente ajena al mundo, arrojada a éste sin un dios que pueda ayudarle. Su mundo se ha tornado oscuro. Marta al sentirse extraña, se halla culpable en el malentendido que llevó a la muerte a Jan.No comprendió el lenguaje en que habló (“amor, alegría, dolor son palabras que no caben en mi cabeza”). Víctima de este ambiguo juego del lenguaje se ve forzada a aceptarlo y de hacerle saber a María que Jan murió:

“Ya que quiere saberlo, hubo un malentendido y por poco que conozca el mundo, no le sorprenda. En este momento él y mi madre son devorados por las aguas”
Su extrañamiento, su absurdo enfrentamiento con el mundo le lleva a sintetizar esta idea:“Ni en la vida ni en la muerte existe ni patria ni paz.”

La madre - Cansada de llevar una larga vida

La madre posee un cansancio, natural de llevar una larga existencia. Su tipo de cansancio es aquel en el que los sueños de anciana se hacen más y más cercanos, donde el anhelo de descanso se hace una obligación marcada con sangre sobre sus sienes. La experiencia, el tiempo se encarga de disipar todos sus afectos (“Las viejas desaprenden, incluso, a querer a un hijo. El corazón se desgasta”). Tanto desgaste le impide reconocer a su hijo, le impide amarlo.

La madre se siente demasiado vieja (“demasiado vieja para volver a coger con mis manos sus tobillos y aguantar su cuerpo hasta llegar al río”). Vieja para vivir, para amar, para matar… Jan intenta llegar a su corazón, pero la madre ya no siente afectos por nadie, quizá solo por Marta, quien le ha acompañado toda su vida sacrificando su juventud. Quiere descansar definitivamente, después del último crimen. En parte le alegra saber que al fin la vida va a empezar para Marta. Pero descubre la identidad del viajero que ha sido víctima. Es Jan su hijo, alejado hace más de veinte años. Se queja del inevitable crimen cometido en contra de su hijo. Su afán de retiro le ha enceguecido, no le permitió ver a uno de sus seres engendrados (“He vivido mucho más tiempo que mi hijo. No lo he reconocido y lo he matado”).

La vieja madre puede dar fe de que Marta ha sido buena hija. Pero cree que si una madre es incapaz de reconocer a su propio hijo significa que ha acabado su papel en este mundo. Entonces decide abandonar a Marta, y dejar de existir. Marta le recrimina ese repentino remordimiento hacia Jan (“No es posible que no piense usted en su hija ¡bonito amor que le tuvo olvidándola 20 años!”). La madre arrepentida le contesta: “Prefiero pensar que no es así, hasta los peores asesinos tiene sus momentos de tregua”. No ha dejado de querer y valorar lo que Marta ha hecho por ella, pero habla con su corazón, manifestando su absurda existencia: “Vuelvo a vivir en el momento en el que ya no soporto vivir”. Marta al verla desboronarse, la deja salir sin oponerse, resignándose del destino que les tocó enfrentar.

María – el amor, la fe en Dios

Tan inocente e ingenua como su esposo Jan, contribuye sin saberlo a que Jan vaya directo hacia su muerte. María quiere que Jan encuentre las palabras que tanto le hacen falta para revelar su identidad. Le ama e intuye el drama que está por venir. Sin embargo respeta la decisión de su esposo y permite sin renegar que él vaya hacia su destino final. Ella decide por cuenta propia contar la verdad, pero ya es demasiado tarde, el crimen contra Jan ya se ha cometido. Al descubrir que su suegra y cuñada eliminaron la existencia de Jan, se desespera y siente el inevitable absurdo. Marta displicente y fría le habla, y le advierte que ya no hay nada más que hacer, Jan está muerto para siempre. María acude como último recurso a dios, para que le de una explicación, o pueda ayudarle a solventar algo de este destino fatídico. Pero en dios no encontrara más que una respuesta, una negativa muy fuerte: ¡NO! Aquel Dios en quién depositó su fe, no podrá salvar su destino, María está inminentemente arrojada al mundo.

El anciano criado – El Dios silencioso

Siempre callado, se vio como un silencioso partícipe del drama. Jan llegó a cruzar su mirada con él, buscando alguna respuesta que permitiera hablar con la verdad a su madre. Jan le llama con el timbre de la habitación. Funciona el timbre pero el anciano criado no habla. No es una respuesta para Jan. El anciano criado cumplía con sus funciones laborales, siempre atento a lo que ocurría en el hotel. Sabía de todos los crímenes cometidos por las dos mujeres, pero no chistaba por nada. Al final se nos muestra como dios, silencioso y negativo. El arrojamiento al mundo es inevitable, y Dios ya no se encuentra para solventar los problemas o responder preguntas. Al contrario, solo se encuentra su rotunda negativa, que a la vez lo niega a sí mismo, dejando al hombre, sólo con su destino.

LA INTERTEXTUALIDAD EN LA OBRA DE CAMUS

Para Camus, deben entenderse todas las obras de un autor en un solo conjunto. Así, en El Malentendido, podemos advertir el absurdo que se explica en El Mito de Sísifo y que se experimenta en El Extranjero con Mersault, el personaje principal, que durante su estancia en la cárcel, luego de haber asesinado a un árabe, estaba al tanto de una historia similar a la de El Malentendido, debido a un periódico que conservaba allí. Con esta historia se entretenía y la vislumbraba de la siguiente manera:

“Entre el jergón y la tabla de la cama había encontrado, en efecto, casi pegado al género, un viejo trozo de periódico, amarillento y transparente. Relataba un hecho policial cuyo comienzo faltaba pero que había debido ocurrir en Checoslovaquia. Un hombre había partido de un pueblo checo para hacer fortuna. Al cabo de veinticinco años había regresado rico, con su mujer y un hijo. La madre y la hermana dirigían un hotel en el pueblo natal. Para sorprenderlas, había dejado a la mujer y al hijo en otro establecimiento y había ido a la casa de la madre, que no le había reconocido cuando entró. Por broma, se le ocurrió tomar una habitación. Había mostrado el dinero. Durante la noche, la madre y la hermana le habían asesinado a martillazos para robarle y habían arrojado el cuerpo al río. Por la mañana había venido la mujer y, sin saberlo, había revelado la identidad del viajero. La madre se había ahorcado. La hermana se había arrojado a un pozo. Debo haber leído esta historia miles de veces. Por un lado era inverosímil; por otro era natural. De todos modos, me parecía que el viajero lo había merecido en parte y que nunca se debe jugar.” (Albert Camus – El Extranjero)
La intertextualidad en las obras de Camus parece fundamental para desarrollar su filosofía del absurdo. Es el caso de Mersault en la cárcel, reflexionando sobre lo que le ocurrió a Jan y a su familia en este frío malentendido. Para Mersault, el juego en que se enfrascó Jan, le costó la vida. Él debió haber sido más serio desde el principio. Sin embargo le fue imposible “encontrar las palabras” para poder decirle a su madre y hermana, que él era su hijo y su hermano, que había partido años atrás para regresar con todo lo necesario para ser felices. Esto mismo les ocurrió a otros personajes de El Extranjero, Calígula y La Peste, que por insuficiencia de las palabras, o por precariedad del lenguaje, no pudieron expresar libremente sus ideas o afectos. Camus logra desarrollar sus obras con un sentido de solidaridad y de participación, en este caso de las ideas existencialistas de la angustia y el sentido de la vida a través de los diversos escritos de la época absurda.

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