AUTOR: Alfred Bester
TÍTULO: ¡Tigre! ¡Tigre! o Las Estrellas, mi Destino
EDITORIAL: Orbis S.A. (Primera edición)
AÑO: 1986
PÁGINAS: 252
TRADUCCIÓN: Sebastián Martínez
RANK: 8/10
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Por Alejandro Jiménez

Año 2436 de nuestra era. Uno de los más grandes descubrimientos en la historia de la humanidad está causando estragos. El jaunteo –o teletransportación- ha puesto en crisis las estructuras sociales y económicas. Planetas Interiores y Satélites Exteriores se ven inmersos en una guerra a muerte por el control del espacio, pero además por el de un hallazgo sin precedentes: el Piros, una aleación capaz de desatar la más increible descarga termonuclear con la simple acción del pensamiento.

¡Tigre! ¡Tigre!, también conocida como Las Estrellas, mi Destino, fue publicada por primera vez en 1955 y es, quizá, la obra más celebrada de Alfred Bester (1913-1987). Además, se trata del libro que le valió la consideración por parte de muchos críticos como autor pionero del sub-género de ciencia ficción, cyber-punk. Pero más aún, fue la última gran pieza escrita por Bester en la década de los cincuentas (después de El Hombre Demolido y Camino de Ratas), antes de dedicarse a la escritura de artículos para revistas. Después de esta gran época que le valió incluso el Premio Hugo a la mejor novela de ciencia ficción en 1953 –su primera entrega-, el autor no encontraría el camino de regreso a la imaginación desbordada presente en estos títulos.

El mundo que nos presenta Alfred Bester en ¡Tigre! ¡Tigre! tiene ese contraste propio del cyber-punk: grandes compañías –como la Presteign, o la Peenemünde- controlan completamente el futuro de la sociedad, producen toda la tecnología y llenan sus bolsillos de dinero, mientras que un grupo de humanos residuales son expulsados a los satélites para trabajar como esclavos, o pequeñas pandillas de asaltjaunteantes recorren los suburbios para robar todo lo que encuentran a su paso. La religión y las enfermedades han desaparecido, pero los centros de control disciplinario y de inteligencia se mantienen al servicio de los grandes consorcios que ahora encuentran en el retorno a lo clásico –automóviles, teléfonos, aviones, trenes- los elementos constitutivos de su clase.

“Era una edad de Oro, una época de grandes aventuras, de vidas frenéticas y muertes violentas… pero nadie pensaba en ello. Era un futuro de fortunas y robos, pillaje y rapiña, cultura y vicios… pero nadie lo admitía. Era una época de posturas extremas, un fascinante siglo de rarezas… pero a nadie le gustaba” (Pág. 11)

La tecnología ha procurado avances insospechados: la posibilidad de la aceleración del tiempo, la adecuación de satélites y planetas lejanos para la vida humana, los viajes instantáneos por el espacio, la telepatía, la construcción de gigantescas plataformas para la teletransportación, la manipulación de todos los elementos químicos. Y sin embargo, perdura el encuentro con los más entrañables sentimientos e intereses humanos como la venganza, el amor, el odio o el inconformismo. Por esa razón, la historia de ¡Tigre! ¡Tigre! viene de la mano de un hombre, de Gulliver Foyle.

La historia de Gully Foyle

Foyle, un mecánico de tercera de treinta años se ve embarcado en el Nomad, una nave espacial que es atacada y saqueada durante la guerra sostenida entre los P.I. y los S.E. Único sobreviviente de este ataque, vaga por el vacío durante seis meses hasta que vislumbra al Vorga-T:1339. La actitud de la nave al dejarlo allí a la deriva será el hecho que desate en él los más profundos deseos de venganza, pero sobretodo, lo que hace que se aparte de su condición de hombre de segunda categoría y se perfile como un "tigre" que pretende alcanzar, castigar y devorar a su victimario.

Después de una breve estadía en el Asteroide Sargazo, en donde es tatuada –en forma de tigre- su cara como un habitante más del Planeta de los Científicos, escapa hacia la Tierra en donde empieza sus investigaciones sobre el paradero y la tripulación del Vorga. Lo que desconoce Foyle es que la Compañía Presteign, dueña de la nave, también ha empezado, a su vez, a buscarlo, puesto que está interesada en el paradero del Vorga, en donde se transportaba la totalidad conocida del Piros, la aleación que puede ser desatada con el pensamiento.

De modo que ambas partes se ven inmersas en una cadena de intrigas, encuentros y luchas en donde también intervienen Regis Sheffield (abogado de Presteign y espía de los S.E.), Peter Y’ang-Yeovil (miembro de la Central de Inteligencia) y Saul Dagenham (científico pagado por Presteign); además de Robin Wednesbury (telépata), Jisbella (ex-convicta) y Olivia (hija de Presteign) de quién nuestro personaje terminará enamorado.

Esas pistas que Gully Foyle va descubriendo y que lo llevan lo mismo a distintos lugares de la Tierra como a la Luna y Marte, son también aquellas que van estructurando la trama del libro y que se hacen cada vez más complejas y difíciles. Foyle, hábil para el jaunteo, empieza a tener una identidad complementaria, la de Fourmyle de Ceres, con la cual logra adentrarse en el cerrado círculo de los consorcios e ir descubriendo el verdadero sentido de lo que está en juego. La guerra interplanetaria, entonces, pasará a un segundo plano para dar lugar a los intereses particulares que tiene cada uno de los personajes y que terminarán en una situación tan insospechada como abierta.

El increíble siglo XXV

Un tiempo atrás ha tenido lugar un descubrimiento crucial en la historia. Charles Fort Jaunte accidentalmente ha encontrado la manera de teletransportarse. Para jauntear –como se le conocerá desde entonces- se requiere un conocimiento exacto tanto del lugar de partida como de llegada, y las habilidades para hacerlo variarán de acuerdo a la preparación de cada uno. Como ocurre con toda nueva tecnología, quienes se quedan rezagados ante ella son excluidos de la sociedad y son vistos en un rango inferior a quienes sí pueden aprehenderla, sobretodo si estos pueden alcanzar jaunteando millones de kilómetros de distancia.

Pero el jaunteo ha traído consigo distintos conflictos. Los límites de la sociedad se han perdido: los hombres van y vienen de Shangai a Moscú, de Roma a Nueva York en fracciones de segundo, los ladronzuelos jauntean en mansiones o almacenes para saquearlos, la policía tiene dificultades para capturar a los sospechosos, las plataformas construidas para recibir a los miles de jaunteantes no dan abasto y colapsan, cientos mueren o desaparecen en la nada por jaunteos mal ejecutados y, claro, los Satélites y Planetas, antes relacionados de manera llevadera tratan de proteger sus propios intereses, explotando la guerra.

Una sociedad confusa y caótica. Algunos buscan traer de vuelta la religión clandestinamente, otros se vuelven adictos a las enfermedades, aquellos deciden destruir su sistema nervioso para superar los límites de los sentidos. Nada al parecer puede llamar al concurso de la comunidad. Pero hay algo en lo que la estructura perdura e, incluso, se hace más fuerte: el dominio de los poderosos. Los dueños de las grandes empresas son quienes deciden el destino de los miles de hombres que jauntean, como si aquella fuera apenas otra forma de transportarse. Y contra esa idea se revela en las últimas páginas Gulliver Foyle. Él mismo es ejemplo de la manera en la que un hombre considerado de segunda categoría puede tomar decisiones por sí mismo y hacerse a la búsqueda del sentido.

Pero aún más. Es el único que ha logrado romper con la teletransportación en el plano espacial. Ahora puede deslizarse lo mismo en el espacio que en el tiempo, ir atrás y regresar, adelantarse, acelerar, volverse. Y pretende enseñar estas cosas al mundo, es decir, no dejar que un grupo exclusivo se atribuya solamente las direcciones, sino que cada cual tenga la oportunidad de expresarse y decidirse. “¿Quiénes somos nosotros para decidir por todo el mundo?”, dice, “Dejemos que el mundo tome sus propias decisiones”.

Cárceles atiborradas en donde las rejas de los siglos precedentes se han transformado en una sorda oscuridad que impide si quiera los saludos. Torres de vigilancia que ahora se han convertido en bases a cientos de kilómetros bajo tierra. Hombres arrojados al vacío desde naves para resarcir situaciones personales. El poder del fuerte, del dueño de la tecnología y los medios que la producen. Cualquiera de esas condiciones hace despertar necesariamente el deseo de venganza y trastocar la cara de un mecánico en la figura de un tigre. Ese tigre que aparece cada vez que Foyle se enfada y cuartea su rostro de una manera espantosa, pero que le da una fuerza insospechada y le procura la tenacidad para enfrentarse a ese mundo déspota y profundamente deshumanizado.

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¡Tigre! ¡Tigre! es la recreación de un universo al mismo tiempo fantástico y perverso. Narrada con vivacidad, con un lenguaje que se mueve y se aparta de cualquier escritura plana, proponiendo más bien juegos de tamaño, formas y posiciones. Así pues, lo más sensato es sentarnos a recibir un mensaje telepático que nos llega del futuro, de la época de Gulliver Foyle AS:128/127:006 y que dice algo como: ToDos PuEdEn DeJaR dE sEr CoMuNeS sI sE lEs PaTeA pAra QuE dEsPiErTeN cOmO sE hIzO cOnMiGo.

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