AUTOR: Alejo Carpentier
TÍTULO: Los Pasos Perdidos
EDITORIAL: Bruguera S.A. (Primera edición)
AÑO: 1985
PÁGINAS: 256
RANK: 9/10




Por Alexander Peña Sáenz
Alejo Carpentier, escritor cubano, a partir de su experiencia de vida en Venezuela durante los años 1945 – 1959, publica en 1953, Los Pasos Perdidos. Las experiencias vividas en esta visita y su recorrido a través del río Orinoco, dan una importante influencia para la exploración del mito latinoamericano y el desarrollo de su civilización. En esta novela, no sólo se está exponiendo la experiencia transcurrida en la mera existencia humana, sino también la situación socio-cultural del continente y de su época. El hombre que se desenvuelve en la novela, entra a ser criticado retrospectivamente, y mostrado desde su devenir vital a partir de las situaciones externas que experimenta en su travesía.

Carpentier utiliza una prosa de alta talla poética, valiéndose de ese estilo neo-barroco, que hace que su texto sea rico en metáforas y descripciones elaboradas y anacronismos que convierten el relato en una importante renovación de la experiencia novelística de la literatura latinoamericana.

Des-andando los pasos perdidos

La obra relata la historia de un músico latinoamericano (del cual se desconoce su nombre), cuyo recorrido existencial se podría definir entre las interacciones sociales en un mundo de ideas modernas; la búsqueda de identidad y libertad en el amor hacia una mujer; la conquista de lo enigmático o primitivo de la selva; y la dicotómica relación entre lo rural y lo urbano. Se entiende también el contexto histórico y sociocultural de América Latina en pleno siglo XX.

La realidad objetiva en el músico es una imagen de su conciencia. Siempre se ve a este músico tan lúcido y conciente de su entorno, y en general de las situaciones que experimenta. Casado con su mujer Ruth, al sentirse solo después de que ella lo dejase por un tiempo para trabajar, un día decide partir a la selva con la intención de buscar instrumentos musicales primitivos, encomendado por el Curador, para analizarlos en la universidad en que trabaja.

Su viaje inicia en compañía de su amiga Mouche, con quien sostiene una relación un poco más carnal. La travesía transcurre en la reflexión y en la descripción minuciosa de todo lo que ocurre a su alrededor: su ciudad natal, las ciudades del país selvático, el camino hacia la selva, la selva misma, etcétera. Al llegar a la ciudad, se ven inmersos en una revolución política que busca el cambio. Tal revolución tan solo resuena de forma sangrienta. Posterior a esto, el músico y Mouche irán hacía la cordillera para tomar el camino que los lleve a la selva. En este momento empiezan a confluir toda serie de anacronismos, culturas y otredades, que hacen del relato un mundo anacrónico y ambiguo. El músico intuye que la belleza de Rosario, la mujer que conoce en su travesía selvática, puede motivarle a seguir andando por este sendero, pues ella sirve como puente para que el músico y sus sentimientos interactúen con el mundo primitivo.

La selva se entenderá como el nombre de un bar que aparece antes de acceder a ella: “Los Recuerdos del Porvenir”. Nada más anacrónico que ese nombre. La selva representa ese lugar para librarse de esas paredes de cemento, de esas tradiciones protocolarias, del andar de semáforo en semáforo, del discurso del método… y será ese el lugar para una nueva motivación de vida. Sin embargo, su antiguo mundo le exigirá que regrese, porque el mundo anterior al hombre no le pertenece. Esto llevará al músico a desandar lo andado, creyendo que lo excepcional pueda serlo dos veces.

Lo moderno, posmoderno, medieval y arcaico confluyen (Anacronismos)

Octavio Paz dijo alguna vez que una novela es la manifestación épica que se vuelve contra sí misma y se niega para luego consagrarse dentro de la época moderna, tomando la imagen del hombre hacia una crítica de la realidad y hasta una sospecha de que la modernidad sea tan irreal como los sueños y las fantasías. Los Pasos Perdidos de Carpentier observada desde este punto de vista, se ubica allí, como esa manifestación épica que habla de diversos mundos y momentos de la historia: una Latinoamérica que busca definirse entre lo premoderno, lo moderno y lo posmoderno. El hombre, en el caso de Carpentier, el músico sin nombre, es el centro de la historia; es en él en donde radican las experiencias existenciales y las visiones del mundo occidental enfrentadas en una estrecha relación anacrónica con lo arcaico y primitivo.

Recordemos que la edad moderna funda el mundo en el hombre y en el cimiento de éste, la conciencia. Carpentier ubica a su personaje principal como un ser pensante y conciente de su realidad existencial. Él habla con voz propia, introspectiva, convive en una comunidad de caracteres modernos y urbanos; es apasionado de las experiencias estéticas, de su lugar de origen y de sus tradiciones, fanático del arte occidental y habitante de la ciudad. Imagina utilizando un lenguaje rico, poético; metaforiza sus experiencias llevándolas a un alto grado de sublimidad.

Este músico creado por Carpentier vive en la ciudad, tiene su mundo allí. Lo que hace el autor es que este personaje se rebele en contra de esta urbanidad, de esta Modernidad mal elaborada en América Latina y vaya en busca de una salida -con la excusa de estudiar los instrumentos musicales primitivos de los indígenas- a un mundo nuevo, diferente y primitivo: la selva. El músico sin nombre se dirige a la selva llevando consigo parte de su mundo: dinero, sus provisiones, sus ideas intelectuales, y a Mouche, la mujer netamente citadina, ultramoderna, fanática de los neo-misticismos, del tarot y la astrología.

Es claro entonces que la novela tiene ese poder de manifestación épica que se vuelve contra sí misma y se niega. Ejemplo de ello ocurre en el capitulo IV, en el momento del bautismo de los indígenas en la selva; recordando la leyenda del Dorado, el músico hace una poderosa crítica a las creencias sagradas del medioevo que tenían ese carácter divino y trascendente:

“Estamos en la Edad Media. Porque no es el hombre renacentista quien realiza el descubrimiento y la conquista, sino el hombre medieval”
Es la crítica que Carpentier hace a la conquista española, que impuso sus ideales contrarreformistas de carácter medieval. Continuando con la idea remata diciendo:

“Medievales son los juegos de diablos, paseos de tarascas, danzas de pares de Francia, romances de Carlomagno, que tan fielmente perduran en tantas ciudades que hemos atravesado recientemente” (Pág. 159)
La Edad Media, en el sentido religioso del catolicismo, está presente en América Latina, negando el carácter moderno del hombre como centro de la vida, que tanto se ha promulgado. A la vez se entiende cómo estas ideas se quieren imponer al hombre primitivo, que nada conoce acerca del mundo occidental. Así, Carpentier en Los Pasos Perdidos se rebela; he aquí una doble vía: la de negación y consagración de la Modernidad.

Lo neo-barroco dentro de su prosa

Los Pasos Perdidos como novela es ambigua. Su esencial impureza brota de su constante oscilación entre la prosa y la poesía, el concepto y el mito. Octavio Paz afirma que: “la duda del héroe novelesco sobre sí mismo también se proyecta sobre la realidad que lo sustenta”. En su devenir vital, el músico imaginado por Carpentier se ha ubicado en algún lugar de la América Latina de mediados del siglo XX, una América con diversos tintes de premodernidad y Modernidad.

Este contexto en gran parte contribuye a describir a este personaje anónimo, a dar una muestra de sus rasgos personales: se le ofrece bohemio, mujeriego, amante de la música, civilizado, aventurero, docto en asuntos de música y literatura, por lo general como una mezcla indefinida. El músico hace parte de una mediana modernidad, pero su condición humana lo pone en contra de ello, lo ubica en lo que el llama “La Edad Media” y no propiamente por las tradiciones de la América prehispánica, sino por el proceder de los mismos mestizos venidos de españoles, indígenas y negritudes.

Se podría entender esta novela como una “Épica de una sociedad que se funda en la crítica… un juicio implícito sobre esa misma sociedad” en ideas de Octavio Paz. Carpentier, crítico de la sociedad latinoamericana, la veía desde su perspectiva expuesta en Los pasos perdidos como una sociedad medieval atada a la tradición española. Premodernidad y barbarie en todos sus integrantes que aún mantienen su afán de conquista y colonización. El poder se trata de imponer aun a aquellos que consideran “primitivos”, se les excluye de la humanidad, son “gentiles” a los ojos de los creyentes medievales. Carpentier no reparó en juzgar a su sociedad y lo hace con argumentos claros “Y he aquí que ese pasado, de súbito, se hace presente. Que lo palpo y aspiro”

La novela contemporánea canta un funeral: el de su mundo y el de las formas que engendró. Carpentier le canta a la modernidad inexistente en América Latina, a la Edad de Piedra, al Medioevo que aún opera con sus formas de religión católica, de gente que no aspira ni a la emancipación ni a la ilustración, al regreso a la oscuridad, a lo pueril de los neo-misticismos y a la organización social que excluye por diversidad a otros seres humanos. La crisis de la sociedad moderna se ha manifestado en la novela de Carpentier como un regreso al poema. A medida que son mayores las conquistas del espíritu de análisis, la novela abandona el lenguaje de la poesía y se acerca al de la prosa. La victoria de la poesía es la señal de la extinción de la edad moderna.

De la elaboración del lenguaje poético de Carpentier podemos retomar esto para derrumbar a la modernidad: “Los años se restan, se diluyen, se esfuman, en vertiginoso retroceso del tiempo”. Nos queda la esperanza, vivir, hacer de este mundo una gran obra literaria, una historia a partir de la belleza de la palabra poética.

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