AUTOR: Vladimir Ilich Lenin
TÍTULO: Acerca de la Religión
EDITORIAL: Progreso (Onceava edición)
AÑO: 1989
PÁGINAS: 84
TRADUCCIÓN: Instituto de Marxismo-Leninismo, PCUS
RANK: 8/10

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Por Alejandro Jiménez

Volvemos con este texto a la figura de uno de los ideólogos más importantes del socialismo en su historia. Hablar de Vladimir Ilich Lenin es referirse a un conjunto muy complejo de reflexiones y propuestas enmarcadas por la sociedad capitalista, pero así mismo proyectadas de manera muy fiel al cuerpo político-económico que le serviría de referencia desde siempre, es decir, el marxismo, al que enriqueció de sobremanera con su original interpretación sobre la revolución proletaria, la lucha de clases, el materialismo histórico o la organización del partido.

En el caso particular de este pequeño libro Acerca de la Religión, Lenin propone una serie de consideraciones con relación a la posición que desde principios del siglo XX tomaría el socialismo soviético y el Partido Comunista respecto de un tema siempre polémico: la religión y la iglesia. Se trata de 10 artículos seleccionados por el Instituto de Marxismo-Leninismo, del Partido Socialista de la Unión Soviética, publicados en el año de 1965, y que reúne algunas de las más importantes reflexiones que desde 1905 hasta 1922 (dos años antes de su muerte) esbozó nuestro autor respecto del tema en diferentes publicaciones, conferencias y cartas.

Hay una fuerza que atraviesa cada uno de estos artículos, una denuncia tan implacable de la conducta opresiva e inquisidora que ha acompañado a lo largo de la historia la moral de la iglesia, una fuerza que da al lenguaje de Lenin un tono equiparable a su condición de orador y que mantiene al lector indignado, se sabe, pero además con unos deseos terribles de levantarse de la silla y sumarse al ejército de los que consideramos ampliamente legitimado el desprecio a cualquier forma de religión.

Sus consideraciones podrían abarcarse en tres grandes enfoques. En primer lugar, aquella que hace referencia a las raíces sociales de la religión, con la cual Lenin pretende apartarse de las explicaciones burguesas e idealistas; en segundo término, la que tiene que ver con la incompatibilidad entre religión y marxismo a razón del carácter materialista y científico de este último y; finalmente, la que se refiere a las fórmulas con las que sería posible a través del socialismo la superación de los límites religiosos.

Sobre las raíces sociales de la religión

Es bastante conocido el marco que guiaría las actuaciones del Partido Socialista, en la URSS, en los temas relacionados con la religión. Grosso modo está centrado en la distancia que se crea entre el Estado y la religión, entre la educación y la iglesia y, por supuesto, en la consideración de la religión como un asunto privado. Pero cuidado, un asunto privado respecto del individuo, no del partido, puesto que la lucha ideológica que mantendrá el socialismo contra la religión, dirá Lenin, no es algo privado, sino un asunto que, por el contrario, involucra a la totalidad del partido, a la totalidad del proletariado.

Y, fijémonos, si este asunto de la religión compete a la totalidad del partido, y sabemos, por otro lado, que el partido tiene su base epistemológica en el marxismo, esto es, en el materialismo dialéctico, no existirá otra forma para interpretar el problema sugerido por la religión que no sea precisamente una propuesta histórica. Es una cuestión demasiado compleja. A lo largo del libro Lenin va mostrando la manera sutil, pero no menos efectiva, en la que discursos aparentemente reaccionarios e, incluso, contrarios a la religión, no constituyen otra cosa más que nuevas formas de mantener el poder de los opresores, básicamente porque estos discursos están orientados por una interpretación idealista de la realidad. Una orientación que permite decir cosas respecto de dios como esta:

“Dios es el conjunto de esas ideas elaboradas por la tribu, la nación, la humanidad, que despiertan y organizan los sentimientos sociales y que se proponen como fin vincular al individuo con la sociedad y refrenar el individualismo zoológico” (Pág. 48)
Un lector desprevenido podría percibir de la anterior definición una sentencia frente a la religión porque, obsérvese, la figura de dios se reduce a idea. Y sin embargo, esa definición no es otra cosa que un recurso demagógico creado por burgueses para embotar y adormecer el sentido social y real que pervive en la religión. Frente a una definición de este tipo, el socialismo en cabeza de Lenin propondrá algo como esto:

“Dios es (en la historia y la vida real) ante todo el conjunto de ideas engendradas por el bestial sometimiento del hombre, tanto por la naturaleza que lo rodea como por el yugo de clase, ideas que afianzan ese sometimiento, adormecen la lucha de clases” (Pág. 49)

Algunas páginas antes Lenin ha declarado que todas las formas de religión son órganos de reacción burguesa llamados a defender la explotación de la clase obrera, y más antes aún, que la opresión religiosa es una de las formas de consolidar la explotación económica. Así, como se ve, el socialismo postula que la religión sólo es cabalmente interpretada cuando se vincula al marco histórico y al papel que ésta desempaña en la dinámica de las clases, no cuando se explica al margen de estos dos puntos.

La incompatibilidad entre religión y marxismo

En términos generales la incompatibilidad que tiene el marxismo frente a la religión deviene de su carácter científico y materialista. Dicho carácter constituye, además, el recurso ideológico más importante que tiene el socialismo para su lucha contra la religión. Lenin dirá explícitamente:

“El marxista debe ser materialista, o sea, enemigo de la religión; pero debe ser un materialista dialéctico, es decir, debe plantear la lucha contra la religión no en el terreno abstracto, puramente teórico, de prédica siempre igual, sino de modo concreto en el terreno de la lucha de clases que se despliega en la práctica y que educa a las masas más que nada y mejor que nada” (Pág. 26)

De esta manera nuevamente el problema de la religión es retrotraído a la lucha de clases. Está claro que a Lenin no le interesa que el socialista ande por las calles gritando a todo pulmón que es un ateísta; es más, la cuestión de la religión no debe ser una prioridad para el partido, al menos debe estar siempre subordinada al problema de la reivindicación del proletariado. Nuestro autor estará de acuerdo, incluso, con la idea de que el partido acepte socialistas religiosos, a condición de no permitir que la unión entre la clase proletaria se debilite y con ello, en proporción diametral, la burguesía y los capitalistas ganen fuerza.

Y precisamente porque Lenin tiene estas cosas demasiado claras, no le interesa la crítica gestadas desde la burguesía respecto de la manera en la que el partido actúa de manera utilitarista sobre el tema religioso, con tal de adaptarse a los seguidores y su necesidad de incluir más y más personas respetando sus libertades. Dirá que ésta no es la forma de proponer el problema y que, por demás, aquellos socialistas religiosos aceptados por el partido sólo están allí a condición de mantener su religión como asunto privado, prohibiendo cualquier prédica en contra de los intereses colectivos que están centrados específicamente en el develamiento de la manera en la que actúa la religión como base para el dominio del capital.

El otro aspecto que demuestra la profunda incompatibilidad entre religión y marxismo es la tesis de la primera por la cual la iglesia debe establecerse por encima del Estado en el sentido de que su institución es divina y eterna, contraria al carácter mudable de aquel. Lenin muestra así, cómo ante las conquistas de las revoluciones burguesas en Francia, los alcances del materialismo y la lucha a ultranza del protestantismo, las religiones ortodoxas empiezan a asociarse como grupos independientes que buscando recuperar el espacio perdido, cambian su modalidad de opresión policíaca, por una moral más culta que pretende establecerse por encima de cualquier otro marco axiológico y seguir apoyando a la autocracia.

Fórmulas socialistas para superar los límites religiosos

No se trata de crear un nuevo dios, que sería algo así como una forma de escupirse a sí mismo. La creación de un dios, dice Lenin, es una forma de necrofilia ideológica donde no existe acción alguna sino la plena intención de volverse esclavo de una auto-admiración. Lo que se impulsará desde el socialismo, por el contrario, es una educación férrea dentro de las doctrinas del materialismo dialéctico que permitan domeñar la opresión religiosa.

No se trata tampoco de crear una nueva moralidad, porque dicha moralidad ya existe, y es aquella que reside en la “disciplina solidaria y unánime y en la lucha consciente de las masas contra los explotadores”. Se trata más bien de reducir con la práctica ejemplarizante las tradiciones clericales que perviven en la mentalidad de los hombres y que no se pueden cambiar tan fácil como las disposiciones legales. De conocer a fondo la ideología del capitalismo para hacerle vomitar toda su mentira religiosa y saber interesar con ese develamiento a las mentes obreras.

Se trata también de superar ese primer estadio de la revolución alentado por los ideólogos de vanguardia y consagrar en las nuevas juventudes un segundo momento, mucho más difícil por cierto, en el que el comunismo no será una cuestión que se aprende, sino una convicción y una realidad que se construye críticamente a través de la observancia de teorías y acciones. Habrá un momento en el que el peso de los hechos, el trabajo constante con el acervo del conocimiento hará brotar todas las verdades que –todavía hoy- oculta la religión en su continuo propósito de acabar la dignidad humana, su enferma prédica de resignación y miseria y su absurda esperanza en una recompensa de ultratumba.

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Acerca de la Religión es un texto sintético, sugestivo, que busca sacar en limpio muchos aspectos concernientes a la más grande de las vergüenzas humanas, de ese repugnante esclavismo que calificó acertadamente Marx como el “opio del pueblo”. Una sociedad enteramente libre debe vencer de manera efectiva la propaganda de los prejuicios religiosos y saber reconocer en ellos el signo de la imperdonable explotación del hombre por el hombre.

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