AUTOR: Varios (Elmo Valencia, Álvaro Medina, Óscar Collazos, Fanny Buitrago, y más)
TÍTULO: 7 Cuentistas Jóvenes
EDITORIAL: Instituto Colombiano de Cultura (Primera edición)
AÑO: 1972
PÁGINAS: 143
SELECCIÓN: María Mercedez Carranza
RANK: 6/10

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Por Alejandro Jiménez

Se trata de una antología seleccionada por María Mercedes Carranza, y agrupada bajo este título, básicamente porque los siete autores incluidos, representaban para la época una muestra del horizonte literario que empezaba a abrirse en las letras de Colombia, según ella, después de haberse explorado fértilmente la crónica y el costumbrismo. Por esa misma razón, figuran aquí algunos nombres reconocidos como los de Óscar Collazos, Luis Fayad o Fanny Buitrago. Autores que empezaban a apartarse de los temas y formas tradicionales del cuento nacional para apostar por una exploración distinta, matizada y de proyección internacional.

En este sentido deseo destacar las particularidades del lenguaje, las formas de narrar y los temas desarrollados por los autores en cada uno de sus cuentos, en un análisis que, si bien, es en sumo grado arbitrario, puede resultar iluminador de algunos aspectos de interés, del siguiente modo:

La Visión Nadaísta. Elmo Valencia –amigo cercano de Gonzalo Arango por mucho tiempo- nos presenta en esta compilación su cuento: El Universo Humano. Es un texto de apenas 5 páginas en donde se aventura a reconstruir la “perpetuidad de nuestra especie” a través de una situación que atrapa de inmediato: un nacimiento hacia adentro. Una mujer ha quedado embarazada a razón de su belleza, pero su hijo nace en su propio interior, crece allí, gatea, camina, aprende a hablar, leer y escribir, su madre traga los juguetes que él desea, traga los libros que quiere leer, traga un cohete y un traje cuando Ícaro, su hijo, decide ser astronauta y recorrer todo el universo de su madre.

Pero está historia increíble, que poco a poco se va llenando de más y más cosas que parecen traídas de los pelos, termina por escabullirse en un final que la desinfla, en donde todo regresa a la nada, al agotamiento: tan insustancial como la existencia real, lo que parecía ser algo extraordinario termina consumiéndose en la misma lógica. Es así como una historia narrada en una aparente horizontalidad termina replegándose sobre sí y formando un círculo que la vuelve a dejar en su punto de partida. Allí las preguntas por el quién soy, qué hago aquí encerrado, vuelven a agruparse tan sólo como una perspectiva, mientras el espacio negro y visceral recupera el territorio.

El Recurso de la Imaginación. Álvaro Medina, autor de Los Muchachos también estuvo vinculado en Barranquilla al nadaísmo. Este cuento, comparte con el de Valencia el impacto que imprimen a la historia. Dos niños observan algo extraño mientras juegan a tumbar latas, corren a avisarle al abuelo de uno de ellos, quién después de mostrarse perturbado, se prepara para el recibimiento de un “marciano”, mientras caminan hacia el parque el abuelo pide que se le informe cómo es aquel sujeto, pero luego de pensarlo e imaginárselo por algún tiempo, ante la sorpresa de los muchachos, termina asegurando que es imposible que un marciano tenga dos pies, de modo que regresa a casa.

La estructura de la narración en Medina es mucho más compleja que la de Valencia. Aquí se entrecruzan muy sutilmente –pero siempre identificables- la fábula de la historia y la imaginación del abuelo; pero hay una característica, el pensamiento del anciano siempre está por delante de lo que va sucediendo. Es una fórmula para plantear hipótesis concretas sobre lo que puede suceder cuando en realidad nada de eso tiene probabilidades en la historia, y por ello, se trata de un juego muy sofisticado de lenguaje que termina, sin embargo, en una caída proporcional a la de El Universo Humano y, aquí, en una doble dimensión porque no sólo se pierde la intensidad de la historia, sino también el espacio ganado por la imaginación del personaje.

Entre lo sagrado y lo profano. Al contrario de los cuentos de Valencia y Medina, el cuento de Óscar Collazos Jueves, Viernes, Sábado y Este Sagrado Respeto, no pretende impactar con lo increíble de una historia, al menos no de la misma manera. El autor nos presenta una situación compleja, pero narrada con un lenguaje muy realista, muy lineal, en donde los quiebres de tiempo, apenas son dados por las cavilaciones de los personajes, por sus recuerdos, pero la historia tiene una marcha muy bien establecida. Amalia, una prostituta de alguna ciudad costera ha decidido no atender a sus clientes durante los días de semana santa, puesto que considera aquello una falta de respeto frente a las creencias religiosas y morales con las que fue educada. Su decisión causa inquietud y burla en sus compañeras y en su amante Joaquín.

La fuerza de la narración, de esta manera, antes que en un llamado a lo “increíble” recae, por el contrario, en el regreso a lo real, en considerar el mecanismo de nuestras creencias y formas de entender la realidad frente a las exigencias y condiciones dadas por los otros. Cada personaje es consciente de su posición particular: Joaquín, un taxista casado enredado con la prostituta, lleno de la rutina familiar y hastiado de la compañía de su esposa; Amalia, una mujer irascible que a pesar de su condición asume con respeto las cuestiones religiosas y está dispuesto a defenderlas frente a los incrédulos y; las compañeras de Amalia, mujeres que fluctúan entre la obediencia y la burla, pero quienes no se complican con remordimientos metafísicos por su conducta.

El Voto de Castidad es un Grifo. Si tuviese que reseñar este cuento por aparte tendría un 10 rotundo. No conocía con anterioridad a Humberto Rodríguez Espinosa que nos presenta en esta antología su cuento: El Forastero; es una historia que despliega rabia, inconformismo, rutina, que tiene el impacto de lo que desacraliza, que cuestiona y señala cada cosa en su sitio. Un alcalde y un cura juegan en el único billar que existe en aquel pueblo caluroso; no existe otra cosa distinta para hacer: nunca hay asesinatos, la gente se confiesa para pasar el tiempo; este es un cura al que se le sube la sotana cuando se recuesta sobre la mesa para tacar las bolas, un alcalde que se confunde misteriosamente con la presencia de un forastero, de algo que parece existir, pero de lo cual no se tiene la certeza.

Rodríguez Espinosa haciendo gala de un talento inconfundible estatiza su historia en aquella mesa, para meterse de lleno en los pensamientos y soliloquios de aquellos dos personajes separados tan radicalmente por sus creencias como unidos por la rutina y la amargura. Pero, no pretende sacar de este examen ningún perfil psicológico, sino plantear una interpretación de la realidad en que se vive. Y, acude, nada más y nada menos que a una gran metáfora del forastero para expresar la idea de dios: 1. Un lugar, un pueblo que empieza a verse afectado por la llegada del forastero, alguien que sin hacer nada, trastoca todas las cosas, como la presencia de un fantasma, como algo que parece estar y no, al mismo tiempo, que causa malestar y desconsuelo; 2. Su presencia, ya sea por no dejar de existir por completo o por confundirse misteriosamente con los hombres que todavía no encuentran su sitio en el mundo, se supervive, se vuelve monstruosa y opresiva:


“Yo si creo que está aquí y sé que simplemente es un haragán que le da pereza hasta dejarse mirar. Pero con solo no dejarse mirar acabo con todo. Acabó siendo el más importante del pueblo” (Pág. 84)

La Recuperación del Mito. Fanny Buitrago, una de las figuras femeninas más importantes del nadaísmo, presenta su Víspera de la Boda, con esa orientación poco convencional con que asume los problemas de la condición de la mujer. En la historia, un grupo de mujeres (la abuela, dos tías, Bethseba y Leda) pasan los días construyendo un hermoso vestido que será utilizado el día de la boda de Bethseba; sin embargo, no existe en ellas la menor inquietud por la boda, antes bien, el día que llega David de la ciudad –el prometido de la mujer- intentan hacer que se vaya de su casa disparándole con un rifle. La boda se lleva a cabo, pero al día siguiente Bethseba amanece amarrada y muerta, mientras que Leda, la niña, quien sentiría duros sus senos el año próximo, y David escapan rumbo a la ciudad.

El estilo de narración de Buitrago es un poco intrincado, lleno de giros, vueltas, cavilaciones, sincretismos, etcétera. Las historias de hadas en donde un príncipe azul destrozaba los siete candados de su princesa es aquí un simple recuerdo de la juventud, algo que se dejó escapar con la edad. La boda es la excusa para no dejarse perder en el vacío de la nada. Pero, si bien se destruye la posibilidad del amor en la realidad, sobrevive una espera que rompe con los límites de la fábula para convertirse en una espera mítica, en la situación en donde ya no importa si este hombre tiene su piel lacerada y viene sólo por el dinero, si tiene una hambre exagerada: “¡La vida es infinita hasta después de la muerte! –dice David-, debo buscarla”.

Sobre lo Urbano. Con esta historia de Luis Fayad Olor de Lluvia las inquietudes de la narración se trasladan a la ciudad: Sebastián Sotelo se levanta el 22 de septiembre, en un día caluroso, lee los buenos presagios de su horóscopo y se predispone a autoconvencerse de que aquel día es en realidad hermoso y que por eso caminará un poco más de lo de costumbre, almorzará en otro lugar distinto a su casa para evitar los congestionamientos, se concentrará en su trabajo y se lamentará de quienes llegarán tarde y aturdidos. Sólo hay algo que podría inquietarlo, las nubes que rondan por el cielo y que son algo así como un símbolo de pesadumbre. Pero además olvida otra cosa, que más allá de una nueva actitud, es inevitable romper con su pasado: ayer apenas hizo mal un documento para la oficina y por esa razón su jefe lo regaña y no escucha razones; y más allá de todo, de su nueva carita él también está metido en la rutina, y un día especial, fíjese, le cuesta quedar con una sola moneda en el bolsillo.

Fayad, condensa así en un solo día, la exagerada repetición de la vida citadina. La de aquella que apenas se sorprende cuando De Gaulle está pasando en su carrito por la Jiménez con séptima, mientras en ese piso de ese edificio alguien está siendo amenazado de despido por pretender ver la caravana de abajo y dejar de rellenar con numeritos los aburridos libros de cuentas de los bancos. Una narración rápida, horizontal, cuyo mérito principal acaso sea haber dispuesto una vitrina de alguna librería que exponía un libro de Francis Nacomber llamado: “The Short Happy Life”.

La Niñez y la Muerte. Candelaria de los Espantos, cuento de Guillermo Maldonado presenta la historia de una niña, Candelaria, que ha sido educada fuertemente por sus padres. Ellos le han indicado tan perfectamente los límites del mundo que, cuando un día de noviembre su padre muere, una transfiguración de él vuelve por ella, tal vez porque sería imposible para ella poder existir más allá de la montaña. Un cuento muy rápido en donde los límites entre la vida y la muerte, se confunden concretándose en un viaje hasta el comienzo de la montaña, donde curiosamente, tal como lo decía su madre, “no había luz ni lomas altas para ver la ciudad, sino un eterno pensamiento de nada, porque era allí donde el mundo terminaba”.


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