AUTOR: Jorge Gaitán Durán
TÍTULO: Sade (Textos Escogidos, Precedidos por el Ensayo “El Libertino y la Revolución")
EDITORIAL: Seix Barral
PÁGINAS: 125
AÑO: 1997
RANK: 8/10
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Por Jeimmy Peña González

Gaitán Durán publicó Sade en 1960, en la colección editorial de Mito, revista de cultura que fundó y dirigió en Bogotá desde 1955 hasta 1962, año en el cuál murió. Su obra fue ante todo poética, sin embargo, se desempeñó en otros campos como periodista, cuentista, dramaturgo, traductor y ensayista; en éste último ve el espacio más propicio para manifestar su preocupación ética por liberar al hombre de toda represión social y psicológica, la cual intenta plasmar en su ensayo El Libertino y la Revolución incluido en la obra.

El autor ve en Donatien Alphonse François de Sade, más que un escritor de lo erótico, un escritor “dispuesto cada vez más a enfrentar la farsa del mundo social y político con la sola arma de la literatura”, un hombre que reconoce en la realidad, la existencia de la moral como aparato de represión y sobre el cual hace su propio análisis del gran contenido ético que, aunque difícil de reconocer, cargan las obras de Sade.

Por otra parte, los Textos Escogidos que el autor ofrece al lector, son solo fragmentos de algunas de las obras de Sade, a excepción de Rodrigo o la Torre Encantada y Pensamiento, que son textos completos: el primero corresponde a un cuento alegórico y el segundo a un ensayo del Marqués. Incluye además algunas cartas que envió desde la cárcel a su esposa y a su suegra. Pero lo verdaderamente significativo de estos textos, y la razón por la cual posiblemente Gaitán Durán los escogió y tradujo, es su literatura principalmente reflexiva.

La verdad nunca dicha…

“¡Oh siglo de la ignorancia y de la tiranía que le ha hecho tanto daño a los conocimientos humanos y que ha mantenido a los más grandes genios del universo en la esclavitud! Atrevámonos a hablar hoy que podemos, atrevámonos a revelar toda la verdad, porque le debemos toda la verdad a los hombres” (Pág. 41)

Si duda alguna, esta cita de Histoire de Juliette ou les Prospérités du Vice escogida por Gaitán, marca su verdadero interés por la filosofía de Sade más que por su propuesta erótica; deja claro que el hombre es producto de su época y que al igual que Sade (un libertino y racionalista de la revolución francesa) reconoce que en la realidad existe un Estado, que castiga a la sociedad, que resulta abusivo, opresivo e hipócrita y que es menester perseguir siempre el deseo de la libertad, por encima de cualquier cosa, para luchar contra ello.

Aunque Sade es también un aristócrata (resentido contra su misma clase, claro está), y entiende que el poder es una de las mejores formas para saciar nuestros más bestiales deseos, -de ahí que en sus obras siempre sean los protagonistas personas de la alta sociedad: clérigos, duques, ministros, reyes, etcétera, los cuales tienen siempre la posibilidad de pagar cualquier precio por su satisfacción personal y someter o esclavizar a cualquier persona-, reconoce que toda esa carga de deseos, perversiones, despotismos y mundos disolutos que crea en sus obras son, por un lado, una forma del esplendor supremo de la realidad, el modo como la realidad imagina y como la imaginación se realiza, es decir, la prueba radical de que estamos en el mundo y, por otro, mostrar al hombre desnudo para ofender a la sociedad, así como la sociedad ofende al hombre.

En pocas palabras resume su filosofía como la de la libertad extrema, sin el freno de la moral, la religión o las leyes, y con la búsqueda del placer personal como principio más elevado.

Gaitán Durán se interesó siempre por la literatura, y en su ensayo, la define como el único lenguaje que puede decirlo todo y reconoce que sin duda Sade es el único escritor que ha asumido el riesgo de decirlo todo con la literatura, no en vano, permaneció en prisión la mitad de su vida por hacerlo; sin embargo, el autor deja claro su posición frente a esto y prefiere no comprometerse mucho con el tema, ya que según él: “el hombre que dice toda la verdad expresa en última instancia la alienación del hombre”, esa alienación que finalmente corresponde, a mi manera de ver, al producto de la transformación que el mundo, nuestro mundo, sometido a la labor productiva y a las estructuras sociales se ha alejado de la naturaleza, y en lugar de liberarse, se ha venido explotando cada vez más a través de la esclavitud, la servidumbre y el salario, en palabras del autor: "se ha convertido en un mundo inhumano, donde la producción ya no es un medio para conquistar la libertad, sino un fin que la desconoce".

Así, la idea que Sade propone del Libertino: un hombre que se impone la tarea de vencer todos los prejuicios, de aniquilar todos los dioses, de aniquilar a sus opresores, como una respuesta casi desesperada a esa inhumanidad y que Gaitán Durán analiza detalladamente en su ensayo, resulta pertinente para su propuesta de Revolución.

“Su impacto, el de Sade, en nuestra época no proviene de su originalidad literaria, ni de su peso psicológico o sociológico; lo causa la incomparable imaginación que desde su celda quiso pulverizar al mundo con su deseo y realizar su deseo en este mundo” (Pág. 39)

En sus últimas páginas, Gaitán, recopila algunos fragmentos de textos escritos por Sade, en donde declara, por ejemplo, que las leyes contra los ladrones son absurdas: protegen a los ladrones originales, los ricos, contra los pobres que no tienen otro remedio más que robar, y argumenta que el estado no tiene derecho a prohibir el asesinato o el robo, ya que provocan asesinatos en forma de ejecuciones y guerras, etcétera; entre estos textos se encuentran Rodrigo o la Torre Encantada (de Los Crímenes del Amor, tomo III), Justina Huye del Castillo de Gernande (de Justina o los Infortunios de la Virtud), Las Mil y Una Noche de Sade (26 de mayo de 1781), De la Pena de Muerte y Del robo (Fragmentos de François, encore un effort si vous voulez étre républicans, en La philosophie dans le Boudoir), entre otros, y Pensamiento, un ensayo completo escrito por Sade, del cual me gustaría compartir un fragmento acerca de la rebeldía del hombre ante la ley en su propia ceguera – por naturaleza-, para comprender a dios:

“Dios es para el hombre absolutamente lo que son los colores para un ciego de nacimiento; éste no puede figurárselos”…pero es posible responder, sin embargo, que esos colores existen, y por lo tanto si el ciego no puede figurárselos es debido a una carencia de sus sentidos, no porque la cosa no exista. De la misma manera, si el hombre no comprende a dios, es debido a una carencia de sus sentidos y no porque dicho ser no exista” (Pág. 109)

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