AUTOR: Varios (Victor García Hoz, Jorge Yarce Maya, Vicente Pico Amador, María Adela Tamés y más)
TÍTULO: Perfiles de la Educación Contemporánea
EDITORIAL: Ediciones del INSE (Primera edición)
AÑO: 1973
PÁGINAS: 148
RANK: 2/10
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Por Alejandro Jiménez

Hará un par de años que leí Educación y Manipulación de Oliveros Otero y pensaba que no encontraría tan fácilmente otro libro que dijera tantas mentiras al mismo tiempo. Sin embargo, he terminado de leer este pequeño texto Perfiles de la Educación Contemporánea y, para mi sorpresa, he quedado nuevamente con aquella sensación de burla y desprecio. A mi parecer existen tres razones para que la situación se haya repetido:

1. Compré el libro porque algunos títulos de sus artículos sonaban realmente interesantes: Fines y Objetivos de la Educación, La Universidad y los Profesionales de la Educación o, Educación y Futuro Social, pero, no sólo no ha sido fiel a la profundidad y compromiso que requiere trabajar con estos temas sino que, incluso, ha pordebajeado severamente algunas nociones como las de libertad o docencia. Habrá, a lo sumo, dos referencias bibliográficas de base y parece que sus autores confunden de sobremanera opinión con charlatanería.

2. Me he sentido profundamente ofendido como existencialista por la mayoría de estos autores que se atreven a decir cosas como:

"La experiencia pone de relieve que nuestra existencia individual no tiene sentido, hemos de aceptar nuestra vida como algo absurdo" (pág. 12)
"Ser libre es el compromiso instantáneo; por eso el absurdo y el sin sentido; la libertad es puro dejarse ir siendo" (pág. 109)
Porque casi treinta años antes Sartre había respondido todas estas críticas e, incluso, antes de ese antes, había construido un marco ontológico-fenomenológico para la reflexión sobre el problema de la libertad en el hombre. Al parecer, ni García Hoz ni Niño Caro leyeron nunca estas cosas y prefirieron seguir repitiendo en sus textos -estos sí, verdaderamente absurdos- lo que la iglesia y otros grupos hegemónicos le cobraban al existencialismo.

3. La orientación reflexiva del libro es francamente perversa: religión y economía. Por un lado, están los artículos que defienden a ultranza la libertad, critican al marxismo, desechan el existencialismo, pero luego se consagran en una idea metafísica del hombre como trascendencia. Por el otro, los que hablan sin cuestionar una sola letra de su lenguaje, de eficiencia, empresa, administración, etcétera, y que, sin embargo, dicen de sí que son visiones integrales y sociales de la educación. Con razón Sartre dijo -también antes de ellos- que un clérigo siempre está del lado de los opresores.

A lo sumo podría rescatar el texto de Octavio Arizmendi sobre las comunidades educativas en América Latina; es de los pocos que reconocen un marco histórico y las dificultades y condiciones socio-culturales y; lo mejor de todo, es el único que no termina apreciando que el fin de la educación es "el abrirse la persona humana a dios" o, que el colegio "debe disponer de unas metas finales, definitivas e inmutables". Cabe aclarar que este texto fue publicado hace más de treinta años, pero yo he tenido la oportunidad de ver muchos profesores en estos días que siguen repitiendo ambos discursos (el religioso y el económico) y, además, nunca es tarde para pasarles la cuenta de cobro a cada uno de nuestros opresores.

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