AUTOR: Antonio Blay Fontcuberta
TÍTULO: Lectura Rápida
EDITORIAL: Iberia S.A. (Cuarta edición)
AÑO: 1971
PÁGINAS: 248
RANK: 5/10





Por Alejandro Jiménez

Estaremos de acuerdo en que la lectura es una práctica que puede mejorarse; pero, quizá no lo estemos en las formas en las que eso puede hacerse. Recuerdo a un profesor de la universidad despotricando contra todos lo métodos de lectura rápida, y también recuerdo a un grupo de niños, de unos ocho años, que leían dos páginas en diez segundos y que decían haberlo logrado con uno de esos mismos métodos. Hará un par de meses que empecé a interesarme por esta discusión, pero muy pronto descarté la idea de inscribirme en uno de los centros especializados, básicamente porque cuesta un ojo de la cara hacerlo, y yo todavía pertenezco a la rezagada clase media colombiana.

No quise, sin embargo, dejar de conocer la manera en la que funcionan este tipo de métodos, así que conseguí este libro que, por supuesto, no es la lectura más actualizada, pero que comparte con las demás un conjunto de principios y metodologías de las que pretendo considerar aquí algunos elementos. En términos generales, se trata de un texto muy bien estructurado, con abundantes ejemplos y reflexiones desde distintos planos del lenguaje. Se encuentra dividido en tres partes: percepción, comprensión y aplicación de técnicas a lecturas especiales. Examinemos cada una de estas partes y destaquemos los aspectos problema:


Percepción. Después de una pequeña consideración sobre las condiciones materiales (iluminación, estado de los ojos) y psicológicas (tranquilidad, distensión, atención), el autor propone el primer punto con el que choca el lector tradicional: para este y, en general, para todos los métodos de lectura rápida, es necesario desechar la forma lineal de lectura con la que la mayoría de nosotros fuimos educados, esto es, la lectura de sílabas y aun de palabras. Ateniéndose a estudios de psicología experimental, el método propone alcanzar una percepción global de grupos de hasta 4 palabras, que reduzcan el número normal de fijaciones por línea leída de 7 a 2 o 3 e, incluso, el tiempo destinado a cada fijación.

La ampliación visual, en este sentido, se logra a través de percibir siluetas de palabras, no palabras enteras, y de reducir los defectos propios de la lectura tradicional: las regresiones y las sub-vocalizaciones. Con ello se supone que quien lee empezará a centrarse en las ideas del autor, no en el sonido de las palabras o los detalles de la estructura, ganando velocidad y profundidad en la comprensión; una percepción rápida, precisa, amplia y rítmica.

Comprensión. Esta es la parte de la exposición a la que se dedica mayor atención. En ella, se analizan cuatro elementos principales: el párrafo como unidad de pensamiento, la estructura textual, los aspectos subjetivos y las técnicas para mejorar la comprensión. Sobre el párrafo se trabaja la posibilidad de localizar las ideas principales a partir de una tipología clásica: párrafos deductivo, inductivo e indo-deductivo. También se esboza una tipología para las ideas secundarias en razón a su función de repetir, contrastar, ejemplificar o justificar. Lo que se debe destacar aquí es que aquella velocidad ganada a través de una percepción más global debe redundar en la capacidad de identificar lo importante en un párrafo, es decir, la frase principal y las relaciones de subordinación que establece con las otras. Esta es la única manera para que el lector mismo logre, luego, establecer el curso de pensamiento seguido por el autor en lo que dice y, además, signifique lo leído en términos de apostar motivos, finalidades y consecuencias de lo expuesto.

En la segunda parte se insiste en la importancia que tiene a nivel de comprensión la organización de estructuras globales que den sentido a los aspectos particulares, concretamente de los párrafos. Se acude para ello a una división de los textos en objetivos y subjetivos, y sobre cada uno se esbozan –a partir de su estructura formal- modalidades de acercamiento. Esta parte resulta bastante atractiva porque considera formas frecuentemente utilizadas en la escritura: pregunta-problema-discusión-conclusiones, tesis-demostración-conclusión, etcétera.

En los Aspectos Subjetivos se pretende ofrecer al lector un conjunto de herramientas para mejorar las actitudes personales frente a la lectura, las anticipaciones, la evaluación crítica y de detectar defectos en la exposición de los textos. Este último punto maneja nociones de lógica y argumentación realmente de ayuda para quienes trabajamos con textos en donde abunda la sustentación de ideas. Se tienen en cuenta, por ejemplo, las generalizaciones indebidas, las desviaciones, las argumentaciones ilógicas, las argumentaciones en círculos, las especulaciones, las malas analogías, entre otras.

Para finalizar la parte dedicada a la comprensión, se explican distintas modalidades de lectura en donde se deben poner en práctica todos los elementos perceptivos y de comprensión señalados anteriormente. Así, se habla de 1. lectura telegráfica (leer descartando palabras no significativas o innecesarias; 2. skimming (lecturas especializadas, superficiales y parcialmente detalladas); 3. lectura de reconocimiento (para ubicar palabras, ideas y estructuras) y; 4. lectura de información (o de proyección general). Del mismo modo, se señalan algunas técnicas para mejorar la asimilación y la memoria a través de conductas de aprendizaje particulares basadas en el fortalecimiento de la intensidad en la impresión de la idea nueva, la asociación y la repetición.

El libro cierra con una tercera parte que nos ofrece un panorama sobre la aplicación de las técnicas de comprensión y percepción en el caso concreto de lecturas de estudio, de obligación laboral, de entretenimiento (léase aquí: literatura) y de gráficos. Se incluyen, además, dos apéndices sobre vocabulario y medios mecánicos utilizados para el diagnóstico y entrenamiento de la lectura.

Pues bien, no sé qué idea puedan hacerse ustedes sobre el método expuesto. A modo personal creo que tiene muchas cosas para rescatar y que, seguramente, empezaré a utilizar en las próximas lecturas, porque es cuestión de modificar y adoptar nuevas formas de hacer lo que se hace, quizá de una forma más conciente y disciplinada. Sin embargo, también pienso que el texto insiste demasiado en cuestiones que resultan inoperantes como la división de textos en subjetivos y objetivos (sabemos que nada es de modo completo objetivo, ni siquiera el método como se pretende hacer creer); además hace consideraciones equivocadas como aquella por la cual la falta de signos de puntuación tiene como consecuencia necesaria una masa informe de palabras. Cuántos ejemplos hay en la literatura que han llevado esta situación al límite y se han convertido en clásicos antes que en masas. Y, por supuesto, está también la desvalorización continua de la vocalización porque muchos, a pesar de todo, preferimos seguir escuchando nuestras voces cuando leemos. En fin, seguimos llamados a responder algunas preguntas: ¿es una lectura minuciosa garantía de comprensión? O ¿qué pierde la lectura entendida como técnica? Eso y, claro, sugerir nuevas inquietudes.

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