AUTOR: Álvaro Mutis
TÍTULO: La Última Escala del Tramp Steamer
EDITORIAL: Espasa (Primera edición)
AÑO: 1999
PÁGINAS: 150
RANK: 5/10
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Por Alejandro Jiménez

Un hombre observa un viejo Tramp Steamer en cuatro lugares diferentes: Helsinki, San José, Kingston y Venezuela. La experiencia de la visión no es, por supuesto, de tipo cotidiana: es una visión que lo perturba, lo impacienta y lo llena de ansiedades. Varios años después, conoce en un pequeño carguero al capitán Jon Iturri, el veterano marinero que dirigía aquel Tramp Steamer. Azares, coincidencias e intimidades. Iturri tiene la otra mirada sobre el "Alción": la de su itinerario amoroso con la libanesa Warda, la de la angustia frente al presente, la de los bares y restaurantes de los muelles, la de la última escala del Tramp Steamer. En buena medida, como la resume su propio protagonista, esta historia es "simple y manida", yo le agregaría además romántica, olvidando su deseo. Narrada sin un particular estilo, escrita para socavar cualquier duda, esta pequeña novela tiene la virtud de destacar el carácter contingente de la vida, de los hombres que a pesar de su esfuerzo se reproducen como peces.

Incluyo a continuación apartes de un artículo publicado en el diario El Espectador, el 31 de diciembre de 1993, por Harold Alvarado Tenorio, y reproducido posteriormente en la Revista Texto y Contexto No. 23 de la Universidad de los Andes:

Álvaro Mutis y Los Supermercados
Aun cuando hizo estudios en Bruselas y Bogotá desde muy joven, Álvaro Mutis se vinculó a empresas de publicidad o de relaciones públicas, haciendo poco o ninguna vida literaria. Trabajó para Colombiana de Seguros, Bavaria, Aerolíneas Lansa, Esso Colombiana, Twenty Century Fox y Columbia Pictures. Su obra ha sido incansablemente publicada y divulgada, bajo la dirección de su hijo Santiago Mutis...

Tanto la llamada poesía como la prosa de Mutis son ejemplos flagrantes del arte de la sociedad de consumo. Para él la literatura fue entonación o estilo, no comunicación. Epígono de la voz radial de Jorge Zalamea en sus traducciones de Perse, Mutis hizo de sus monodias presagio de la vacuidad, o como él prefiere llamarla: desesperanza. Desde los Elementos del Desastre (1952)... 'lo mismo' es el asunto. Decadencia, soledad, ruina física y moral, trivialidad, abulia, pocilgas, camastros, mendrugos, trapos y errancia son las rutas que recorre sin descanso, y sin que importe al lector, Maqroll el Gaviero, sosías y único pretexto de Mutis.

Sobre la obra de Mutis, dijo García Márquez: Siempre pensé que la lentitud de su creación era causada por sus oficios tiránicos. Pensé, además, que estaba agravada por el desastre de su caligrafía, que parece hecha con plumas de ganso, y por el ganso mismo, y cuyos trazos de vampiro harían aullar de pavor a los mastines en la niebla de Transilvania... Que haya saltado sin paracaídas de sus aviones eternos a la tierra firma de una gloria abundante y merecida, es uno de los grandes milagros de nuestras letras: ocho libros en seis años.

Los 'libros' de Mutis son un testimonio de la horrísona posmodernidad no sólo porque narran la desgracia de un hombre que vivió un papel que no le correspondía, sino porque su prolongada experiencia como caballero de industria le enseñó que con renovadas estrategias de mercadeo y algunos premios, es posible convertir cualquier cosa, incluso la literatura, en un ítem más de los estantes de los supermercados. Como ha dicho Jorge Child: Tal vez Álvaro Mutis no ha llegado a ninguna profundidad literaria porque no ha sido capaz de abordar su verdadera historia, que mantiene escondida con ayuda de sus amigos...

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