AUTOR: José Tadeo Arreaza Calatrava
TÍTULO: Poesías
EDITORIAL: Ministerio de Educación de Venezuela (Primera Edición)
AÑO: 1964
PÁGINAS: 221
RANK: 6/10



Por Alejandro Jiménez

Poesías contiene parte de los libros Odas, la triste y otros Poemas y Cantos de la Carne y del Reino Interior, además del extenso poema Canto a la batalla de Carabobo. En su conjunto, esta antología es una gran muestra de la poesía modernista venezolana, notoriamente influenciada por los simbolistas franceses y el mismo Rubén Darío. Arreaza Calatrava alcanza, sin embargo, un lenguaje y una metáfora propia gracias a su posición frente a la realidad: es posible el conocimiento de la sustancia del ser, a través de la observación de un fragmento, de un solo instante significativo de la existencia. La posibilidad de una metafísica de la realidad se complejiza con una visión de la poesía como religión, un símbolo inmanente de unión con el infinito. De la misma forma, el autor también recorre las instancias del heroísmo, la independencia y la libertad de los pueblos latinoamericanos, desplegando delicadas y muy bien construidas imágenes poéticas, llenas de suavidad y erudición.

Arreaza Calatrava nació en Aragua de Barcelona hacia 1885. En ancha casa llanera llena de tradiciones, heroicas y populares, que habrán de alimentar siempre su mejor vena poética. Por los comienzos del siglo XX viaja a Caracas. Estudia Ciencias Políticas y Sociales en la vieja Universidad Central. Y a la vez hace vida literaria y bohemia, como muchos estudiantes de la época, en los pequeños cafés de los alrededores de la Plaza Bolívar y San Francisco, como en las redacciones de los periódicos, que solían tener animadas tertulias hasta altas horas de la noche.

Su nombre,por la calidad de sus versos, románticos todavía pero con marcadas tendencias al modernismo, adquiere fama inmediatamente en los círculos intelectuales y en la sociedad de la capital. La ilustre revista, de prestigio americano, El Cojo Ilustrado, acoge sus prosas y sus versos. Los publica con distinción en sus páginas, entre los más celebrados autores contemporáneos. Y esto, como tenía que ser, le da mayor importancia a su obra juvenil. Pero la inquietud que lo hizo salir de su querida ciudad natal, ahora lo impulsa hacia Europa en búsqueda de horizontes más amplios para su espíritu. Hacia fines de la primera década de la pasada centuria se traslada, al fin, al viejo continente, donde pasa cerca de cuatro años como Cónsul de Venezuela en España y Holanda. Y en este tiempo, como es natural, vista París, centro del Modernismo americano en donde frecuenta los más importantes escritores de la época.

Entre los años 1911 y 1913 publica en España Cantos de la Carne y del Reino Interior, su primer libro. Poemas de juventud y de impaciencia. Y en 1913, en la Sociedad de Ediciones Louis-Michaud, de París, Odas, la Triste y Otros Poemas, obra ésta que le grangeó fama entre escritores de lengua española de uno y de otro continente. Por los alrededores de 1915 regresa a Caracas bajo malos presagios que influyen mucho en su sensibilidad. Se define en su tendencia, ya esbozada en sus primeros cantos, hacia la poesía cívica. Y escribe, movido por sentimientos patrióticos, de indignación y de orgullo, poemas que no dejan de ejercer entonces poderoso influjo entre los más jóvenes.

Luego se retira a la vecina población de Los Teques. Pasa en ella una larga temporada de silencio y de meditación. Alejada voluntariamente de los centros políticos e intelectuales. No obstante ello escribe con fervor y publica con frecuencia. De esta época son algunas de sus mejores y más conocidad composiciones. Lo mismo que los largos poemas, El Canto a Carabobo, premiado por la Academia de la Historia y El Santo y el Héroe todavía inéditos (¿?), los cuales forman parte de una trilogía que tal vez no concluyó. El Canto a Venezuela y El Canto al Ingeniero de Minas de Arreaza Calatrava -dice Mario Picón Salas- cuentra entre las expresiones más puras y potentes de una moderna épica nacional. Pero el poeta combativo de los Cantos Civiles también lograba dar en el libro La Triste un testimonio de refinada voluptuosidad, un extraño arte de la angustia y el hastío amoroso.

El Fauno Místico

Para un jardín galante, un perfecto cincel
En pentélico bloque modeló un fauno. El Mal
No Clava en ese pecho de piedra su puñal,
Ni esos labios risueños empapó con su hiel.

El artista impecable a quien diste un laurel,
En tu irónico mármol reveló su ideal,
¡Oh fauno que entre el llanto de la tarde invernal,
Indiferente luces tu sonrisa cruel!...

Pero es carne tu mármol, ¡Oh dios menor! La mano
Que te arrancó a la piedra, te dio el dolor humano,
De tu ceguera emana melancólica luz.

Acechas el fantasma de un placer que no existe.
¡Un espíritu nuevo la carne te hace triste,
Y amas con la tremenda locura de la Cruz!...

Vía Crusis Sentimental

Triste figura es mi vida callada.
¿A dónde va como en jaula encantada,
Sin Rocinante, ni escudo, ni espada?...

¡Fiera ironía de brujo enemigo!
¡Ay!, por la senda que extático sigo,
Sierpes acechan el lauro al abrigo,

Dan los rosales efluvios infectos,
Y mis ensueños, memorias y afectos
Tórnanse morbos y viles insectos…

Purpúrea y bella vi más de una rosa.
Las vi caer en dolencia viciosa,
O en fealdad de egoísmo y prosa.

En mis eriales tembló una azuzena.
¡La rosa es dura! ¡Ella es blanca, ella es buena!
¡Y miré roja su pálida pena!...

¡Ay, cuán amargos mis pasos inciertos!
Por metafísicos, foscos desiertos
Marchan mejor los inmóviles muertos…

¡Ciega, vacía, febril existencia!
Ya no sé amar. Fausto ahíto de ciencia,
Siempre que amé me dolió la conciencia…

¡Ay!, la conciencia mis úlceras sonda.

Tal perforara guijarro de honda
Graso cadáver podrido en la fronda.

¡Oh vida!, fruta fatal, prohibida.
En ti el gusano al roer tu podrida
Pulpa, engendra renuevos de vida…

¡Fruta gloriosa de sangre y de oro,
Fruta de entraña mortal! Pues devoro
Tu muerte, ¡Salve al gusano sonoro!

Mi hambre sin fin es un canto a la Vida;
Y la manzana fatal y podrida,
Trémula entraña de amor encendida.

¡Oh el dulce Amor y su trágica huella!
¿Esta divina dulzura de estrella
En mi prisión?... ¡El recuerdo de Ella!


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