AUTOR: Cesare Pavese
TÍTULO: La Playa / Fiestas de Agosto
EDITORIAL: Bruguera S.A. (Primera edición)
AÑO: 1982
PÁGINAS: 285
TRADUCCIÓN: Esther Benítez
RANK: 8/10



Por Alejandro Jiménez

Profesor. He recibido su carta hace unos días y hoy he terminado de leerla. No sé si usted también vuelve a Turín porque ha sido tan feliz allí, en la playa, que ahora se le antoja inhabitable. Esa historia que usted me cuenta resulta bastante convincente y aunque en ninguna parte usted se permita escribir la palabra 'libertad' presiento, por los hechos, que aquello es lo que palpita en el fondo. Yo no me creo esas patrañas del 'voi' por el 'lei', ni nada de esas cosas. Quiero hacerme entender, profesor, estamos hablando de nostalgia. Es una temeraria coincidencia del destino que la estampilla de su carta tenga esos sujetos de apariencia triste y circunspecta, que tenga esa playa gris y en el ocaso, pero así son las cosas, quién discute. Decía que estamos frente a un caso de nostalgia.

No sé si al hablarle a usted sobre su infancia, Cleila terminaba ensimismada y triste, usted no lo describe, pero yo me atrevería a asegurarlo, porque siempre terminan así estas cosas, con los ojos incendiados, con el rubor en las mejillas. Si ella estaba preocupada por su padre es porque presentía la miseria ¿Ha escuchado usted decir alguna vez que sólo es verdaderamente miserable quien ha conocido la fortuna? Pues bien, debe ser algo parecido. No debería preocuparse por Doro, además, el arte es irresoluto y tan complejo que cada hombre tiene su respuesta, no haga guerra, si se quiere pintar se pinta, si se quiere morir se muere y punto. A Guido le interesan poco estas cuestiones, es cierto, pero no es por egoísmo, en el fondo es un cretino y, además ya es suficiente con tener que preocuparse por su propio drama: no es fácil descubrir que el tiempo es un dilema y que los días van pasando. En cuanto a Barti, déjelo hacer simplemente, es la hora de entenderse.

Sólo hay algo que, en verdad, me inquita, profesor, y es su actitud ante cada hecho, esa indolencia con la que usted maneja lo que siente, ese rictus del chalet y del escollo. ¿Recuerda que antes hablé de libertad? Pues me refería exactamente a esto, profesor, a que usted se atreva a juzgar estas y otras cosas pero se mantenga inconmovible ante lo suyo, a que no está aún libre para comunicarse. Es un problema de libertad, está claro, disculpe que sea tan sincero, habrá que sentarse a discutirlo.

••• ••• ••• •••

Querido Risveglio. Le sorprenderá notar que no le llame profesor, pero esto ya no importa; ahora podría llamarlo Gosto o Pietro y de cualquier forma usted sabría que me refiero al hombre, porque realmente hemos ganado mucho en esto y se trata de una certeza que conmueve. He recibido sus tres últimas cartas y hay tantas cosas que no han quedado claras, pero sé que su intención no era resolver algún misterio. Fíjese, sólo quisiera decir lo que pienso, tratando de dejar a un lado el estupor que me producen sus palabras, especialmente las últimas, las que escribió sobre la viña.

Permítame, si quiere, intentar explicar por qué razón creo que estas son más auténticas que las primeras. Ha realizado usted tan delicadamente su examen sobre la niñez y el campo que casi me ha resultado a mí mismo una experiencia de lo mítico y usted sabe a lo que me refiero, a que lo escrito se ha levantado como un absoluto y, ahora, cuando hecho la segunda mirada sobre esto, me parece recordar cada cosa dicha con la nostalgia que sólo es posible con los seres genuinos y las purezas iniciales. Mi mejor amigo, sabe, odia tener que volver sobre los recuerdos porque cada vez que lo hace troca esa imagen revelada por un par de palabras y ese negocio no es bueno para nadie. Quisiera aclararle, además, que cuando digo que me ha sido una experiencia de lo mítico, por supuesto me refiero a que las razones han quedado de un lado, a que mi instinto y mi inconsciencia han jerarquizado lo que será el recuerdo como mejor les place, de modo que usted debe perder cuidado, porque yo no confundo la nostalgia con la burda melancolía de las cosas.

No sé si esto que escribo tenga algo de importancia para alguien, no sé si la tiene incluso para usted, porque en esto estamos de acuerdo, en resumidas cuentas, estas cosas es imposible saberlas por el otro, lo cual significaría que la primera mirada yo ya la había dado antes y que sus cartas han sido simplemente el azar que me ha permitido recordarla. Sea como fuere, querido Risveglio, lo que usted ha escrito me ha parecido una impostergable ocasión para cuestionarme, para llenarme yo mismo de estas cosas, porque aunque en apariencia seamos tan distintos y nos sea siempre tan difícil conseguir comunicarnos, el símbolo y la nostalgia, las fiestas o el recuerdo también son parte constante de mis días y siempre es bueno apartarse un poco y mirarlas con ojos nuevos y ver qué resulta de ese despertar, de ese coloquio con nuestros silencios. Sé que tardará algún tiempo en responderme, espero que no sea mucho. Sólo quisiera pedirle que cuando esté allí caminando entre los campos o a la sombra de algún chalet y alguna huella le haga pensar en mí, no olvide que recordar no es moverse en el tiempo, sino salirse de él y saber qué somos.

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.